martes, septiembre 1

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se pronunció este lunes sobre la necesidad de que se construyan más centros de datos en su país en medio de la pugna geopolítica y tecnológica con China. No obstante, la discusión tiene un importante componente político a nivel interno debido a las cada vez más cercanas elecciones de medio término.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se pronunció este lunes sobre la necesidad de que se construyan más centros de datos en su país en medio de la pugna geopolítica y tecnológica con China. No obstante, la discusión tiene un importante componente político a nivel interno debido a las cada vez más cercanas elecciones de medio término.

Trump ha defendido la expansión de estos grandes espacios de procesamiento digital como un recurso generador de bonanza, a través de la recaudación procedente de dichos centros.

“La única razón por la que las comunidades alrededor de Estados Unidos no quisieran centros de datos es que quieran terminar siendo atrasadas y pobres. Si desean ser exitosas y ricas, con mucho menores impuestos y trabajos por doquier, dejen reinar a los centros de datos”, escribió el mandatario en su red social, Truth Social.

A pesar de la insistencia del líder del Partido Republicano por ampliar la red de centros de datos en EE.UU., ese impulso ha chocado con la oposición no solo de la parcela opositora, sino también desde su propia agrupación y un sector cada vez más importante de la base electoral de este último.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, DC, EE. UU., el 31 de agosto de 2026. (EFE/EPA/Annabelle Gordon)

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, DC, EE. UU., el 31 de agosto de 2026. (EFE/EPA/Annabelle Gordon)

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Estados con importante presencia o hegemonía republicana como Oklahoma, Dakota del Sur o Texas han trabajado en mayor o menor medida en proyectos de moratoria y postergación de la instalación de los grandes inmuebles logísticos de procesamiento informático.

A mediados de agosto el gobernador texano, el republicano Greg Abbott, anunció reformas con “estándares” para la introducción de centros de datos en su jurisdicción.

“Establecí límites claros para garantizar que los centros de datos protejan nuestra red eléctrica, conserven nuestra agua, respeten nuestros vecindarios y sean autosuficientes. No deben trasladar los costos a las familias de Texas ni interferir con su calidad de vida”, señaló Abbott.

El gobernador de Texas había señalado con anterioridad que buscaba que su estado se convirtiera en un “epicentro” del desarrollo de la inteligencia artificial, sector con una demanda creciente de centros de datos e incluso durante el año pasado promovió la generación de incentivos fiscales para el sector. Sin embargo, los parámetros que su gestión acaba de establecer para la operación de dichos inmuebles suponen un cambio diametral con respecto a su discurso previo.

Según el gobierno estatal texano, los centros de datos que busquen operar en su territorio deben pagar por la infraestructura eléctrica y de otros recursos “en lugar de trasladar los costos a familias y pequeñas empresas y reutilizar su propia agua”. Otros requerimientos incluyen reducir el costo de la electricidad para la población local, autofinanciarse y no perturbar los vecindarios.

Greg Abbott, gobernador republicano de Texas. (Foto: Brandon Bell/Getty Images/AFP)

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Tales lineamientos se sitúan en la vereda opuesta de la visión del gobierno central estadounidense, que desde el inicio de la gestión de Trump en el 2025 estableció un marco regulatorio favorable a la inversión en el sector con el llamado “Plan de Acción de Estados Unidos Sobre Inteligencia Artificial”. Como parte de este surgieron directrices como la Orden Ejecutiva 14318 de “Aceleración de la Autorización Federal para la Infraestructura de Centros de Datos”.

Esta última indicaba que su propósito era “aliviar la carga regulatoria federal” para el desarrollo de la IA, a través de un sistema de exclusiones de restricciones ambientales para proyectos de centros de datos, a los que también se brindarían incentivos como préstamos, subvenciones, acuerdos de compraventa y facilidades de acceso a terrenos.

Reacciones como la de Texas se han hecho cada vez más frecuentes, con varias localidades y gobiernos subnacionales mostrando su preocupación por el consumo de recursos energéticos e hídricos de estos focos logísticos, además de una posible afectación del empleo y las actividades tradicionales.

Un reporte de la Oficina de Electricidad del Departamento de Energía de EE.UU. en el 2024 daba cuenta de una expectativa de crecimiento del consumo eléctrico de entre el 15% y el 20% a lo largo de la última década en el país norteamericano.

Hacia el 2023 los centros de datos empleaban alrededor del 4% de la electricidad generada en Estados Unidos, pero la proyección del gobierno fue que la instalación de centros de datos para proveer a la industria de la inteligencia artificial podría elevar ese consumo hasta el 9% para el 2023.

Un centro de datos en Iowa. La expansión de la infraestructura para la inteligencia artificial está dejando una huella cada vez mayor en el medio ambiente y el cambio climático. (Foto: Google)

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El mismo informe mencionaba que se trataba de un desafío relevante porque se trata de infraestructura que requiere un suministro ininterrumpido y de gran escala, presentando como potencial solución incentivos para desarrollar energías sostenibles y también reactores nucleares para cubrir la nueva demanda energética.

Por su parte, un estudio del Centro de Investigación Avanzada de Houston y de la Universidad de Houston en el 2025 calculaba que los centros de datos masivos de Texas requerirían 49.000 millones de galones de agua durante ese año, cifra que se elevaría a los 399.000 millones de galones para el 2030. El Instituto Lincoln, que hacía eco de dicho trabajo, indicó que esto equivalía a reducir el nivel del embalse más grande de EE.UU., el lago Mead, en unos 4,86 metros por año.

El problema del uso del agua por parte de los centros de datos es que el líquido que estos emplean para labores de refrigeración y otros procesos no se reutiliza, pues gran parte de esta se evapora durante el proceso y esta no retorna al caudal de los ríos y otras fuentes. Con esa afectación potencial, muchas comunidades rurales también temen que la escasez de recursos hídricos termine impactando la producción agropecuaria de la que dependen.

El estado de Virginia cuenta con una de las mayores concentraciones de centros de datos en el mundo y desde inicios de este año sus residentes vieron cómo el promedio de sus recibos mensuales de electricidad aumentó en 11 dólares.

Aunque algunos sectores atribuyeron el incremento a la inversión en energías renovables, especialistas y entidades como la Fundación de la Bahía de Chesapeake apuntaron a la presencia de los centros de procesamiento informático. Desde esos puntos de vista, la inversión en nueva infraestructura para abastecer la demanda energética de los ‘data centers’ estaría siendo cubierta en parte con tarifas de electricidad más altas para el consumidor común.

Virginia es sede de importantes centros operativos estatales importantes como el Pentágono, pero también es considerada la «capital mundial de los centros de datos». (Foto: EFE/EPA/ Jim Lo Scalzo)

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Otros estados como Maryland, Ohio y Georgia también han visto incrementos, planes de aumento o pérdidas presupuestarias en relación con el costo de electricidad derivado de los centros de datos. En ese contexto el tema se ha vuelto parte del debate de la campaña electoral de medio término, en las que se votará la renovación de asientos del Congreso y a las autoridades subnacionales.

Vivek Ramaswamy, candidato republicano a gobernador de Ohio, ha propuesto frenar nuevos proyectos a menos que no cumplan requerimientos como que las empresas paguen todo el consumo eléctrico de la localidad o que estas instalaciones se comprometan a mantener la calidad del agua y del aire, a cambio de menos impuestos prediales.

“La industria de los centros de datos no ha logrado ganarse la confianza de millones de ciudadanos de Ohio”, afirma el candidato.

La prensa estadounidense reporta que parte de estas propuestas son similares a las de Amy Acton, rival demócrata de Ramaswamy, quien plantea que los inversores de ‘data centers’ cubran la totalidad de agua y electricidad que consuman y demuestren que sus operaciones no supondrán que los recibos de los ciudadanos se eleven.

Esta tendencia de fiscalización o moratoria sobre los centros de datos se ha visto también también entre los candidatos a las dos cámaras del Congreso, gracias a que hay importantes incentivos electorales.

Un sondeo de la consultora de opinión Gallup publicado en mayo reveló que siete de cada diez estadounidenses se oponen a la construcción de centros de datos en sus comunidades, con un 48% señalando oponerse decididamente. Paralelamente, un 20% de los encuestados se mostraba moderadamente favorable y solo un 7% declaraba estar “firmemente a favor” de las plantas de procesamiento informático.

Vista aérea del centro de datos de IA de Amazon Web Service (AWS) en New Carlisle, Indiana. (Foto: NOAH BERGER / AMAZON WEB SERVICES / AFP)

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Para Francisco Belaunde, analista y docente de geopolítica en la Universidad San Ignacio de Loyola, la persistencia de Donald Trump por llevar a cabo su agenda de cara a la inteligencia artificial y la creación de centros de datos obedece esencialmente a un impulso personal, más que a la pugna con China en el sector tecnológico.

“En la inteligencia artificial hay una competencia muy fuerte con China, en la que Estados Unidos sigue avanzando, pero por otro lado hay mucha gente preocupada de que en su vecindario se construyan estos centros de datos porque estos consumen demasiada energía y pueden generar problemas de tipo ambiental”.

“Son dos realidades que están ahí y si Trump fuera racional se daría cuenta de que eso puede afectar a los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre. Sus copartidarios están preocupados de que eso perjudique sus posibilidades. Alguien racional buscaría tener un discurso que tenga en cuenta esas inquietudes y muestre cierta empatía”, agrega el profesor universitario.

Las preocupaciones al interior del Partido Republicano que cita Belaunde se han dejado ver progresivamente en estudios como el que Polymarket publicó a inicios de esta semana, que otorga al Partido Demócrata una posibilidad de alrededor del 50% de alcanzar la mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes en los comicios de noviembre.

En el mejor escenario posible para los republicanos, según el mismo estudio, se proyecta una posibilidad que va del 34% al 39% de que el partido de Trump mantenga el control del Senado, pero con los demócratas quedándose con la cámara baja.

Desde la perspectiva de Belaunde, los centros de datos no son el único elemento que ha incidido en una potencial disminución de la intención de voto para los republicanos, citando como factor adicional la política arancelaria del gobierno de Trump, entre otros casos. Asimismo, para el profesor de la USIL la obstinación por tener esta infraestructura en suelo estadounidense parte de su actual razonamiento nacionalista y proteccionista.

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