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Mientras Estados Unidos e Irán intentan mantener abiertas las negociaciones para firmar un acuerdo que lleve al fin de la guerra, el principal obstáculo parece concentrarse en una pregunta: ¿qué ocurrirá con el uranio enriquecido que Teherán ya posee? El presidente Donald Trump sostuvo lunes que las reservas iraníes deberían ser entregadas a Estados Unidos para su destrucción o, preferentemente, eliminadas bajo supervisión internacional, mientras Teherán mantiene una posición distinta: insiste en que su programa nuclear tiene fines civiles y rechaza desprenderse de uno de los activos más sensibles de su capacidad estratégica.
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La exigencia de Trump va más allá de limitar el enriquecimiento futuro: apunta a eliminar el material que Irán ya posee, uno de los puntos más sensibles de las negociaciones.
En este punto, cabe precisar que el último borrador del memorando de entendimiento entre Washington y Teherán plantea una extensión del alto el fuego por 60 días, la reapertura del estrecho de Ormuz para el tránsito comercial, el levantamiento gradual de algunas restricciones económicas y negociaciones sobre sanciones y activos iraníes congelados.
Sin embargo, el tema nuclear no quedaría completamente resuelto en esa primera etapa: el esquema contempla que Irán reafirme que no desarrollará armas nucleares y acepte discutir posteriormente límites al enriquecimiento de uranio y el destino de sus reservas de uranio enriquecido. Es decir, el borrador busca cerrar primero la crisis militar inmediata y dejar para una segunda fase el aspecto más complejo y delicado del acuerdo, el futuro del programa nuclear iraní.

Las instalaciones nucleares de Irán. (AFP).
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Irán ha rechazado de manera reiterada la exigencia de renunciar totalmente al enriquecimiento de uranio. En abril, el jefe del organismo nuclear iraní afirmó que las demandas de EE.UU. e Israel para limitar el enriquecimiento “no ocurrirán”.
Irán ha planteado fórmulas intermedias: aceptar límites temporales o reducir niveles de enriquecimiento a cambio de alivio económico y supervisión internacional más amplia.
El dilema de Irán: ¿renunciar o acelerar la vía nuclear?

Esta foto del 10 de noviembre del 2019 muestra una bandera de Irán en la central nuclear de Bushehr, durante la ceremonia oficial de inicio de las obras de un segundo reactor. (Foto de ATTA KENARE / AFP).
/ ATTA KENARE
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El analista internacional Francisco Belaunde Matossian consideró que la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel podría haber fortalecido en algunos sectores del poder iraní la idea de mantener abierta la opción nuclear como mecanismo de seguridad futura, aunque advirtió que el debate todavía estaría lejos de estar cerrado dentro del liderazgo de Teherán.
“Es posible que una parte de los sectores más radicales esté viendo esa posibilidad. Renunciar a la idea de tener una bomba atómica, viendo lo que ha pasado, tal vez no sea lo mejor”, señaló.
Explicó que para determinados grupos dentro del poder iraní podría instalarse la percepción de que una capacidad nuclear funcionaría como una garantía frente a futuras agresiones.
“Parece lógico pensar en tener una bomba atómica como un seguro contra cualquier ataque”, insistió.
Sin embargo, indicó que dentro de Irán también existirían posiciones distintas respecto a esa estrategia. Algunos sectores considerarían que el país ya dispone de otras herramientas de presión geopolítica que podrían reducir la necesidad de cruzar el umbral nuclear.
“Hay quienes sostienen que el hecho de que Irán pueda jugar con el tema del estrecho de Ormuz haría menos necesario tener una bomba atómica, porque tendría una manera de presionar para evitar ser atacado”, explicó.
Belaunde señaló que esto habría abierto una discusión interna en el Gobierno Iraní sobre cuál debería ser el camino a seguir.
Para el especialista en seguridad e inteligencia Andrés Gómez de la Torre, la guerra podría modificar los cálculos estratégicos de Teherán, aunque consideró prematuro afirmar que Irán haya decidido avanzar definitivamente hacia una capacidad nuclear militar.
“Es muy difícil prever cuál podría ser en este momento la actitud de Irán”, sostuvo a El Comercio. Explicó que el escenario internacional actual atraviesa un período de creciente deterioro del sistema de control nuclear.
“El director del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, ha hablado de un deterioro del orden nuclear internacional. Muchos países están pensando que el armamento nuclear es un seguro. Ahí está el caso de Corea del Norte”, indicó.
Bajo esa lógica, advirtió que una eventual renuncia iraní a su proyecto nuclear implicaría perder un elemento clave de presión estratégica.
“Al renunciar Irán a su proyecto nuclear, obviamente estaría perdiendo su última carta de juego de disuasión”, afirmó.
La presión de Trump por el uranio enriquecido

Donald Trump exigen la entrega del uranio enriquecido de Irán para su destrucción. (Imagen generada con IA, Roboneo).
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Respecto a las exigencias de Trump, Gómez de la Torre explicó que Washington busca convertir el destino de las reservas de uranio enriquecido en una condición previa para cualquier entendimiento final con Teherán.
No obstante, subrayó que las alternativas esgrimidas por Trump presentan dificultades técnicas y políticas.
“Esto plantea una serie de complejidades, porque cualquier negociación bilateral debería forzar el ingreso de un tercer interviniente, que es el Organismo Internacional de Energía Atómica, como verificador de lo que pasará con las reservas de uranio”, explicó.
Añadió que las dificultades no solo son diplomáticas sino también operativas.
“Es muy complicado el traslado eventual de uranio o la manipulación propuesta por Estados Unidos. Tiene una serie de problemas técnicos, ya sea trasladarlo o destruirlo sobre el terreno”, sostuvo.
Para Gómez de la Torre, la firmeza de Washington responde a una posición que Trump ha repetido constantemente: impedir que Irán alcance capacidad nuclear militar.
“Todo apunta a que Irán tiene reservas de uranio enriquecido almacenado, y esto está relacionado con lo enfático que ha sido Trump respecto a que Irán nunca deberá tener un arma nuclear”, dijo.
Mientras tanto, afirmó que Teherán continúa condicionando cualquier discusión de fondo sobre su programa atómico a una desescalada militar.
“Irán sigue condicionando discutir el tema nuclear en función de obtener primero un alto el fuego, por lo menos momentáneo”, afirmó.
El analista sostuvo además que las negociaciones entre Washington y Teherán se desarrollan en un contexto más amplio de debilitamiento de los mecanismos internacionales de control nuclear.
Citó las advertencias recientes de Rafael Grossi sobre el impacto del vencimiento del tratado New START entre Estados Unidos y Rusia.
“Estamos en un contexto en que el arma nuclear se ha vuelto nuevamente, como en los años de la Guerra Fría, un instrumento clave de defensa, de política exterior y de disuasión”, sostuvo.
Asimismo, recordó que las estimaciones internacionales indican que cerca de una veintena de países podrían desarrollar capacidades nucleares en el futuro.
“Se está desnaturalizando el Tratado de No Proliferación y estamos entrando en una etapa de diplomacia nuclear mucho más compleja”, concluyó.
Por su parte, Belaunde sostuvo que el programa nuclear iraní es uno de los temas más sensibles de las negociaciones para el fin de la guerra.
Indicó que la propuesta impulsada por Trump sobre un acuerdo preliminar de 60 días y dejar para una etapa posterior las discusiones de fondo sobre el programa nuclear iraní enfrenta resistencias tanto dentro de Estados Unidos como de Israel.
Belaunde afirmó que de todas maneras Trump necesita mostrar resultados políticos.
“Trump tampoco puede aparecer como que está cediendo nuevamente a las presiones israelíes”, señaló.
Agregó que algunas de las fórmulas evaluadas incluían beneficios económicos para Irán, como alivio de sanciones o devolución de fondos retenidos, algo que generó rechazo entre sectores conservadores estadounidenses.
“Algunos sectores más radicales del Partido Republicano consideraban que se le estaban dando demasiadas ventajas a Irán sin ninguna seguridad de que finalmente entregue ese stock y renuncie totalmente a la bomba atómica”, explicó.
Aunque el uranio enriquecido aparece como el principal foco de discusión, Belaunde advirtió que no sería el único punto pendiente.
Según señaló, temas sensibles para Israel, como la capacidad misilística iraní, han quedado relegados en el borrador de la última negociación.
“Parece que Trump está tan desesperado por llegar a un acuerdo porque se da cuenta de que esta guerra lo está afectando, que estaría dispuesto a dejar de lado el tema de los misiles balísticos iraníes”, afirmó.
Para el analista, ese escenario podría convertirse en una nueva fuente de fricción con Israel.














