Donald Trump ejecutó uno de los movimientos más polémicos contra la comunidad científica de su país al destituir de un solo golpe a los 22 miembros del Consejo Nacional de Ciencias (NSB, por sus siglas en inglés), sin ofrecer explicaciones públicas.
El cese se llevó a cabo mediante un correo electrónico en el que se les comunicaba que, “en nombre del presidente”, sus cargos quedaban “rescindidos con efecto inmediato”.
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De acuerdo con el diario El País, el Consejo estaba a punto de publicar un informe crítico sobre los Indicadores de Ciencia e Ingeniería de 2026. El documento analiza el gasto en investigación y desarrollo del país y lo compara con otras naciones. Según explicaron al citado medio exmiembros del consejo, el reporte advertía sobre la creciente brecha en este campo entre EE.UU., cuya inversión cae, y China, que no deja de avanzar.
Una de las mayores obsesiones del líder republicano es demostrar la superioridad estadounidense frente a China, lo que explica medidas como el impulso millonario para intentar superar al gigante asiático en inteligencia artificial, computación cuántica o los planes para regresar a la Luna.
Sin embargo, más allá de esos sectores estratégicos, gran parte de la investigación científica de la nación está siendo golpeada por el gobierno, que ha intentado aplicar algunos de los recortes más severos en ciencia desde la Segunda Guerra Mundial.
Justamente, una de las entidades más afectadas por Trump es la Fundación Nacional de Ciencia (NSF), de la cual el Consejo despedido actúa como órgano asesor. Los miembros del Consejo Nacional de Ciencia, que fue cesado el viernes, son nombrados por el presidente y cumplen mandatos de seis años escalonados, lo que evita una renovación total del organismo.
Su trayectoria es extensa: ambos órganos fueron creados por el Congreso en 1950 —y, de hecho, solo este puede disolverlos oficialmente— y han sido considerados una garantía de independencia, al margen de quién gobierne. Se establecieron para impulsar la ciencia “en tiempos de paz” tras la Segunda Guerra Mundial, y han contribuido al desarrollo de avances clave. A lo largo de su historia, la NSF ha respaldado investigaciones que han derivado en más de 270 premios Nobel, además de innovaciones fundamentales como la resonancia magnética, la inteligencia artificial o la edición genética, entre otros.
Un estudio calcula que cerca de una quinta parte de la riqueza de Estados Unidos se debe a la inversión pública en investigación, un ámbito en el que el país ha sido tradicionalmente líder mundial. No obstante, otros análisis señalan que China podría superarlo en apenas dos años, aún dentro del actual mandato de Trump.
Desde que Trump llegó al poder, el organismo ha perdido alrededor del 30% de su plantilla. Por segundo año consecutivo, el Gobierno busca reducir su presupuesto, de unos 9.000 millones de dólares, a la mitad.
El Consejo Nacional de Ciencia es el organismo colegiado encargado de gobernar la NSF y preparar sus presupuestos. Algunos de los miembros destituidos se preguntan ahora si fueron removidos precisamente para arrebatarles esa competencia.
“Creo que esto es una señal más de los cambios profundos que la administración tiene en mente para la NSF”, afirmó Yolanda Gil, una de las consejeras destituidas, al medio español.
La Casa Blanca ha nominado a Jim O’Neill como director de la NSF, quien, a diferencia de sus antecesores con trayectoria en investigación, cuenta principalmente con experiencia en finanzas e inversiones.




