Un día después de que entrara en vigor una inestable tregua entre Irán y Estados Unidos, poniendo temporalmente fin a bombardeos diarios y amenazas de aniquilación que comenzaron hace cinco semanas, Irán amaneció con una tensa calma. Pero la paz no ha regresado al Medio Oriente: miles de kilómetros al oeste, el ejército israelí escaló sus operaciones en el Líbano, dejando unos 200 muertos y más de mil heridos en el país mediterráneo, según información de su propio gobierno.
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Algo que los países involucrados en la resolución del conflicto tienen muy en cuenta, con Pakistán, principal mediador en las negociaciones de paz, intentando incluir un alto al fuego también en Líbano, algo que Israel se ha negado a contemplar, intensificando sus ataques.
Si bien en un principio Estados Unidos dijo que el de Líbano es una “escaramuza aparte”, todo indica que su presidente Donald Trump también estaría discutiendo con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, la posibilidad de incluir a dicho país en el acuerdo del alto al fuego, según lo deslizado por la Casa Blanca.
Para el analista internacional Jorge Antonio Chávez Mazuelos, la exclusión no es casual sino estructural: “El Líbano es un teatro distinto al de Irán”, indica en conversación con El Comercio. “El objetivo en Irán es frenar su programa nuclear y debilitar su influencia regional. En el Líbano, el foco es Hezbolá, que es el principal aliado de Irán y un actor clave dentro del llamado Eje de la Resistencia iraní”.
El experto añade que a diferencia del frente iraní, donde participan directamente Estados Unidos e Israel en conjunto, la operación en el Líbano es “netamente israelí”, lo que explica el motivo por el que Israel decidiera no incluir esta operación en el acuerdo negociado con mediación internacional.
La clave está en el rol de Hezbolá, principal aliado de Irán en la región. Este grupo no solo es un actor armado, sino también un protagonista político y social dentro del Líbano, lo que hace prácticamente imposible su eliminación total.
Israel, que comparte frontera con el estado libanés, ha centrado su estrategia en debilitar a Hezbolá y reducir su capacidad operativa. “Lo que busca es ganar profundidad estratégica”, explica Chávez Mazuelos, lo que se traduce en operaciones militares en el sur del Líbano y en intentos por crear una zona de amortiguamiento entre ambos países.
“Si bien no es factible eliminar completamente a Hezbolá, sí pueden buscar debilitarlo, deslegitimarlo y crear esta zona de amortiguamiento en el sur del Líbano”, agrega.
Desde la perspectiva israelí, la amenaza es inmediata. Las poblaciones del norte del estado hebreo están dentro del alcance de los cohetes de Hezbolá, lo que refuerza la lógica de reforzar la ofensiva.

Un hombre instala una bandera de Hezbolá en un edificio dañado por ataques israelíes en Líbano.
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La gran incógnita es si esta exclusión puede hacer fracasar la tregua. Aunque Chávez Mazuelos se muestra escéptico sobre la duración del acuerdo, considera que Irán no tiene incentivos inmediatos para escalar el conflicto en defensa de Hezbolá a si esto pone en riesgo sus objetivos prioritarios.
“Irán no tiene incentivos para intensificar los ataques por la seguridad de Hezbolá, a pesar de que ha sido su principal ‘proxy’ armado, y es que Teherán tiene otros imperativos y prioridades en este contexto como un fin de los ataques contra su infraestructura, condiciones que sean favorables a su seguridad, un resarcimiento de los daños, el fin de las sanciones y la sobrevivencia del régimen”, señala. “La cuestión del Líbano, aunque antes importante, no tiene el mismo nivel en este contexto”.
Asimismo, el analista nota que las posibilidades del estado persa de apoyar a Hezbolá se han debilitado notablemente tras la caída del gobierno de Bashar al-Asad, lo cual ha cortado rutas logísticas esenciales a través de Siria, dificultando así el apoyo iraní a la milicia sediciosa chiita.
En paralelo, la política interna israelí añade otra capa de complejidad, con el primer ministro Benjamin Netanyahu enfrentando presiones electorales y judiciales en octubre de este año, lo que podría incentivarlo a mantener o incluso intensificar las operaciones militares. Es así que ante la falta de resultados definitivos en Irán, el frente libanés podría convertirse en un escenario donde proyectar una victoria política, aunque sea parcial.
“Si no se consigue el principal objetivo político en Irán, ¿en qué medida se puede hablar de una victoria?”, apunta Chávez Mazuelos. “Entonces podría estar tratando de amortiguar y aprovechar el momento para también intervenir en el Líbano, con la idea de presentar como una victoria el debilitamiento del régimen en Irán y el debilitamiento del régimen en el Líbano”.














