La reciente interrupción del suministro de gas natural, originada por una contingencia en el sistema de transporte en Cusco, evidenció la fragilidad del sistema energético peruano, con impactos en la economía, la generación eléctrica, la industria y el transporte.
La reciente interrupción del suministro de gas natural, originada por una contingencia en el sistema de transporte en Cusco, evidenció la fragilidad del sistema energético peruano, con impactos en la economía, la generación eléctrica, la industria y el transporte.
Esta experiencia evidencia la necesidad de fortalecer, con enfoque técnico, la seguridad y la confiabilidad del sistema energético, hoy sustentado en el gas natural, pilar clave de la matriz energética y de nuestra economía.
Hoy, este recurso abastece a más de 2,4 millones de hogares, fortalece la competitividad industrial, ofrece una opción más limpia para el transporte y asegura una generación eléctrica continua y a precios competitivos. En ese contexto, resulta clave reposicionar al sector hidrocarburos dentro de las prioridades del país, tras años de estigmatización que han limitado su desarrollo.
Durante la reciente crisis, volvió a plantearse la implementación de una planta regasificadora en la costa para importar gas natural licuado (GNL) como respaldo ante interrupciones del suministro interno. Si bien esta infraestructura permitiría responder ante contingencias, requiere un esquema de remuneración que cubra su inversión, operación y el costo del gas a precios internacionales —más altos que los de Camisea—. Este proyecto no es nuevo, basta con revisar la cartera de proyectos priorizados por Proinversión en 2014, que fueron relegados por el Ejecutivo en 2016.
También es importante la construcción de una mayor infraestructura de gasoductos que pueden darnos mayor flexibilidad para afrontar situaciones como la de este año. Un tema que años atrás fue prioridad en el gobierno, pero que hoy ha quedado relegado.
Adicionalmente, y quizá lo más importante, es reponer las reservas de gas natural y petróleo, repensando nuestro esquema de regalías para que sea competitivo y atraiga inversiones en exploración, necesarias para fortalecer la independencia energética frente a la volatilidad internacional.
La experiencia reciente deja como lección que es necesario reactivar el diálogo técnico entre expertos, empresas y autoridades para fortalecer la independencia energética y asegurar un Perú competitivo y resiliente, con energía confiable.




