La situación tiene tantas aristas que no se sabe por dónde empezar. Tenemos las imágenes y los videos, las palabras y los gestos simbólicos -y los gestos para la platea- las intenciones claras y las intenciones ocultas, los deseos y las necesidades y al final todo lo que el publico se puede o no tragar. Cada uno ve lo que quiere ver y descarta lo que no concuerda con su relato. No hay duda que alguien como Nicolás Maduro es el responsable de mucho sufrimiento y de una debacle económica sin precedentes. Nadie puede no alegrarse que terminara su época. Circulan los videos de una operación de extracción impecable. Pero ¿quién entregó a Maduro? Porque 50 millones no son moco de pavo.
Todo apunta a que fuera Delcy porque como dijo Sherlock Holmes: “Mira a quién beneficia el crimen”. Delcy no solo escapa de la justicia con la que tiene harto pendiente, sino que se encuentra colocada a la cabeza del nuevo régimen, nuevo pero del mismo corte chavista, con sus jerarcas Diosdado, Padrino –estos nombres no se inventan- intactos.
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El nuevo socio de Delcy es Trump. No lo digo yo, lo dice él. La califica como mujer extraordinaria y dice que sus pocas conversaciones son muy fructíferas pero que “little Marco” habla con ella “todo el tiempo”. ¿Y de qué hablan? De petróleo, pues, que es de lo único que habló Trump cuando celebraba la captura de Maduro. En realidad ni siquiera habló de Maduro sino del “oil que vamos a extraer”, del “oil que va a fluir ahora hacia Estados Unidos”, del “oil que les pertenece históricamente a los americanos”. De los venezolanos ni mu. Ni una palabra de Edmundo González, de los perseguidos y de los que salieron con la diáspora venezolana, 7 millones que no se fuman en pipa. No, solo “oil”.
En esa ocasión invitó a las grandes compañías extractoras americanas a invertir en Venezuela. Lo malo es que las compañías que poco se impresionan con retóricas dijeron: “Thank you Mr. Trump. Pero no thank you hasta no ver de qué lado se inclina el soufflé”, y están mirando en patriótica (sic) expectativa los toros desde la barrera.
María Corina es capítulo aparte. Después que Trump la descalificara públicamente (“es una mujer que no tiene el respeto de los venezolanos”), María Corina corrió vestida de blanco tipo palomita de la paz a ofrecerle el Premio Nobel a Trump, para ver si se compraba un numerito, porque sabía que andaba con una pataleta mayúscula porque no se lo dieron, sin pensar que el premio no era de ella para dar, cosa que sabíamos todos. El comité noruego del Nobel, conformado por serísimos personajes que no entienden de conductas tropicales, están muy molestos con esta tómbola que lo que hizo fue devaluar el Premio para la historia. Deben estar pensando… ”en mala hora”.
Pero bueno: otro día, otra semana y como Bibi ya le dijo: “No te metas en Irán”. Trump ha puesto la mirada en Groenlandia, en cómo invadir un aliado de la OTAN y cargarse el orden mundial de la post guerra: 80 años por el wáter.




