La semana pasada, comentaba, en este mismo espacio, dos aspectos positivos del Ejecutivo en sus primeros días: iniciar con una aprobación popular auspiciosa y realizar recambios alentadores en sectores claves. Como resultado, la oposición afrontó dificultades para ocupar algún espacio.
Pero esto puede ser efímero. Tanto la envalentonada oposición, que domina formal y numéricamente la Cámara de Diputados, como la realidad política, que acumula la resaca de todo lo vivido, imponen al gobierno de Keiko Fujimori desafíos importantes. Frente a estos, los últimos días han proyectado un Ejecutivo algo errático, lo que podría ser el anuncio de un rápido desgaste.
En cuanto a lo primero, parte de la oposición avanza en su intento de interpelación al ministro de Defensa, Rafael Belaunde, sin que el pliego de preguntas abunde en aspectos referidos a la misma gestión. Los principales voceros gubernamentales han reaccionado con prudencia, pues es un gesto que bien puede ser leído como un tempranero alarde de fuerza.
No obstante, la obtención de la presidencia de comisiones claves en la Cámara de Diputados por la oposición ha despertado justificadas alarmas. Entre ellas, el mensaje simbólico de Juntos por el Perú de colocar frente a la estratégica Energía y Minas a la inexperta Yenifer Paredes, cuñada de Pedro Castillo. Como se recuerda, el principal valor de ostentar la presidencia es el control de la agenda, algo nada desdeñable para el partido que protagonizó la segunda vuelta y para el entorno del exmandatario.
La realidad política, en tanto, ha expuesto, en los últimos días, aparentes contradicciones en el interior del equipo de gobierno para enfrentar las principales urgencias del país. Los primeros estragos ocasionados por El Niño o el destino de los trenes importados por el exalcalde capitalino Rafael López Aliaga son algunas.
El Niño, en cualquier caso, pondrá a prueba a la administración Fujimori y, seguramente, desnudará los pendientes acumulados en los últimos meses. De salir airoso, el régimen podría experimentar una suerte de temprano relanzamiento. En caso contrario, los reclamos se incrementarán sostenidamente.
Por último, la poca claridad sobre el destino del pedido de facultades legislativas, a tres semanas de haberse anunciado, instala en la opinión pública una sensación de desconcierto que bien podría tardar en despejarse. Lo que parecía ser una eficaz herramienta para capturar la iniciativa política parece haberse convertido en una carga extra a las presiones naturales del ejercicio de gobierno.
Ad portas de cumplir su primer mes, el Ejecutivo podría enfrentar el riesgo de un rápido desgaste debido a estos cabos sueltos. El entusiasmo que despertó en sus primeros días parece convertirse en creciente impaciencia. Tanto los comicios subnacionales como la gestión de El Niño podrían generar algo de indulgencia. Pero, como bien dice la conocida salsa, “todo tiene su final / nada dura para siempre”.

