Sábado, Abril 5

Antes de tomar el desayuno, coger su mochila y correr apresurada al colegio parroquial, Melissa Klug (3 de febrero de 1984) se colocaba una faja para ocultar un creciente abdomen que, a sus 14 años, ya anunciaba el precoz inicio de una vida llena de retos constantes, así como el fin de su etapa escolar en tercero de secundaria.

“Tenía miedo, me quedé callada, no se lo conté ni a mi madre, no tenía amigas ni a nadie”, mencionó Klug en una entrevista con Trome. Después de cinco meses, se lo confesó a su madre, quien reaccionó dándole una cachetada. Su abuela, en cambio, la abrazó con la sabiduría de quien sabe que la vida continua.

Poco después, celebró su quinceañero con un vestido y una barriga prominente que ya era imposible de disimular. Al poco tiempo nació su primera hija, Gianella, fruto de su relación con Raúl Marquina, su pareja de entonces, 12 años mayor. Aún adolescente, Klug se convirtió en madre soltera y se aferró a la idea de que su vida no podía resumirse en un solo episodio, terminando sus estudios en un centro no escolarizado.

Los años siguientes fueron de cambios y renuncias: dejó a su pareja, se inscribió en clases de inglés, soñó con ser azafata, pero nunca abordó un avión como tripulante. En su vida personal, seguía siendo la misma joven que, junto a su hermano, tiraba la comida —así como el Sanmartín de su madre— al techo para evitar rendir cuentas a su abuela, un acto tan criollo como las calles de su natal Chucuito, en la península de La Punta, Callao.

Foto de una adolescente Melissa Klug junto a Raul Marquina, 12 años mayor que ella, y su hija Gianella. (Foto: Difusión)

En el juego de la vida

Por aquel entonces, ya se ganaba su primer apelativo: La blanca de Chucuito, mientras su pasión por el Sport Boys iba en aumento. Fue en ese contexto que conoció al futbolista Abel Lobatón, vecino suyo, con quien coincidió rumbo a una fiesta. Tras varias conversaciones —y aún siendo menor de edad— Melissa tuvo dos hijas con él, Samahara y Melissa, asumiendo el rol de ama de casa durante su relación.

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El final llegó tras un ampay cuatro meses después de su matrimonio en 2004, cuando, por primera vez, se encontró bajo el escrutinio público al difundirse imágenes de ella en una moderna camioneta junto a Jefferson Farfán, quien por entonces destacaba en el club Alianza Lima.

Con Abel pensé que tendría algo más estable, que tendríamos un futuro. Siempre quise formar una familia. Lamentablemente, elegí mal a las personas y nunca se dio”, mencionó Klug, quien poco después oficializó su relación con la Foquita, ya separada de Marquina desde hacía un tiempo.

Para entonces, con 19 años —la misma edad que Farfán—, iniciaron una relación que, al año siguiente, los llevó a mudarse a Holanda tras el fichaje del futbolista por el PSV Eindhoven. Su primer hijo varón, Adriano Farfán, nació en ese país. Cuatro años después se trasladaron a Alemania, cuando La Foquita firmó por el Schalke 04.

Pero en 2007, la grieta se hizo visible. Melissa habló de una fiesta “secreta” en la que Farfán fue protagonista. En 2010, la crisis se agudizó y la separación se hizo oficial en una entrevista con Jaime Bayly. Sin embargo, el hilo que los unía aún tenía un nudo: en 2012 nació su segundo hijo, Jeremy.

Lo que parecía un nuevo comienzo acabó en 2015 cuando la historia terminó de golpe con un comunicado que Klug leyó al mismo tiempo que el resto del país. “Nunca me dio la cara. Él ni siquiera terminó conmigo, me mandó la misma carta que le mandó a todo el público”, diría a la prensa.

Victorias y derrotas

Desde su separación, ambos han protagonizado enfrentamientos en los tribunales por la manutención de sus hijos, con algunas concesiones temporales y episodios mediáticos que Klug supo capitalizar convirtiéndose en un personaje recurrente para las cámaras de los paparazzis.

“Gracias a él puedo decir que me hice pública y luego trabajé con varias marcas. Tenía los suficientes seguidores para que las empresas me buscaran y pudiera hacer campañas y trabajar”, contó Klug en su participación en “El Valor de la Verdad”.

Pensando en su futuro lejos de una vida sin itinerario ni país fijo, en 2016 vivió un breve pero intenso romance con Diego Chávarri. Ese mismo año participó en “El Gran Show”, conoció al bailarín ítalo Valcárcel, quien fue su pareja en la competencia. La relación avanzó al punto de anunciar matrimonio, pero terminó en abril de 2020.

Paralelamente, en 2018, Klug inauguró Gucoss, un spa de uñas en San Borja. El éxito del negocio la llevó a abrir un segundo local, esta vez exclusivo para hombres: MqM Barber Shop. Con el tiempo, amplió su presencia empresarial con Gaia Perú, una tienda online de ropa, accesorios y calzado, y MK Producciones, dedicada a eventos, contenidos creativos, lanzamiento de marcas y representación de artistas.

“Hoy en día trabajo con Eucerin, tengo mi propia importadora. Las entrevistas y las apariciones en televisión también cuentan, son remuneradas”, reveló Klug en “El Valor de la Verdad”, donde compartió detalles de su vida y de Christian Cueva.

Una nueva familia

Una nueva etapa en su vida se abrió al descubrirse un floreciente romance con el jugador del Santos FC de Nazca, Jesús Barcos, a quien conoció en una fiesta organizada por un compañero de la selección peruana, Carlos Zambrano.

Melissa Klug fue duramente criticada debido a que es mayor que su pareja por 13 años. Pese a los cuestionamientos, el deportista le pidió la mano a la chalaca en setiembre de 2021, decidiendo casarse y emprendiendo un camino que invirtió los roles de aquella joven de 15 años.

Ahora, ostentando el título de empresaria y personaje de la farándula, pudiendo ganar hasta 7 mil soles por aparecer en un canal de televisión, manteniéndose entre la polémica y los titulares.

A sus 40 años, es madre de Cayetana, su última hija, anunciado que no tendrá más hijos. Continúa su vida en esta etapa donde ya no cuenta con su abuela ni con algunas figuras que marcaron su historia. Hoy, aquella faja con la que alguna vez intentó ocultarse ya no está. Tras años de caídas y resurgimientos, de amores y desencuentros, de flashes y titulares, Melissa Klug ya no esconde nada. Se muestra de frente, sin miedos, dueña de su propia historia.

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