Entre las muchas consecuencias que acumulamos debido a la turbulencia política de los últimos años, está el hecho de que enfrentamos un momento pre-electoral particular que hace tiempo no veíamos. ¿Cuándo fue la última vez que vimos renunciar a autoridades como ministros y alcaldes para postular al parlamento? La salida del gabinete del señor Santibáñez es la primera renuncia de otras –quizá varias– que veremos en las próximas semanas; el ‘deadline’ es el 13 de octubre.
Algo positivo de este conteo regresivo es que el mapa electoral comienza a tomar forma. Sin embargo, no se puede omitir el hecho de que, si efectivamente varios ministros dejan sus carteras, los últimos ocho meses de este gobierno no deberían significar una parálisis de procesos y negociaciones. Aunque quizá no haya mucho más por hacer en términos de nuevos proyectos, lo que está ya en marcha debe continuar su camino más allá de quién sea el titular de una cartera específica. Hablo, por ejemplo, de algunas adendas que se encuentran pendientes y del TUUA del aeropuerto –que tiene sentados en la mesa al MEF y al MTC–.
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En un mundo ideal, este debería ser el último recambio de los miembros del Ejecutivo. Quienes se queden serán los encargados de realizar la transición con el gobierno entrante, y en el campo económico, de mantener la máquina andando. Resalto esto último porque nuestro escenario macroeconómico vuelve a resaltar entre los demás países de la región. Nuestro mix de baja inflación, términos de intercambio en niveles récord y deuda baja –aunque cada vez más este último elemento nos preocupa localmente– nos va a permitir navegar los siguientes meses con cierta holgura; no abusemos de nuestra suerte.
El momento en el que los aspirantes a un cargo público elegido por voto popular se ponen en ‘modo campaña’ es cuando más debemos tener los ojos abiertos. La elaboración del presupuesto público no es solo un ejercicio técnico, sino también político, por lo que las cifras asignadas a cada función del gobierno nacional, gobiernos regionales y gobiernos locales dan un mensaje. No esperemos un cambio radical en los últimos meses de gobierno, pero tampoco permitamos que se destruya lo bueno que tenemos, que no es abundante.




