Apenas 47 días después del doblete sísmico que devastó parte de la costa de Venezuela, la tierra volvió a sacudirse en la vecina Colombia, a unos 1.100 kilómetros de distancia. Terremotos continuos con consecuencias catastróficas que nos vuelven a revelar la necesidad de ser conscientes que vivimos en un territorio altamente sísmico.
Sin embargo, lo ocurrido en el norte de Sudamérica no significa que los sismos se sucedan como en un efecto dominó, y que pronto vendrá el turno de Ecuador o del Perú. El choque de las placas de Nasca y Sudamericana es constante, pero eso no implica que pueda determinarse dónde será el siguiente terremoto.
Pero la trágica experiencia venezolana y colombiana y cómo ambos países afrontaron la emergencia dejan lecciones para la prevención y el análisis de lo que se debe mejorar en el Perú y el resto de los países del continente, sobre todo aquellos que están dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, que concentra cerca del 90% de los terremotos en el mundo y el 75% de los volcanes activos.
“No podemos evitar que ocurra un sismo, porque es parte de la evolución del planeta. Lo que tenemos que hacer es aprender a convivir con cada uno de estos procesos de la mejor manera. En Venezuela y Colombia hemos visto cómo han colapsado las casas y la cantidad de muertos. Entonces, la lección está clara. Tenemos que aprender a construir bien para que no seamos afectos por los sismos”, expresa a El Comercio el doctor Hernando Tavera, presidente ejecutivo del Instituto Geofísico del Perú.

Estefany Landaez se sienta entre los escombros de un edificio, a la espera de encontrar a sus dos hijos tras los terremotos ocurridos en La Guaira, Venezuela. (Foto: AP)
/ Ariana Cubillos
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Las comparaciones son odiosas, pero suelen ser necesarias para poder sacar conclusiones de lo que funcionó y lo que no debe replicarse para afrontar mejor las consecuencias de un sismo de mucha intensidad.
La respuesta del Estado
El doble terremoto ocurrido en Venezuela sorprendió a un gobierno que ya no tenía a Nicolás Maduro al mando, pero sí al resto de la cúpula chavista que trabaja bajo la tutela de Estados Unidos, y que mostró la verdadera hechura de un Estado corrupto y quebrado. La presidenta interina Delcy Rodríguez y el resto del Ejecutivo fueron sumamente criticados por una respuesta lenta y desordenada que sumó en el caos a una población que estuvo a la deriva durante las primeras 72 horas, el tiempo más crítico para poder rescatar sobrevivientes entre los escombros.
EN CIFRAS
- 12.828 viviendas quedaron destruidas en Colombia tras el terremoto, según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Unas 45 mil familias resultaron afectadas.
- 41.624 hogares quedaron perjudicados tras el doble sismo en Venezuela. Según el gobierno de Delcy Rodríguez, se han reparado más de 12 mil viviendas.
En Colombia se estrenaba al mando Abelardo de la Espriella, que apenas se había puesto la banda presidencial tres días antes del terremoto que afectó el departamento del Chocó. Como suele pasar en las transiciones, los empalmes en varios de los puestos directivos no se habían completado, por lo que el sismo encontró a un funcionario de la administración de Gustavo Petro al frente de la crucial Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastre (UNGRD), que es la encargada de afrontar las emergencias. Pese a ello, la respuesta fue asertiva y el flamante mandatario viajó de inmediato a la zona afectada.
Abelardo de la Espriella en Pereira, recorriendo las zonas afectadas. Foto: Abelardo de la Espriella/ X
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“Un sismo de magnitud 7,4 pone a prueba a cualquier Estado, y en este caso coincidió con una administración con pocos días de posesión”, dice a este Diario Edwin Roberto González, director del Entorno Saludable y Sostenible de la Universidad de La Sabana, en Bogotá. “Hay que decir que desde el primer momento se activaron mecanismos importantes: la declaratoria de emergencia económica y social, la conducción directa de la crisis desde la Presidencia, el despliegue de la UNGRD con los cuerpos de socorro y las Fuerzas Militares en las zonas más afectadas, y un primer paquete de alivios en vivienda, educación y obligaciones tributarias para los damnificados”.
“Yo quiero proponer un Plan Marshall para el Chocó, que ha sido abandonado a su suerte por el centralismo del poder en Bogotá”.
No obstante, las críticas han llegado ante el pedido de asistencia internacional y a la selectividad de la ayuda. Al inicio el gobierno señaló que podían ser autosuficientes, para luego aceptar solo la asistencia de rescatistas de cuatro países aliados al mandatario: Estados Unidos, Israel, Ecuador y El Salvador, señalando que son los que cumplen con los estándares necesarios.
Profundidad y vulnerabilidad estructural
Una de las diferencias fundamentales entre ambos eventos ha sido la profundidad de los sismos. El terremoto en Colombia se originó en una falla de subducción a 110 kilómetros de profundidad, lo que hizo que buena parte de la energía liberada fuera absorbida por la roca, pues cuanto más profundo es el sismo, menos energía llega a la superficie.
En Venezuela el epicentro estuvo apenas a 10 kilómetros del subsuelo y además se trataron de dos sismos fuertes con apenas 39 segundos de diferencia, por lo que el efecto fue mucho más devastador en una zona que no estaba acostumbrada a movimientos de tanta intensidad, como el departamento de La Guaira, que fue la que más padeció.
“La Tierra no es un planeta estático y se está transformando Los únicos dos procesos que ella desarrolla como parte de su evolución son los sismos y las erupciones volcánicas”
Para el ingeniero Feliciano De Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, La Guaira cuenta con suelos “inmaduros, sueltos y no consolidados” que hizo que el terreno se moviera con mayor intensidad, según refirió a la agencia AFP.
A la poca profundidad y la calidad de los suelos se agrega las severas deficiencias en la construcción de las viviendas que colapsaron en Venezuela, sobre todo en La Guaira, debido al uso de materiales de relleno no normados y fallas en el confinamiento estructural de las columnas.
Edificios colapsados en el estado de La Guaira, uno de los más afectados por los terremotos del 24 de junio en Venezuela.
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Entre las edificaciones colapsadas están las torres construidas entre el 2011 y 2013 durante el mandato de Hugo Chávez como parte de la Gran Misión Vivienda Venezuela. De las 43 que había, 16 se desplomaron y las restantes presentan severos daños estructurales.
“En Colombia, el evento telúrico se presentó en una zona de alta amenaza sísmica, a la cual pertenecen ciudades como Quibdó, Pereira, Cali y Manizales”, comenta a El Comercio el profesor de la facultad de ingeniería de la Universidad de la Sabana, Diego Martínez. “Acá predomina la construcción de tipo informal que corresponde a estructuras realizadas con mampostería sin refuerzo. La siguiente tipología más común en construcción es la de muros confinados por columnetas y vigas que no siguen las disposiciones del código NSR-10, que norma las estructuras sismo-resistentes. Este tipo de viviendas lastimosamente es la predominante para las personas más vulnerables del país y que es muy probable que hayan sido las más afectadas en el terremoto del Chocó”.
Tras la ocurrencia de sismos continuos, se piensa que la liberación de energía hace más factible que se prevenga un terremoto de mucha intensidad, pero para el doctor Tavera se trata de una creencia errónea. “Los sismos de magnitud pequeña no ayudan a liberar energía de los grandes sismos, y eso debemos tenerlo claro. Eso solo lo hacen los sismos grandes, a partir de 8 grados. Entonces, sí yo vivo en una zona sísmica, mi preocupación debe ir orientada a cómo está construida mi casa, cómo coordino con mi familia y lo que debo hacer ante una emergencia”, sostiene.
Por ello, la preocupación no debe estar en cuándo ocurrirá el siguiente sismo, lo cual es inevitable, sino en las condiciones de construcción que podrían evitar una catástrofe.



