sábado, julio 4

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“No es nada fácil”, dijo a EFE Leonardo Suárez, un venezolano que despidió este viernes a su madre, su esposa, sus dos hijas y un sobrino, así como a la abuela de su mujer, víctimas de los devastadores terremotos del pasado 24 de junio que dejaron al menos 2.645 muertos y 12.666 heridos.

“No es nada fácil”, dijo a EFE Leonardo Suárez, un venezolano que despidió este viernes a su madre, su esposa, sus dos hijas y un sobrino, así como a la abuela de su mujer, víctimas de los devastadores terremotos del pasado 24 de junio que dejaron al menos 2.645 muertos y 12.666 heridos.

En la localidad de Catia La Mar, en el asolado estado costero de La Guaira (norte, aledaño a Caracas), Suárez homenajeó en una ceremonia fúnebre a sus familiares, quienes fueron cremados, y dedicó varias palabras a los mejores momentos que vivió con ellos y a la alegría con la que lo acompañaron tanto en los buenos como en los malos momentos.

Leonardo Suárez prende una vela a sus familiares fallecidos en los dos terremotos, durante una ceremonia fúnebre este viernes, en Catia La Mar (Venezuela). Fptp: EFE/ Ronald Peña R

/ Ronald Peña R

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No estuvo solo: lo acompañaron unas cuarenta personas, entre ellas familiares de su esposa, que viajaron a La Guaira, la región más afectada por los sismos de magnitud 7,2 y 7,5, desde Maracay, capital del estado Aragua (norte), a unos 148 kilómetros de distancia en vehículo.

Todos estaban en una playa de la zona, justo donde la mamá de Suárez administraba un quiosco familiar, y había retratos de los seis fallecidos, puestos sobre las pequeñas cajas de madera que guardaban las cenizas.

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“Soy una persona que está pasando por un terrible momento, pero gracias al amor de las personas que me han apoyado, de las personas que tengo a mi alrededor, me mantengo firme”, expresó Suárez, a quien le quedan dos hijos.

También aseguró que se mantiene en pie gracias a Dios y su misericordia.

“Antes de morir mi esposa, hablé con ella, la saqué con vida, me dijo que ella iba al reino de los cielos y me llevo eso en mi corazón. Sé que ella y mi familia van al reino de los cielos y solamente Dios y el amor de mi familia me mantienen de pie”, sostuvo.

Fallecidos en los dos terremotos, durante una ceremonia fúnebre este viernes, en Catia La Mar (Venezuela). Foto: EFE/ Ronald Peña R

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Ese 24 de junio, feriado en el país por conmemorarse el aniversario de la Batalla de Carabobo, Suárez cumplió 29 años de edad y poco antes del doble terremoto estaba en la barbería.

Cuando regresó a su casa, se encontró con su edificio derrumbado.

Suárez cree que fue Dios quien lo guió entre los escombros hasta el lugar donde se encontraba Kimberling, su esposa, aún con vida: “Pudo darme unas palabras de aliento. Gracias a esas palabras, estoy firme en este momento”.

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“Por más que mi corazón y mi alma estén un poco destrozados, gracias a ella y a sus palabras puedo afrontar esta realidad”, agregó el hombre, quien agradece a Dios también por permitirle encontrar los cuerpos de sus parientes, ya que “muchas familias no han podido encontrar todavía a sus seres queridos”.

Durante la ceremonia, reprodujeron música que le gustaba a la familia, rezaron, ofrecieron oraciones y, para cerrar, soltaron unos globos al aire.

A 55 años del Mundial de México 1970, la habitación número uno del hotel de la CISS en el sur de Ciudad de México, donde Pelé durmió antes de la final contra Italia, se mantiene intacta y ahora es una exposición permanente. La muestra, integrada en la exposición ‘Memoria Colectiva’ de Airbnb rumbo al Mundial 2026, conserva objetos conmemorativos y relatos de vecinos que vieron a la selección brasileña en 1970, destacando la cercanía y humildad de Edson Arantes do Nascimento.
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