En el Perú, Alfredo Bryce Echenique lo consideraba, tristemente, su libro menos difundido. Podríamos catalogarlo como fruto de la típica equivocación del lector que espera de su autor favorito un libro parecido al anterior, pero que se topa con uno completamente diferente. Siete años después de “Un mundo para Julius” (1970), el público esperaba una segunda parte de aquella implacable radiografía de la oligarquía. Sin embargo, lo que el escritor –ya afincado en París– entregó a la imprenta fue una novela que sucedía casi por entero entre Francia, España e Italia.
Muy pocos habían leído esa primera edición de “Tantas veces Pedro”, publicada por el periodista Guillermo Thorndike en su faceta de editor, y presentada en el Country Club poco después del final del velasquismo. Un lanzamiento a lo grande, que terminó en un profundo desconcierto. Por muchos años, se trató de un libro descatalogado y perdido en nuestro país, mientras su genial ópera prima y el díptico protagonizado por Martín Romaña se reeditaban sin pausa.
Retrato de Alfredo Bryce realizado por el pintor Herman Braun-Vega en 1983, cuando radicaba en París.
/ JUAN PONCE VALENZUELA
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¿Cuál es la causa para que “Tantas veces Pedro” haya resultado ser un libro incomprendido? Para el escritor Abelardo Sánchez León, amigo de Bryce y autor del prólogo de esta edición conmemorativa lanzada por Peisa, las razones son diversas. La primera es la más simple y superficial: todos esperaban la segunda parte de “Un mundo para Julius”. “Incluso el escritor Miguel Gutiérrez, con cierta decepción tras la lectura, dijo en una entrevista: ‘Ese debía ser el camino, pero optó por otro camino más personal’”.
Ciertamente, se trata de un libro muy personal y hábilmente construido. “Quien lo lea con detenimiento encontrará que no hay piezas sueltas en esta locura de redacción, con un registro del tiempo muy confuso, con la intención de seguir los procesos mentales de Pedro Balbuena, un protagonista capaz de desdoblarse, que comparte monólogos interiores, sin ofrecer facilidades al lector. Bryce le deja a su personaje la cancha libre para su imaginación, deja que su cerebro funcione y con ello hace una cosa increíble. Nadie duda de que Pedro Balbuena es Alfredo Bryce, pero al mismo tiempo no lo es”, explica.
Tras el éxito de “Un mundo para Julius”, Bryce decidió dinamitar su pedestal y experimentar. “Honestamente, creo que Bryce sabía que toda repetición es una ofensa. ¿Por qué correr el riesgo de hacer una segunda parte de Julius? Creo que, más que por valor, decidió cambiar por inteligencia. Se dio cuenta del riesgo”, explica su amigo.
16 DE MAYO DEL 2019 ENTREVISTA AL ESCRITOR ABELARDO SANCHEZ LEON FOTOS CESAR CAMPOS
/ CESAR CAMPOS
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Un éxito en Japón
¿Cuán distinto se leyó “Tantas veces Pedro” fuera del Perú? “Él siempre me dijo que los mayores fans de esa novela eran los japoneses. Es increíble: me decía que, hasta sus últimos años, le llegaba el cheque ordenadísimo por sus regalías de los editores japoneses. No me sorprende: Japón es un país con una locura muy controlada y una relación con las mujeres también muy extraña, como sucede en la novela”.
Este es un libro para mujeres escrito por un hombre. Es la historia de un joven intelectual y aspirante a escritor peruano radicado en París. La historia funciona como un “vía crucis” personal, marcada por la adicción al alcohol, las crisis existenciales, las frustraciones creativas y una intensa vida bohemia. Intenta escribir una gran historia, pero siente que su propia vida se le desmorona. En su deriva, interactúa con delirantes amigos, un perro de bronce llamado Malatesta, pero especialmente con cinco mujeres tan malvadas como caprichosas: Sophie (la peor de todas), Virginia, Claudine, Beatrice y Julie, cuyas relaciones conducen a finales terribles. Todas son más jóvenes que Pedro Balbuena, por lo que Sánchez León encuentra aquí una referencia directa a “Lolita” de Nabokov. “Todas las mujeres de ‘Tantas veces Pedro’ son mundanas, se casan, tienen hijos, se divorcian, tienen amantes y dinero. El único que no se ata ni quiere una vida de familia es Balbuena”, señala.
“En verdad, en esa época, Alfredo era un gitano. Estaba separado de Maggie, su esposa, que había regresado al Perú. No tenía una casa ni una dirección fija. A pesar de que siempre trabajó y se vistió bien, su vida no era muy ordenada”, recuerda Sánchez León. Y aunque pueda sonar injusto para Pedro Balbuena, su importancia radica en ser el antecedente directo del inmortal protagonista de sus novelas siguientes: “La vida exagerada de Martín Romaña” (1981) y “El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz” (1984). “Pienso que Pedro Balbuena tiene más vida que Julius. Su libro de cuentos ‘La felicidad ja, ja’ le abrió la puerta a Pedro Balbuena, y este personaje le descubrió a Alfredo el mundo interior de un personaje”, explica. Además, los narradores que se intercalan en “Tantas veces Pedro” –uno más sobrio, el otro desbordado– empiezan a generar las características digresiones de su lenguaje literario. “‘Tantas veces Pedro’ es su segunda novela, pero de alguna manera es la primera del largo camino por el que optará Alfredo”, anota.
Podríamos decir que el lúcido y memorioso prólogo escrito para esta edición conmemorativa resulta tanto una despedida al amigo como un intento de acercarse críticamente a la novela. “Me lo pidió el editor Germán Coronado, y yo le dije que nunca había escrito un prólogo. Recordé la frase de Alfredo: ‘Los prólogos se escriben después, se colocan antes y no los lee nadie’. Pero me convenció al decirme que había sido un pedido expreso de Alfredo”. Bryce no llegó a leerlo, pero Sánchez León tuvo la suerte de visitarlo con su esposa Marcia para despedirse. Lo recuerda lúcido, compartiendo bromas, mirando el campo del Golf de San Isidro. “No veo nunca a un golfista acá”, comentó. Aquello fue un sábado, y el escritor murió la mañana del martes 10 de marzo. Así, nos corregimos: su prólogo bien podría ser una segunda despedida.
“Tantas veces Pedro”
Autor: Alfredo Bryce Echenique
Editorial: Peisa
Año: 2026
Páginas: 292



