domingo, enero 25

Cuando no hay un lugar al que ir, la calle se convierte en escuela. Es ahí donde muchos niños y adolescentes aprenden rápido: a sobrevivir, a defenderse, a endurecerse. No siempre por maldad, sino porque nadie llegó antes con otra opción.

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La delincuencia, la violencia o los caminos más cortos no aparecen de golpe. Se filtran en los tiempos muertos, en las horas sin supervisión, en la falta de espacios que contengan, exijan y acompañen. Frente a eso, el deporte serio y constante puede funcionar como una frontera: no elimina el riesgo, pero lo desplaza. Ofrece una rutina, un objetivo, una figura adulta que observa y encamina.

En el Callao, esa frontera toma forma en Talento de Barrio, una ONG deportiva que entrena boxeo de manera gratuita a niños y jóvenes, con la convicción de que el ring puede ser un lugar más seguro que la esquina, y que la disciplina aprendida ahí puede cambiar vidas enteras.

Jorge Guevara (40) llevaba años enseñando boxeo cuando entendió que algo no estaba funcionando como debía. Junto a otros entrenadores, había sido convocado para trabajar en un programa de la Villa Deportiva del Callao que prometía entrenamiento libre para niños y jóvenes. La idea era clara: abrir el deporte a quienes no podían pagarlo. Pero con el tiempo comenzaron los cobros, las restricciones, las reglas inflexibles. Llegar tarde podía significar quedar fuera. Acumular faltas implicaba no volver.

Para Guevara, eso era exactamente lo contrario de lo que se necesitaba. Muchos chicos llegaban tarde porque trabajaban, porque ayudaban en casa, porque venían de lejos. Negarles la entrada no los ordenaba: los devolvía a la calle. Esa que ya había aparecido demasiado pronto en la vida de muchos, no iba a corregir nada.

Así que tomaron una decisión que no era cómoda ni rentable: renunciar. Todos. Empezar de nuevo, sin sueldos, sin infraestructura, sin respaldo institucional. Solo con guantes, conocimiento y una convicción compartida: si el boxeo les había dado una salida a ellos, podía dársela a otros.

Al inicio entrenaban donde se podía. En parques, en losas deportivas, incluso en la calle misma. Para ellos no era un problema. Muchos habían crecido ahí. “Somos de los barracones”, dice Guevara. Entrenar en esos espacios no era una excepción, era una forma de volver al origen, pero esta vez para quedarse y sostener a los demás.

Poco a poco, el grupo empezó a crecer. Primero llegaron los sobrinos, luego los vecinos, después chicos de distintos distritos. La idea nunca fue cerrarse a un solo lugar. Guevara quería que se mezclaran, que se conocieran, que rompieran el circuito pequeño al que muchas veces quedan confinados. Que el boxeo fuera también una forma de ampliar mundo.

Ese movimiento constante terminó por llamar la atención de un funcionario de la Municipalidad de Bellavista. Hoy entrenan en el Estadio Lizárraga, en un espacio facilitado por la municipalidad, pero el lugar es solo una parte de la ecuación. Lo que sostiene al proyecto es el equipo humano que da clases sin recibir un sueldo fijo, apostando a la continuidad por pura responsabilidad con los chicos.

La ONG Talento de Barrio está conformada por exboxeadores y entrenadores que entienden el deporte como una herramienta de formación integral. Además de Guevara, están Valentino Santillán (21), boxeador profesional; Junior Mina (33), exseleccionado nacional; y Julio César Gamboa (53), profesor con años de experiencia y una historia personal atravesada por la pérdida y la reconstrucción.

Gamboa habla del boxeo como algo que va mucho más allá del golpe. Para él, formar a un alumno implica conocerlo completo. Saber si come, si llega cansado, si trae problemas desde casa. “Esto no es solo enseñar técnica. Es acompañar, observar, corregir sin humillar. Detectar cuándo un chico necesita más exigencia y cuándo necesita apoyo”, explica.

En Talento de Barrio, la disciplina no se predica: se entrena. Se construye en la puntualidad, en el respeto a la rutina y en la idea de que el cuerpo aprende a obedecer cuando la cabeza quiere rendirse. Por eso, el boxeo no es solo un deporte, sino una forma de ordenar el día y, poco a poco, también la vida fuera del ring, que existe en el colegio, la casa y las decisiones del día a día.

“Por eso hablamos con los papás. Si la mamá viene y nos dice que el chico saca bajas notas en el colegio, lo castigamos, pero no dejándolo sin entrenar. Si normalmente se corren 10 vueltas para calentar, hoy él va a correr 20”, cuenta Guevara.

De izquierda a derecha: Julio César Gamboa, Junior Mina, Jorge Guevara y Valentino Santillán entrenan a jóvenes chalacos, combinando experiencia y disciplina en un espacio que transforma vidas. (Foto: Julio Reaño/ GEC)

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