viernes, junio 12
Por Oscar García

Decía el astrónomo Carl Sagan, una de las mentes más brillantes del siglo XX, que el universo era un lugar tan grande que la idea de que la humanidad fuera su único habitante le parecía un terrible desperdicio de espacio. Paradójicamente, Sagan jamás afirmó haber visto un ovni. Tampoco creyó que existieran pruebas concluyentes de visitas alienígenas. Aun así, tenía la intuición de que, entre los miles de millones de estrellas y planetas que pueblan el cosmos, la vida debía existir en alguna otra parte. Medio siglo después, la pregunta sigue sin respuesta. Están los creyentes y los escépticos. Ni las audiencias sobre fenómenos aéreos no identificados en Estados Unidos ni los recientes archivos desclasificados por Donald Trump han logrado resolver el misterio de si en verdad estamos solos.

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Mucho antes de que el Congreso de Estados Unidos celebrara audiencias sobre fenómenos aéreos no identificados, un joven Steven Spielberg ya miraba hacia el cielo. La fascinación por la vida extraterrestre acompaña al director desde la infancia y se ha convertido en una de las obsesiones más persistentes de su carrera. No es casualidad que, a sus 79 años, vuelva a ella con una nueva película (“El día de la revelación”). La semilla de esa fascinación fue plantada en casa. Spielberg ha contado que fue su padre, Arnold Spielberg, ingeniero eléctrico y apasionado de la ciencia, quien despertó en él la curiosidad por el espacio y la posibilidad de otras formas de inteligencia. Aunque antes consideraba que la posibilidad de vida fuera de este mundo era especulativa, su posición ha cambiado con el estreno de su nueva cinta: “Es mi primera película considerada de ciencia ficción que yo no considero ciencia ficción”, dijo en una reciente rueda de prensa.

A sus 79 años, Spielberg sigue rodando películas con la misma mezcla de curiosidad y asombro que marcó sus grandes clásicos de ciencia ficción.

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Antes de convertirse en uno de los cineastas más exitosos de todos los tiempos, Spielberg ya experimentaba con historias de extraterrestres. En 1964, cuando apenas era un adolescente de Arizona pegado a una cámara de 8 mm, dirigió “Firelight”, una modesta producción casera sobre misteriosas luces en el cielo y visitantes de otros mundos. Aunque pocos la vieron fuera de su círculo cercano, aquella película contenía muchas de las ideas que décadas después reaparecerían en algunas de sus obras más famosas. El gran salto llegó en 1977 con “Encuentros cercanos del tercer tipo”, una película que transformó la manera en que Hollywood representaba el contacto extraterrestre.

«Tengo la firme sospecha de que no estamos solos aquí en la Tierra en este momento».

Steven Spielberg | Cineasta

En Lima, uno de esos espectadores que quedó marcado para siempre por “Encuentros cercanos del tercer tipo” fue el doctor Anthony Choy. El conocido divulgador local del fenómeno ovni recuerda haber visto la película en el desaparecido cine Metro de la Plaza San Martín cuando todavía era un joven aficionado a la ciencia ficción. La experiencia fue reveladora. “Exactamente lo que uno pensaba de cómo podía ser un contacto apareció en la pantalla”, recuerda. Para Choy, Spielberg logró transformar en imágenes concretas las ideas y teorías que circulaban en los círculos ufológicos desde hacía decadas, en especial tras el famoso incidente de Roswell de 1947, cuando los restos de un objeto desconocido se estrellaron en un rancho cerca de esa ciudad, en Nuevo México.

El doctor Anthony Choy es abogado, pero ha consagrado la mayor parte de su vida a la investigación del fenómeno extraterrestre.

/ Tatiana Gamarra

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Según el investigador peruano, lo más extraño fue que la película parecía reflejar una realidad que por entonces se vivía en el Perú. Durante los años setenta, el movimiento Misión Rama, liderado por Sixto Paz, convocaba a grupos de personas a encuentros programados en distintos puntos del Perú a partir de supuestos mensajes telepáticos de origen extraterrestre. “Y en la película ves eso: un grupo de personas que no se conocían entre sí, llamadas a un lugar y a una hora determinada para tener un encuentro. Tal como ocurría acá. Eso yo no he sabido que ocurra en ninguna parte del mundo, solo acá con Misión Rama”, señala Choy. La coincidencia resulta llamativa. ¿Sabía Spielberg lo que ocurría en las arenas de Chilca cuando escribió el guion de “Encuentros cercanos del tercer tipo”? No hay forma de comprobarlo. Quedará como otro misterio más en una historia repleta de ellos.

Cinco años después de “Encuentros cercanos…” llegaría “E.T., el extraterrestre” (1982) y derritió de ternura los corazones del mundo. En lugar de una invasión, Spielberg presentó una historia de amistad entre un niño y un visitante perdido en la Tierra. El extraterrestre ya no era visto como una amenaza, sino un ser vulnerable que deseaba regresar a casa. El resultado fue una de las películas más exitosas y queridas de la historia del cine. Incluso cuando regresó al tema desde una perspectiva más oscura en su adaptación de “La guerra de los mundos” (2005), siguió interesado en la reacción humana frente a lo desconocido y su capacidad de organización de la sociedad ante un evento así.

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