jueves, enero 8

La transición gubernamental de Venezuela tras la reciente intervención de Estados Unidos para capturar a Nicolás Maduro tiene numerosos frentes abiertos y varios actores en medio, siendo Stephen Miller uno de los que ha cobrado relevancia.

El actual asesor de Seguridad de Estados Unidos y subjefe de gabinete de políticas de la Casa Blanca ha sido designado por Donald Trump como parte de la cúpula gubernamental temporal del país llanero. Bajo ese esquema Miller será parte de un triunvirato junto a sus connacionales Marco Rubio y Pete Hegseth.

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Activista nacionalista

Stephen Miller nació en 1985 y es oriundo de Santa Mónica, California. Creció dentro de una familia de origen judío y pese a un trasfondo familiar más ligado al Partido Demócrata, desde su juventud se sintió más inclinado a las ideas conservadoras.

Durante su adolescencia fue un activista por causas nacionalistas y no se mostraba cómodo con la promoción de la multiculturalidad en su entorno escolar, al punto de criticar el establecimiento de un capítulo en su secundaria del Movimiento Estudiantil Chicano de Aztlán, que agrupaba a descendientes de mexicanos.

Se atribuye a Stephen Miller, uno de los asesores más cercanos a Trump, haber impuesto en la Casa Blanca las tesis más contrarias a la inmigración.

En esta época Miller trabó amistad con el escritor y activista conservador David Horowitz, relación de larga data que le permitió acercarse a los círculos de esa esfera política.

Su formación en la Universidad de Duke fue una prolongación de sus actividades en el colegio y se mostraba como un férreo opositor a las ideas liberales, la causa palestina y la fe musulmana. Se graduó de esta casa de estudios con una licenciatura en ciencias políticas en el 2007.

En su paso por las aulas de Duke, el futuro asesor de Trump ganó notoriedad pública en medio de un caso de violación en el que tres integrantes del equipo universitario de Iacrosse fueron acusados y posteriormente absueltos. Miller fue un defensor incondicional de los implicados y denunció que se había ignorado su presunción de inocencia únicamente por ser “hombres blancos”.

Tras su etapa universitaria, su contacto con Horowitz le facilitó acceder a un trabajo en el equipo de la representante republicana Michele Bachmann, para luego laborar con John Shadegg. Más adelante, también por mediación de Horowitz, se convirtió en secretario de prensa del senador Jeff Sessions, que compartía con él un discurso contrario a la inmigración y quien lo pondría en contacto con activistas y organizaciones de esa misma línea.

Ascenso y consolidación en el trumpismo

La llegada formal de Stephen Miller al entorno de Donald Trump se produjo en el 2016 como asesor de política en su equipo de campaña electoral tras ser recomendado por el consultor Sam Nunberg.

En ese contexto se convirtió progresivamente en el responsable de la redacción de varios de los discursos más importantes del magnate convertido en político, además de ser uno de sus principales entrenadores para los debates. Por ese entonces Miller ya era bastante cercano a la esfera íntima del líder republicano al tener una muy buena relación con el yerno de este, Jared Kushner.

Tras la victoria electoral de Trump, el flamante presidente lo nombró su asesor principal de políticas y se lo considera responsable de varias órdenes ejecutivas emitidas durante ese periodo. Se hizo conocido de cara al amplio espectro de la opinión pública como una figura confrontacional con otros políticos y la prensa, sin reparos en dar a conocer sus ideas.

La primera gestión de Trump tuvo a Miller como uno de los grandes impulsores de la nueva política migratoria del gobierno republicano, crítico del globalismo y responsable de una purga de funcionarios ligados a la gestión de Barack Obama en varios estamentos gubernamentales.

Su afán de limpiar el servicio público estadounidense también lo llevó a defender la necesidad de retirar beneficios y facilitar los despidos de trabajadores estatales como parte del plan “Schedule F”, tremendamente impopular entre los gremios de empleados gubernamentales.

Bajo su recomendación fue que Trump se mostró sumamente severo con la gestión la inmigración y se considera que Miller fue el arquitecto de la polémica política de separación familiar que se implementó entre el 2017 y el 2018. Se calcula que más de 5.000 niños migrantes fueron apartados de sus padres y parientes durante este periodo.

La idea de esta estrategia era disuadir a los extranjeros de ingresar ilegalmente a territorio estadounidense, aunque se denunció que el proceso incluyó indiscriminadamente a solicitantes de asilo. Ante la enorme cantidad de críticas, la gestión de Donald Trump tuvo que dar marcha atrás con la medida.

El primer gobierno de Trump consolidó a Stephen Miller como hombre de confianza del líder del Partido Republicano, quien le volvió a otorgar cargos de importancia en su segundo mandato. El asesor ha sido uno de los principales gestores de las deportaciones masivas y fiscalización migratoria que ha caracterizado a la actual Administración Trump.

Su papel con Venezuela

En el tiempo reciente se considera que Miller ha sido uno de los principales gestores de los ataques a las presuntas narcolanchas del mar Caribe por parte de la Armada de Estados Unidos, debido a su papel como cabeza del Consejo de Seguridad Nacional.

Según reportó The Washington Post en diciembre, desde los inicios de la actual presidencia el funcionario y su equipo ya mostraban un renovado interés en el combate al narcotráfico, aunque la nueva guerra contra los cárteles que analizaban tenía como objetivo a las organizaciones criminales de México.

Al ver que la presencia militar del Estado mexicano en la frontera común había reducido parcialmente la actividad de los narcotraficantes, el asesor de Seguridad estadounidense habría dirigido su mirada hacia el sur.

Pese a que los portavoces de la Casa Blanca insisten en que las medidas contra Venezuela provenían directamente de Trump, fuentes internas indicaron al medio antes citado que el jefe del Consejo de Seguridad fue responsable de supervisar la elaboración de las primeras órdenes internas para combatir el narcotráfico.

Inicialmente se habría considerado el uso de la CIA para combatir a los supuestos narcotraficantes, pero los problemas operativos y legales que ello podía suponer terminaron haciendo que Miller optara directamente por el uso de la milicia para tal fin.

A partir de ese momento el colaborador de Trump ha defendido la postura de etiquetar como criminal al gobierno de Nicolás Maduro y su designación como parte del triunvirato estadounidense para la transición en Venezuela lo convierte en un elemento clave para el futuro del país sudamericano.

Esta semana el asesor de Donald Trump señaló que el gobierno interino venezolano, encabezado por Delcy Rodríguez, está enviando continuamente señales de querer cumplir las “demandas” de Washington.

“El Gobierno de Venezuela ha enviado mensajes al secretario de Estado y a nuestros negociadores de alto nivel dejando en claro que cumplirán los términos, demandas, condiciones y requisitos de Estados Unidos”, declaró Miller.

La postura de Stephen Miller es similar a la de Donald Trump, pues señala que Venezuela necesita el “permiso” del gigante norteamericano para “comerciar y dirigir la economía”, dejando en claro que “Estados Unidos está a cargo”.

Trump señaló este martes 6 que “las autoridades interinas en Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad, sancionado, a Estados Unidos”

La polémica de Groenlandia

Desde que comenzó su segunda presidencia Donald Trump ha manifestado abiertamente sus deseos de incorporar Groenlandia al territorio estadounidense, encontrando estos comentarios un fuerte rechazo por parte del gobierno de Dinamarca, país que ejerce soberaniá sobre dicho territorio autónomo.

La tensión con el gobierno danés se encendió nuevamente esta semana cuando Katie Miller, esposa del actual asesor de Seguridad de Estados Unidos, subió en X una imagen con el mapa de Groenlandia pintado con los colores de la bandera de Estados Unidos acompañada del mensaje “Pronto”.

La publicación fue hecha el sábado 3, el mismo día de la captura de Nicolás Maduro, y hacía una clara alusión a una posible ocupación de Groenlandia por parte de Washington como paso siguiente.

Un día más tarde el mismo Trump siguió ese tono: “Necesitamos Groenlandia, absolutamente. La necesitamos para la defensa”, declaró el gobernante de Estados Unidos.

El mismo Stephen Miller se sumó a los comentarios de su pareja y del mandatario, señalando en una entrevista con CNN que su país era una superpotencia y que bajo la “doctrina Trump” se “comportaría como tal”. El asesor presidencial cuestionó el derecho de Dinamarca sobre el gran territorio insular y aclaró que nadie iba a “luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”.

“El presidente ha dejado claro desde hace meses que Estados Unidos debería ser la nación que tenga a Groenlandia como parte de nuestro aparato de seguridad general”, mencionó Miller.

Todas estas declaraciones generaron gran malestar entre los daneses y sus autoridades salieron públicamente a condenarlas. La primera ministra del país europeo, Mette Frederiksen, pidió “encarecidamente a Estados Unidos dejar de amenazar a un aliado” e insistió en que Washington no tenía derecho a anexar este territorio.

“Si Estados Unidos elige atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se detiene (…) incluyendo nuestra OTAN y, por lo tanto, la seguridad que se ha proporcionado desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, declaró la jefa de gobierno de Dinamarca.

“Hard power”

Para Jorge Antonio Chávez, analista internacional y profesor de la Academia Diplomática del Perú, la elección de Miller, a quien califica como uno de los responsables de la negociación directa con la cúpula venezolana, es una muestra de que Estados Unidos desea partir de una marcada posición de fuerza.

“La designación de Stephen Miller da cuenta de una vocación de Estados Unidos de redefinir los términos de su vinculación con la región y con Venezuela, profundizando la hegemonía estadounidense y la utilización del poder duro para conseguir sus objetivos de seguridad y sus intereses nacionales. Esto desde el punto de vista económico y el de la exclusión de potencias extracontinentales que tienen una presencia económica importante en la región a través de la exploración de recursos petroleros”, explica el especialista.

El discurso de “America First” (América Primero) que ha enarbolado la Casa Blanca, suele enmarcarse como parte de un ideario aislacionista y de no intervención a escala internacional, incluso por parte del electorado de Donald Trump.

El hecho de que el mismo Miller haya sido fundador de una organización llamada “America First Legal”, hace que su nombre sea asociado a esta imagen no intervencionista; sin embargo, la línea de “América Primero” es desde la perspectiva de gobierno va más allá de esas concepciones.

“El tema es que la política, ‘América First’, se ha entendido como un ejercicio de política exterior absolutamente aislacionista, centrado en la protección del territorio de Estados Unidos, en sus imperativos de seguridad nacional, en la reconstrucción del aparato económico y la base industrial para dar empleos; pero también creo que tiene una manifestación en la forma en la que Estados Unidos preconiza sus intereses nacionales en la política e internacional. En el uso de sus fundamentos de poder para la consecución de sus intereses nacionales”, comenta Chávez.

El especialista sostiene que el círculo de gobierno estadounidense tiene figuras con ideas más aislacionistas como el vicepresidente JD Vance, que son parte relevante del discurso de “America First”; sin embargo, apunta que hay otros elementos del gobierno como Marco Rubio y el mismo Stephen Miler “con una vocación bastante más asertiva” que quieren que Estados Unidos imponga sus puntos de vista e intereses en las negociaciones con actores exteriores.

“Lo que estamos viendo de cara a Venezuela converge con esto: con Venezuela, Estados Unidos entiende que es relevante porque es un país ribereño del Caribe y quiere excluir a potencias adversarias extracontinentales cómo Irán, Rusia, China y actores no estatales como Hezbolá del hemisferio. Eso fortalecería la seguridad nacional de Estados Unidos”, añade el docente de la Academia Diplomática.

Otros factores de consideración sobre los que la potencia norteamericana ha hablado abiertamente son su necesidad de impedir un nuevo flujo migratorio masivo a causa de la inestabilidad en Venezuela y la proclamada lucha contra el narcotráfico, a los que se suma el interés por el manejo exclusivo de los recursos petroleros del estado sudamericano.

Jorge Antonio Chávez sostiene que la gestión de estos elementos y la captura de Maduro son esencialmente parte de lo que la Administración Trump entiende como un problema que va más allá del simple interés nacional y llega al terreno de la seguridad del Estado.

Este contexto de imposición de la voluntad de Washington en Venezuela parece haber sido visto por Trump, Miller y otros funcionarios como el punto de partida de otros reclamos ambiciosos como el del uso de Groenlandia para la defensa de sus intereses en el Atlántico Norte.

“En base a lo que ha sucedido su poder de negociación se fortalece mucho porque tienen la capacidad de utilizar el poder duro y eso hay que entenderlo. No es baladí que Stephen Miller se haya pronunciado también con respecto a la cuestión de Groenlandia. Los argumentos que he esgrimido Estados Unidos tienen que ver también con la seguridad nacional”, recuerda Chávez.

“Creo que esta lógica de unilateralismo, de utilizar la fuerza y de hacerlo incluso al margen del derecho internacional requiere de interlocutores que abracen estas ideas y Stephen Miller es uno de ellos. Él cree, como dirían los estadounidenses que ‘el poder es lo correcto’ y en la medida en que tengan poder, la cuestión moral o lo que sea correcto o incorrecto pasa a un segundo plano”, finaliza el analista.

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