Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Hubo un cuarto donde un adolescente tímido de 13 años pasaba horas encerrado tocando instrumentos. Afuera estaba el mundo; adentro, un charango, una quena, una guitarra y la certeza incipiente de que la música era el idioma con el que podía sentirse libre. Décadas después, a los 51 años, Lucho Quequezana vuelve simbólicamente a ese espacio. No para repetirlo, sino para escucharlo con atención otra vez. De esa escucha nace “Andino”, su nuevo disco: un regreso consciente al sonido esencial que lo hizo enamorarse de la música y que hoy, tras recorrer el mundo, vuelve a marcar el camino.
Hubo un cuarto donde un adolescente tímido de 13 años pasaba horas encerrado tocando instrumentos. Afuera estaba el mundo; adentro, un charango, una quena, una guitarra y la certeza incipiente de que la música era el idioma con el que podía sentirse libre. Décadas después, a los 51 años, Lucho Quequezana vuelve simbólicamente a ese espacio. No para repetirlo, sino para escucharlo con atención otra vez. De esa escucha nace “Andino”, su nuevo disco: un regreso consciente al sonido esencial que lo hizo enamorarse de la música y que hoy, tras recorrer el mundo, vuelve a marcar el camino.
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En los últimos años, Quequezana dialogó con músicas de Asia, África, Europa y Norteamérica. Su disco “Pangea” fue la culminación de esa exploración global. Pero algo empezó a inquietarlo. “Creo que era un momento de respirar de tanta avalancha tecnológica”, cuenta. La inteligencia artificial, la inmediatez, la producción electrónica omnipresente.

El reconocido músico nos recibió en su estudio de grabación, donde conversamos sobre la importancia de saber editar su sonido y lo ganado tras años de experiencia en los escenarios.
/ Diego Moreno
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“Agarré un charango y lo toqué muy solo. Yo decía ‘es que este sonido está puro y me está diciendo tantas cosas’”, recuerda. Esa pureza lo devolvió a su adolescencia, a la vibración directa del instrumento sin efectos ni capas. Cuando el disco estuvo terminado, el nombre era inevitable: “Andino”.
El álbum está poblado de charangos de distintos tipos, quenas, zampoñas, bombos y huancaras. No se incorporan elementos afroperuanos ni amazónicos; tampoco fusiones electrónicas. Hay, en cambio, un minimalismo trabajado con precisión que impresiona. “Ahora ya con los años, más bien disfruto el equilibrio de dosificar”, explica.
Desde los 13 años, Lucho Quequezana se permitió explorar la música con instrumentos como la zampoña.
/ Cabina Libre
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A diferencia de sus proyectos colaborativos, en “Andino” Quequezana vuelve a interpretar y grabar todos los instrumentos, como en sus inicios. Cada sonido fue pensado desde la acústica del estudio: la ubicación del micrófono, la respuesta de cada pared, la resonancia de la madera. “Cada acorde lo he disfrutado como un loco”, dice sonriendo.
Esta introspección no implicó aislamiento. En 2025, el músico se presentó en el programa más visto de la televisión china, ante una audiencia de 1.200 millones de espectadores, interpretando “El cóndor pasa” junto al tenor Juan Diego Flórez. La experiencia, asegura, estuvo cargada de responsabilidad. “Creo que es en esos momentos cuando, no importa cuántos años tengas en la música, esa adrenalina te empieza a mover por dentro. Pero, al mismo tiempo, también tienes que tener la seguridad de que lo estás haciendo bien”, afirma. Para él, la música andina posee una cualidad empática que dialoga incluso con culturas lejanas: la pentatonía, los instrumentos de caña, la resonancia de la madera.
Quequezana se presentó junto al tenor peruano Juan Diego Flórez y los artistas chinos Zhou Shen y Niu Jiandang en la Gala de la Fiesta de la Primavera, en 2025.
/ Cabina Libre
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El público podrá disfrutar de dos conciertos en marzo, con el Gran Teatro Nacional como escenario oficial de la presentación. El concierto incluirá temas nuevos y estará acompañado por visuales de José Mostajo, quien también realizó la carátula del disco.
El disco, que se encontraba disponible en plataformas de streaming, será presentado el 21 y 22 de marzo, durante los conciertos, en formatos CD y vinilo.
/ Cabina Libre
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“Mi música son pequeños soundtracks que no tienen guion. El guion lo pone el que la escucha”, explica. La propuesta es acústica, íntima y profundamente sensorial. Una experiencia pensada para todas las edades, donde la música instrumental construye narraciones emocionales.
“Andino” es un reencuentro curioso y fructífero con ese joven de 13 años que empezaba a conocer la música con pasión. Hoy, con una mochila distinta y décadas de experiencia, Lucho Quequezana vuelve, pero para encontrar nuevos rumbos.




