viernes, abril 10

Atreverse tiene algo de vértigo, de salto al vacío y de fe. Luis Enrique lo sabe bien, porque cuando mira hacia atrás no entiende su carrera como una suma de aplausos, sino como una sucesión de riesgos asumidos. Por eso, al recordar el momento más valiente de su vida artística, no habla de premios ni de escenarios multitudinarios, sino de la decisión de creer en sí mismo y lanzarse, incluso con miedo.

El acto más valiente de mi vida, sin duda, ha sido creer profundamente en algo y hacerlo. Para mí, ese ha sido el gesto más humano, vulnerable y audaz de toda mi carrera. Haber sido, desde el inicio, alguien dispuesto a arriesgarse y comprometerse de verdad con lo que sentía”, señala el artista nicaragüense, considerado uno de los pioneros de la salsa romántica.

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El próximo 9 de mayo, ‘El príncipe de la salsa’ volverá a Lima para el show “A Succar Pa’ Celebrar” con Tony Succar. Será también un reencuentro especial con un país que lo marcó desde sus primeras visitas, a fines de los 80, cuando descubrió la fuerza del público salsero peruano.

“Desde esa primera Feria del Hogar donde toqué en aquellos años, Perú se quedó con mi corazón”, asegura.

Pero antes de ese reconocimiento y de esa cercanía con el público latinoamericano, hubo un músico que se formó escuchando a La Fania en Nicaragua, fascinado por los códigos de una música que primero quiso habitar desde la percusión. Su primera intención no fue ser cantante, sino “ser un buen percusionista y poder tocar en una orquesta famosa”.

En los años 80, la salsa romántica comenzó a consolidarse y Luis Enrique encontró allí una posibilidad para abrirse camino. Pero su objetivo no era seguir la corriente, sino levantar una propuesta propia. “Yo quería lograrlo con canciones originales, con material inédito”, explica.

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Mientras muchos salseros se ajustaban a una imagen previsible, Luis Enrique irrumpió con una estética distinta: pelo largo, arete, casaca de cuero y un aire más cercano al rock. Lo llamaban ‘El rockero de la salsa’ y, aunque hoy recuerda esa etiqueta con humor, aclara que nunca fue una estrategia calculada.

“A mí me han dicho de todo (ríe). Mi vestimenta tenía que ver con lo que estaba viviendo en ese momento, con mi llegada a Estados Unidos, mi gusto por la moda y la necesidad de expresar, también desde la estética. No estaba tratando de parecer un salsero tradicional, sino de ser fiel a mí mismo”, aclara.

Lo mismo ocurrió con sus canciones. Más de una vez la industria le dijo que temas como “Date un chance”, “Mi mundo” o “Yo no sé mañana” no iban a funcionar. Con el tiempo, Luis Enrique aprendió a desconfiar de esos pronósticos.

“Todas las canciones que me dijeron que no funcionarían fueron las que sí funcionaron. Pero eso tiene una razón: yo nunca he grabado para cumplir con la disquera ni con una moda. Las canciones tienen que conectar conmigo primero; solo así pueden conectar con quien las escucha”, asiente.

También hubo una pausa prolongada, aunque no por falta de amor a la música. Luis Enrique aclara que ese alejamiento comenzó por un problema contractual con su casa disquera, que le impidió grabar durante dos años. Después, su vida dio un giro: se casó, nació su hijo y decidió quedarse cerca para acompañarlo en sus primeros años. Esos dos años se extendieron a siete u ocho. Aun así, no dejó de crear ni de grabar. Siguió haciendo música hasta que en el 2009 llegó “Ciclo”, el disco que marcó una nueva etapa en su carrera de la mano de un tema decisivo: “Yo no sé mañana”.

“Cuando volví, me encontré con un público que me estaba esperando, que había extrañado mis canciones, mi sonido y mi propuesta. Para mí fue muy gratificante comprobar que todo lo que había trabajado hasta entonces había dado fruto y que ese fruto seguía ahí”, recuerda.

Quizá por eso, cuando habla hoy de la música, Luis Enrique no suena como alguien aferrado a la nostalgia de lo que fue, sino como un artista que todavía encuentra sentido en crear. Dice que entrar a un estudio de grabación lo sigue llenando profundamente y que desarrollar una canción todavía lo emociona.

“Entrar a un estudio de grabación y desarrollar una canción sigue siendo una de las cosas que más me emociona. La parte creativa me conmueve profundamente y es algo que no creo que vaya a dejar de hacer, salvo que ya no pueda por cuestiones de edad o por lo que sea. Siento que voy a grabar, crear y escribir canciones toda mi vida, hasta que Dios lo quiera”, concluye.

Además…

Enrique vuelve a Lima para el show «A Succar Pa’ Celebrar» con Tony Succar este sábado 09 de mayo en el Costa 21 de San Miguel. Entradas a la venta: Teleticket. 

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