sábado, julio 4

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El reciente doblete sísmico en Venezuela volvió a poner en agenda el riesgo de un gran terremoto en la región. En Perú, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) ha reiterado la posibilidad de un sismo de magnitud cercana a 8,8 en la costa central, un escenario que impactaría directamente en Lima, una de las capitales con mayor vulnerabilidad sísmica en Sudamérica.

El reciente doblete sísmico en Venezuela volvió a poner en agenda el riesgo de un gran terremoto en la región. En Perú, el Instituto Geofísico del Perú (IGP) ha reiterado la posibilidad de un sismo de magnitud cercana a 8,8 en la costa central, un escenario que impactaría directamente en Lima, una de las capitales con mayor vulnerabilidad sísmica en Sudamérica.

En ese contexto, el decano de la Facultad de Ingeniería Civil de la UNI, Miguel Estrada Mendoza, advierte sobre un problema extendido en la autoconstrucción: el uso del ladrillo pandereta en muros que soportan carga, pese a que está diseñado únicamente para dividir ambientes. El experto destaca que este material se emplea de forma inadecuada en viviendas informales de distintos niveles de la capital.

¿Qué tan extendido está el uso del ladrillo pandereta como muro portante en Lima?

Desde que ocurrió la gran migración hacia las grandes ciudades, no solo Lima sino también otras ciudades del país, se arraigó una muy mala práctica constructiva: utilizar el ladrillo pandereta o ladrillo tubular para las paredes exteriores de las edificaciones informales, especialmente desde el segundo piso hacia arriba. Se han encontrado edificaciones de hasta cinco pisos construidas con este tipo de ladrillo.

Lo que ocurre es que el ladrillo tubular o pandereta debería utilizarse única y exclusivamente para muros divisorios o elementos de tabiquería. Es decir, puede ser un muro bajo o alto que divide ambientes, pero que no soporta ninguna carga.

Existe una creencia equivocada de que usar ladrillo pandereta en los pisos superiores reduce el peso de la edificación y, por lo tanto, la hace más segura frente a un sismo. Es exactamente al revés. Un muro construido con ladrillo pandereta es sumamente frágil, sobre todo si está ubicado en la parte exterior y no cuenta con elementos de arriostre, como columnas que impidan que el muro salga de su plano durante un movimiento sísmico.

Recordemos lo ocurrido el año pasado, durante el sismo del Día del Padre, cuando un muro de pandereta ubicado en el último nivel de una vivienda y sin ningún elemento de arriostre colapsó y provocó la muerte de una persona. Antes ocurrió lo mismo durante el terremoto de Pisco de 2007, cuando muchas edificaciones con ladrillo pandereta en sus segundos niveles colapsaron debido a la fragilidad de este material.

Hay que insistir en que el ladrillo pandereta no es un elemento estructural, como sí lo es el ladrillo King Kong o el ladrillo de 18 huecos. Son materiales completamente distintos.

El proceso constructivo también es importante. En una vivienda de albañilería confinada primero se levantan los muros dejando el espacio donde irán las columnas. Luego se colocan los fierros y finalmente se vacían las columnas y vigas, de manera que el muro queda arriostrado y soportado por esos elementos estructurales. Ese sistema funciona utilizando ladrillos King Kong o de 18 huecos; con el ladrillo pandereta no debería hacerse.

Mal uso de materiales y suelos no compactos hacen de las casas bombas de tiempo ante terremotos.

/ Lenin Tadeo

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En cuanto a la distribución del problema, los distritos donde observamos una mayor proliferación del mal uso del ladrillo pandereta en los segundos niveles son San Juan de Lurigancho, San Juan de Miraflores, Villa María del Triunfo, Villa El Salvador, Comas, Carabayllo, Lurigancho-Chosica, Puente Piedra y Mi Perú. En general, el problema se concentra en distritos que crecieron mediante procesos de autoconstrucción y sin un adecuado control municipal.

¿Cómo identificarlo?

Es muy sencillo si el muro no está completamente tarrajeado. En muchos casos se pueden observar directamente los ladrillos. Los ladrillos pandereta, por lo general, presentan líneas horizontales visibles en su superficie, mientras que un ladrillo King Kong o de 18 huecos no tiene esas marcas.

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Si la vivienda está completamente tarrajeada, una forma de verificarla es retirar una pequeña parte del revestimiento. Si al picar el muro aparecen rápidamente cavidades huecas, es muy probable que se trate de un ladrillo pandereta o tubular.

Otra diferencia importante está en la orientación de las perforaciones. Los ladrillos pandereta tienen las aberturas en sentido longitudinal, mientras que el ladrillo King Kong tiene los huecos en sentido perpendicular al muro. Esa diferencia parece menor, pero es fundamental desde el punto de vista estructural.

Cuando se construye un muro con ladrillo King Kong, se coloca una hilada de ladrillos, luego el mortero y encima otra hilada. El mortero penetra en las perforaciones verticales del ladrillo superior, lo que genera una unión muy fuerte entre una hilada y otra.

En cambio, el ladrillo pandereta tiene las aberturas en sentido longitudinal, por lo que el mortero no logra ese mismo nivel de anclaje. Como consecuencia, la adherencia entre una fila de ladrillos y la siguiente es mucho menor, y eso reduce considerablemente la resistencia del muro frente a un sismo. Esa es la gran diferencia entre un ladrillo pandereta y un ladrillo King Kong.

Cómo saber si estoy en riesgo

La principal señal es la aparición de grietas. Los muros de ladrillo pandereta se agrietan con rapidez debido a la menor adherencia entre las unidades de albañilería y a su baja resistencia frente a las fuerzas sísmicas. Se forman rajaduras y aberturas dentro del muro que comprometen su estabilidad.

Eso es especialmente peligroso porque una vivienda puede resistir el sismo principal, pero colapsar con las réplicas. Lo hemos visto recientemente en Venezuela, donde varios edificios no se desplomaron durante los primeros movimientos, sino después, a causa de las réplicas.

Mal uso de materiales y suelos no compactos hacen de las casas bombas de tiempo ante terremotos.

/ Lenin Tadeo

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Por eso, si una familia vive en una vivienda informal construida con ladrillo pandereta y ocurre un sismo, la recomendación es evacuar inmediatamente. No hay que quedarse evaluando la situación dentro de la vivienda.

Una vez que pase el movimiento, se debe inspeccionar si existen grietas en vigas, columnas o paredes. Si aparecen daños, la vivienda no debe volver a ocuparse hasta que sea evaluada por un ingeniero civil especialista en estructuras, porque las réplicas pueden terminar provocando el colapso.

Si el nivel de daño no es muy severo, la vivienda puede repararse. Pero si el daño es importante, lo más recomendable es demolerla y volver a construirla.

Y es importante que esa evaluación la realice un ingeniero estructural, no un maestro de obra. Un maestro puede reparar el acabado superficial, retirar el tarrajeo, volver a tarrajear y pintar, pero eso no resuelve el problema estructural. La solución debe partir de un diagnóstico de ingeniería.

En la Universidad Nacional de Ingeniería, junto con la cooperación japonesa, hemos desarrollado propuestas de reforzamiento para este tipo de edificaciones. Asimismo, Swisscontact cuenta con herramientas para evaluar su nivel de vulnerabilidad. Uno de los aspectos que se analiza precisamente es la presencia de muros de ladrillo pandereta en los segundos, terceros o cuartos niveles de la vivienda.

Estas respuestas ya tienen el tono de una entrevista publicada en un diario: conservan la explicación del experto, pero eliminan las repeticiones y muletillas propias de la conversación oral.

Cuándo debemos reforzar la construcción

Sí es posible, pero depende. Como mencioné, existen herramientas desarrolladas por el CISMID de la Universidad Nacional de Ingeniería y también por la cooperación suiza, a través de Swisscontact, que permiten evaluar el nivel de vulnerabilidad de una edificación.

En muchos casos sí se puede reforzar una vivienda informal. Por ejemplo, se pueden colocar mallas de reforzamiento en los muros, ensanchar las columnas hasta la cimentación y realizar otras intervenciones estructurales que mejoren su comportamiento frente a un sismo. Sin embargo, son trabajos especializados y, además, costosos.

Es importante dejar algo muy claro: el objetivo del reforzamiento no es convertir una vivienda informal en una edificación antisísmica. El objetivo es evitar que colapse y que las personas que viven en ella pierdan la vida durante un terremoto.

El reforzamiento no impide que la vivienda sufra daños. Lo que busca es reducir el riesgo de colapso y darle a la estructura un mejor desempeño durante un sismo.

Todo dependerá del nivel de vulnerabilidad que presente la edificación y de la evaluación que realice un ingeniero estructural.

Cuándo es irreversible

No todas las viviendas pueden reforzarse. La decisión depende del nivel de vulnerabilidad y también de las condiciones del suelo donde están construidas.

Si el costo del reforzamiento es demasiado alto, lo más recomendable es demoler la vivienda y volver a construirla correctamente. Lo mismo ocurre cuando la casa se encuentra sobre suelos muy inestables, como rellenos, terrenos arenosos o laderas de cerros, donde el reforzamiento sería muy complejo y costoso.

En esos casos, lo más seguro es optar por una reconstrucción total.

Desde la UNI también hemos desarrollado herramientas de gestión del riesgo, como los mapas de microzonificación sísmica, que permiten identificar las zonas donde las ondas sísmicas pueden amplificarse debido a las características del suelo. Por ejemplo, sectores de Chorrillos, los Pantanos de Villa o el Lomo de Corvina, en Villa El Salvador, presentan condiciones geotécnicas que incrementan el riesgo.

En zonas como Lomo de Corvina existe otro problema: muchas viviendas se han construido sobre una gran duna de arena. Si durante un sismo colapsan las redes de agua y desagüe, el suelo puede saturarse y producir un fenómeno similar a la licuación, perdiendo capacidad para soportar el peso de las edificaciones.

Algo parecido ocurrió durante el terremoto de Pisco de 2007 en Tambo de Mora. Allí las viviendas estaban construidas sobre un terreno arenoso con un nivel freático alto. El movimiento sísmico hizo que el suelo perdiera resistencia y muchas viviendas terminaron hundiéndose.

Otro riesgo importante es la ocupación de las laderas de los cerros. Muchas familias excavan parte del terreno y construyen una parte de la vivienda sobre el cerro y otra sobre rellenos improvisados, incluso utilizando pircas o llantas como soporte. Aunque la construcción superior pueda ser adecuada, la cimentación queda asentada sobre una base muy inestable, lo que incrementa significativamente el riesgo de colapso durante un sismo.

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