viernes, enero 16

En un salón lleno de jóvenes que sueñan en grande, Marina Mora celebra un aniversario que parece también un viaje personal: el Miss Teen Model Perú cumple quince años. Una cifra redonda que suena a madurez y a oficio.

Marina no solo dirige un certamen; ha construido un espacio donde la belleza convive con la disciplina. Este año son 27 finalistas —elegidas entre más de 150 jóvenes— las que disputarán la corona este 30 de noviembre. Una edición más grande, más exigente, con más actividades sociales, porque, insiste, “una reina es mucho más que talento y belleza”.

Antes de ser Miss Perú, Marina era una adolescente que prefería la pasarela de alta costura a los reinados. Hasta que a los 17 años ese mundo la atrapó. Viajó representando al país por primera vez. Después llegaría el Miss Mundo 2002, el orgullo de quedar a un paso del título y la certeza de que ese esfuerzo —el silencioso, el que nadie ve— también tenía su recompensa.

Me sentí orgullosa porque ese resultado fue fruto de años de trabajo y disciplina. Dejé todo por el certamen: mi carrera en la televisión, el modelaje, todo. Me dediqué por completo a prepararme y a realizar obras sociales durante el año y medio que duró mi reinado. Y allí entendí que cada esfuerzo, cada renuncia, había valido la pena”, señala.

De aquel recorrido guarda lecciones que hoy intenta transmitir: la resistencia, la mentalidad, la capacidad de sostener un sueño aun cuando siente que todo está en su contra.

Ellas aprenden que la competencia no es solo externa, sino interna”, afirma sobre las chicas que se forman en su escuela. Tal vez por eso, figuras como Luciana Fuster o Ivana Yturbe encontraron en este certamen un entrenamiento temprano, duro y a la vez amoroso, que las preparó para escenarios mayores.

Marina asegura que los concursos de belleza no son los mismos que cuando se inició en los desfiles. Hoy, dice, las redes sociales han modificado el vínculo con el público: más cercanía, más transparencia y más capacidad de mostrar no solo quiénes son, sino qué defienden. Y también más responsabilidad. Porque si algo subraya es que las jóvenes participan porque les gusta y encuentran en estos espacios oportunidades reales de crecimiento.

Tolerancia cero

Asimismo reconoce que existen casos que la dañan —como el reciente incidente del Miss Universe 2025, donde la representante de México, Fátima Bosch, fue públicamente humillada por el empresario tailandés Nawat Itsaragrisil.

Actitudes como la de ese directivo desvirtúan por completo los certámenes y alimentan críticas que muchas veces nacen de la desinformación. Que alguien trate así a una concursante da pie a que digan: ‘Esto es lo que pasa en los concursos’, cuando no es la realidad. Es un caso aislado, pero personas así no deberían trabajar en esta industria. Si un director mío actuara de esa manera, no duraría ni un segundo en la organización. Creo que Miss Universo debe tomar cartas en el asunto y retirar a ese señor. Esto debe servir para que las jóvenes sepan que pueden decir no, alzar la voz y reclamar cuando algo no es correcto”, afirma.

Y quizá por eso, cuando se le pregunta por el legado que quisiera dejar, responde sin discursos grandilocuentes: oportunidades. Oportunidades que transformen, que permitan estudiar, trabajar, emprender, abrir caminos propios. Oportunidades que, en un plano más profundo, alejen a las jóvenes de dependencias emocionales y económicas que tantas veces sostienen círculos de violencia.

Su trabajo —dice— busca romper es, desactivar desde la formación los silencios que antes parecían inevitables. A los organizadores internacionales les envía un mensaje directo: conciencia, responsabilidad, humanidad. Que recuerden que detrás de cada reinado hay una adolescente con un sueño legítimo, y que ningún objetivo comercial justifica dañar esa ilusión.

Además…

La gala preliminar del Miss Teen Model 2025 se realizará el 21 de noviembre. La final será el 30 en la Casa de la cultura de Sana Miguel.

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