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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha elevado la presión sobre Irán para forzarlo a negociar un nuevo acuerdo sobre su programa nuclear y otros asuntos considerados estratégicos. En ese contexto, no solo endureció su retórica con amenazas explícitas de un ataque militar, sino que además reforzó la presencia de fuerzas estadounidenses en el Golfo Pérsico al ordenar el despliegue del portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln, acompañado por su grupo de ataque, que incluye destructores lanzamisiles clase Arleigh Burke y otros buques de guerra. La demostración de fuerza busca reforzar la disuasión, pero abre una incógnita central: si Teherán, tras los golpes sufridos en 2025 por parte de Israel, conserva o no la capacidad militar suficiente para responder a un eventual ataque directo estadounidense, y cómo sería esa respuesta.
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Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), Israel destruyó entre el 35 % y el 45 % de ese arsenal de misiles balísticos. Sin embargo, tras el conflicto Irán ha estado reconstituyendo su arsenal para llegar a los niveles previos a la guerra, por lo que un ataque estadounidense interrumpiría ese esfuerzo.
El ISW también sostiene que Irán ha tomado medidas para reconstruir su programa nuclear y reforzar sus instalaciones nucleares contra futuros ataques aéreos, tal como pasó en la “guerra de los 12 días” con el bombardeo de Estados Unidos contra sus centrales subterráneas como la de Fordow.

La planta de enriquecimiento de uranio de Fordow en Irán el 19 de junio de 2025 (arriba), y tras los ataques estadounidenses en el lugar el 22 de junio de 2025. (AFP).
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De acuerdo con el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional, Irán está recubriendo una instalación recién construida en Taleghan 2, en el Complejo Militar de Parchin, con un “sarcófago” de hormigón para reforzarla contra posibles ataques aéreos.
La inteligencia estadounidense también ha descubierto que Irán está tratando de reconstruir sus instalaciones nucleares “a mayor profundidad”, de acuerdo con CNN.
En ese contexto de amenazas cruzadas, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, aceptó esta semana negociar con Estados Unidos.
Sin embargo, Trump no solo quiere que Irán ponga fin a su programa nuclear. También busca la limitación del alcance y del número de sus misiles balísticos, y el fin del apoyo a grupos regionales aglutinados en el Eje de la Resistencia, del cual forman parte Hamás, Hezbolá, los hutíes de Yemen y milicias de Irak y Siria.
Irán, entre la debilidad militar y la tentación de cruzar la línea nuclear
El Comercio conversó sobre la compleja situación de Irán y su capacidad de respuesta militar con Henrique Cymerman, un destacado periodista israelí de origen portugués y español, reconocido por su extensa cobertura del conflicto en el Medio Oriente.

El periodista Henrique Cymerman.
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Cymerman sostiene que Irán está debilitado militarmente, pero no neutralizado. Su estrategia actual está centrada en ganar tiempo y avanzar en su programa nuclear. El periodista considera que la “guerra de los 12 días” con Israel y los bombardeos finales de Estados Unidos representaron “el golpe más fuerte que ha recibido la República Islámica desde la Revolución de 1979”.
Según Cymerman, durante ese conflicto la Fuerza Aérea israelí logró un control total del espacio aéreo iraní durante casi dos semanas, pese a que Irán es un país “ochenta veces más grande que Israel”. Ese dominio permitió atacar instalaciones nucleares estratégicas y degradar parte del arsenal misilístico iraní, incluidos misiles balísticos, además de golpear severamente a sus aliados regionales, el llamado “Círculo de Fuego”.

Una columna de humo se eleva a lo lejos desde una refinería de petróleo tras un ataque israelí contra la capital iraní, Teherán, el 17 de junio de 2025. (Foto de ATTA KENARE / AFP).
/ ATTA KENARE
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Sin embargo, el analista advierte que Teherán no abandonó su estrategia central: cruzar la “línea de no retorno” en el plano nuclear. En su visión, el régimen iraní busca replicar el modelo de Corea del Norte, convencido de que contar con capacidad nuclear le otorgaría una forma de inmunidad frente a ataques militares directos de Estados Unidos o Israel. “Siguen intentándolo de manera silenciosa”, señala.
En paralelo, Irán trabaja en la reconstrucción acelerada de su poder misilístico. Durante la guerra, lanzó unos 550 misiles contra Israel y, según Cymerman, alrededor de 70 lograron impactar. La lección para Teherán habría sido clara: debe aumentar el número de proyectiles capaces de evadir los sistemas de defensa israelíes, una amenaza que el analista define como real y persistente.

Judíos ultraortodoxos inspeccionan los daños en el lugar de un ataque con misiles iraníes en Bnei Brak, al este de Tel Aviv, el 16 de junio de 2025. (Foto de JOHN WESSELS / AFP).
/ JOHN WESSELS
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Aun así, Cymerman subraya que el régimen enfrenta su momento interno más crítico desde 1979, con una oposición social mayoritaria y una fragilidad política creciente. En ese contexto, considera poco probable que Irán opte por una respuesta directa y masiva contra Tel Aviv si Estados Unidos lanza un ataque, ya que eso provocaría una reacción devastadora que podría poner en riesgo la supervivencia del propio régimen.

Los sistemas de defensa aérea israelíes se activan para interceptar misiles iraníes sobre la ciudad israelí de Tel Aviv la madrugada del 18 de junio de 2025. (Foto de Menahem Kahana / AFP).
/ MENAHEM KAHANA
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“Si atacan Tel Aviv, saben que en ese momento no solo tendrán al ejército estadounidense, sino tendrán cientos de aviones israelíes sobrevolando el espacio aéreo iraní. Ellos no tienen forma de defenderse… Israel atacaría con todo, y eso provocaría quizás sí la caída del régimen, o la desaparición del régimen, que en el fondo es lo único que les importa proteger, la supervivencia del régimen y la hegemonía dentro de lo posible en el Medio Oriente”, indica Cymerman.
La alternativa más probable, sostiene, sería una represalia limitada o indirecta: ataques simbólicos contra Israel, golpes contra bases estadounidenses en países del Golfo —como Qatar, Bahréin o Emiratos Árabes Unidos— o acciones contra aliados regionales de Washington. “Algo tendrán que hacer”, afirma, aunque cuidando no cruzar un umbral que desencadene una ofensiva total.

Una imagen del presidente estadounidense Donald Trump es quemada por manifestantes durante una manifestación antiestadounidense frente al consulado estadounidense en Estambul el 1 de febrero de 2026. (Foto de Yasin AKGUL / AFP).
/ YASIN AKGUL
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En cuanto al programa nuclear, Cymerman cree que la disposición de Irán a dialogar con Estados Unidos responde a una táctica clara: ganar tiempo y diluir la presión militar. Teherán podría aceptar límites parciales al enriquecimiento de uranio y mayor supervisión internacional, pero difícilmente cederá en dos pilares estratégicos: su programa de misiles balísticos y el apoyo a sus aliados armados en la región, como Hezbolá, milicias proiraníes en Siria e Irak, y grupos palestinos.

Un camión militar de Irán transporta partes de un misil Sayad 4-B junto a un retrato del líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, durante un desfile militar en Teherán, el 17 de abril de 2024. (Foto: ATTA KENARE / AFP).
/ ATTA KENARE
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“La renuncia definitiva al programa nuclear, como exige Donald Trump, no la veo posible”, sostiene. Y añade un factor clave para entender la cautela internacional: la taqiyya, un principio doctrinal que permite ocultar o disimular intenciones en función de la supervivencia del régimen.
Por eso, concluye Cymerman, no es optimista respecto a un acuerdo duradero, salvo que Irán se sienta realmente “contra la pared”. En ese escenario, advierte, Israel se prepara siempre para el peor escenario posible y asume que la amenaza iraní, aunque debilitada, sigue viva.















