El nuevo Congreso tendrá dos cámaras con seis bancadas. Si bien son la mitad de bancadas con las que se cierra el actual período unicameral, esto no garantiza una reducción de las prácticas de transfuguismo normalizadas en los últimos años. Es cierto que el nuevo reglamento establece que solo se formen bancadas al inicio del período entre quienes participaron de la elección y que no se incremente el número durante el mandato. Sin embargo, por una única vez, un senador o diputado podrá irse a otro grupo –distinto del que fue elegido– que ya esté establecido. Los que renuncien formarían parte del denominado ‘grupo mixto’, que no tendrá el beneficio de asesores ni de oficinas.
En el papel, la normativa luce adecuada. El problema es que nada garantiza que el Congreso bicameral mantenga el reglamento dejado por la representación unicameral. En efecto, los nuevos parlamentarios podrían introducir cambios o rehacer el reglamento a su medida.
¿Cómo medir los índices de transfuguismo en un Parlamento nuevo? Un indicador es mirar las facciones al momento de su instalación y monitorear su comportamiento y posibles conflictos. Como sucedió con Perú Libre en el 2021, cuando era visible el bloque de profesores que formó su propia bancada. Esto resulta más visible cuando tienes marcas partidarias nuevas (creadas en los últimos cinco años), o incluso con marcas más antiguas, pero que hemos podido ‘trackear’ su comportamiento en el último período legislativo.
En este bloque tenemos a Fuerza Popular, Renovación Popular y Juntos por el Perú. En el caso de los fujimoristas, existe la división entre ‘keikistas’ y ‘albertistas’ que en los últimos años han sabido convivir sin mayores problemas: la ‘bankada’ no ha vuelto a sufrir fugas masivas como en el período 2016-2019, pero lo más probable es que veamos escenarios como el del 2019-2020, con una facción populista y otra de técnicos del partido, sobre todo en temas económicos (en aquel período, el segundo grupo era pequeño, pero votaba en contra o en abstención en medidas como el retiro de las AFP).
En Renovación Popular hay hasta tres facciones: el partidario dirigido por Norma Yarrow, el religioso liderado por Alejandro Muñante (ambos con enfrentamientos tras bambalinas en la campaña) y un tercero de independientes más técnicos, en el que están Roxana Rocha o Lourdes Alcorta.
Juntos por el Perú también tiene tres facciones: los allegados partidarios de Roberto Sánchez, los castillistas (familiares y afiliados al partido de Pedro Castillo) y congresistas independientes que lograron la reelección.
Ahora Nación, Partido del Buen Gobierno y Obras lucen dos facciones: los miembros del partido y los independientes invitados. Este tipo de facciones no suele presentar mayor problema, pero igual existe el riesgo de reacomodos.
En total, son seis bancadas y catorce facciones. La única forma de que estas facciones no se conviertan en nuevas bancadas o ‘grupos mixtos’ es mantener inamovible el reglamento que pone candado al transfuguismo.
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