En pocos países de la región la fiebre del K-pop se vive con la intensidad con que la han abrazado los fanáticos en el Perú. Por eso, cuando un compatriota fue elegido como integrante de Santos Bravos, el primer grupo latino de HYBE, una de las empresas líderes de la industria surcoreana, la emoción se tradujo en un apoyo masivo. Pero sería mezquino decir que el furor que se vivió la noche del domingo 24 de mayo, durante el primer concierto de la banda en Lima, respondió únicamente al patriotismo.
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Lightsticks, chants y coreografías al más puro estilo de los conciertos de K-pop marcaron una noche que comenzó pocos minutos después de las siete y reunió, principalmente, a una audiencia joven. La primera canción fue “0%”, el tema con el que el quinteto debutó en octubre del 2025. Entre el mar de carteles destacaban mensajes ingeniosos, aunque el más repetido era el ya clásico “Perú es clave”, una declaración que anticipaba una audiencia conectada de principio a fin.
Y así fue. Tras “0%” llegó “MHM”, otro de los temas más populares de “DUAL”, el EP debut que Santos Bravos lanzó poco antes de iniciar su recorrido por festivales. En poco tiempo, el disco logró abrirse paso entre los seguidores gracias a sus coros pegajosos y a unas coreografías que el público parecía conocer al detalle.
En la primera interacción con los asistentes, cada integrante siguió la dinámica habitual de presentarse ante el público. Sin embargo, para Alejandro Aramburú las palabras adquirieron un significado distinto. La voz se le entrecortó al decir: “Hola, soy Alejandro y soy de Lima, Perú”. Las banderas se agitaron y los gritos alcanzaron niveles ensordecedores. “Yo soy del barrio de Surco y estar acá ahora es una locura”, continuó.
Para la tercera canción se sumó una pequeña banda de acompañamiento, integrada por un tecladista y un guitarrista, que reforzó la sensación de estar frente a una presentación completamente en vivo, una característica que ha distinguido las apariciones públicas del grupo. Siguieron entonces “Suave”, el cover de Luis Miguel que interpretaron en el ‘reality’ donde se seleccionó a sus integrantes, y “Velocidade”, el inesperado éxito en portugués impulsado por la presencia del brasileño Kauê Penna.
Luego se proyectó un breve documental sobre la preparación del quinteto para el Estéreo Picnic 2026, su primera experiencia en un gran festival. Hasta entonces, los artistas habían recorrido eventos destacados como el propio festival colombiano y el Tecate Emblema de México con un formato reducido de media hora. Lima, en cambio, representó otro hito: aquí ofrecieron su primer concierto de larga duración.
Durante una hora y media, Santos Bravos alternó sus canciones originales con una serie de covers cuidadosamente elegidos. Además de recuperar dos temas que marcaron su etapa como ‘trainees’, nombre que reciben en el K-pop los artistas que aún se encuentran en formación antes de debutar. Cada integrante tuvo un espacio en solitario. El recurso no solo permitió apreciar las fortalezas individuales de cada miembro, sino también conectar con la audiencia a través de repertorios especialmente significativos para el público local.
El mexicano Kenneth Lavill interpretó “Canta corazón”, composición del peruano Gianmarco Zignago. Drew Venegas apostó por una versión de “YUKON” de Justin Bieber, que incluyó un solo de guitarra de Alejandro Aramburú. Kauê Penna, declarado admirador de Michael Jackson, demostró estar a la altura de esa influencia con una emotiva interpretación de “Human Nature”, mientras que el puertorriqueño Gabi Bermúdez desplegó carisma y baile con “Salomé”, de su compatriota Chayanne.
El último en aparecer fue Aramburú. Lo hizo vistiendo la camiseta de Lapadula y acompañado de “Me estoy enamorando”, de Pedro Suárez-Vértiz, provocando una auténtica celebración rockera en el recinto. Después, todos regresaron al escenario para interpretar “Cariñito”, la cumbia de Ángel Aníbal Rosado García que se ha convertido en una suerte de himno para los artistas internacionales que visitan el país. La bandera rojiblanca volvió a ondear entre el público y encontró eco en el vestuario de los integrantes, que aparecieron con prendas en los colores nacionales.
La noche todavía guardaba algunas sorpresas. Entre ellas, la aparición de los conductores de “Somos lo que somos”, programa de streaming de Zaca TV, quienes grabaron contenido en vivo para las redes sociales del grupo junto a los asistentes. Más adelante llegaron las despedidas, acompañadas por otras canciones de su repertorio: la balada “FE” y las bailables “WOW” y “Kawasaki”.

(Foto: El Comercio/ Melvyn Arce)
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“Santos Bravos no sería lo mismo sin el público del Perú”, afirmó Gabi Bermúdez en una de sus últimas intervenciones. No parecía una frase de compromiso. Según cifras de streaming compartidas por el propio grupo, el país figura junto a México entre los mercados que más escuchan su música.
Desde su debut, Santos Bravos ha avanzado a una velocidad poco común. HYBE no le ha planteado desafíos menores a esta ‘boy band’. Basta recordar que su primer concierto oficial fue en el Auditorio Nacional de México, uno de los escenarios más importantes de la región. Desde entonces no han dejado de acumular experiencia.
Y se nota. Cada reto parece haber acelerado su crecimiento. En vivo, los cinco integrantes exhiben herramientas que escasean incluso en proyectos mucho más consolidados: voces sólidas, química grupal, disciplina escénica y una capacidad notable para conectar con el público. Todavía tienen un repertorio breve y una carrera que recién comienza, pero ya transmiten algo más difícil de construir que una coreografía para pegar en TikTok o un coro memorable: la sensación de estar presenciando el nacimiento de un fenómeno y, quizás, el final de la mala racha de las ‘boy bands’ latinas que, desde Menudo, buscan a un digno sucesor.














