domingo, agosto 30
Santa Rosa de Lima | Patrona de América | Día de la Santa Rosa | Parroquia de Santa Rosa en Lince | Puente Santa Rosa | Rímac | Lince | 1960 | nnsp | EL COMERCIO PERÚ

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

A la una y cuarto de la tarde de ese 30 de agosto de 1960, el distrito de Lince vivía una jornada de profunda emoción espiritual con la bendición de su primer templo parroquial dedicado a la Patrona de América, Santa Rosa de Lima. La solemne ceremonia, marcada por la presencia eclesiástica y el fervor de miles de linceños, entrelazó sus campanas con el gran hito vial de Lima, el “Puente Santa Rosa” que, horas más tarde, ya en la noche, coronaría la misma fecha histórica a la luz de sus potentes reflectores.

SANTA ROSA: EL AMANECER DE UNA FECHA SAGRADA Y EL PULSO DE LA GRAN LIMA

Había en el aire limeño de aquel feriado martes 30 de agosto de 1960 una atmósfera densa de devoción y expectativa urbana. Mientras los diarios matutinos revelaban con crudeza los informes de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) sobre la escasez calórica nacional, las calles se preparaban para rendir homenaje a la rosa de los altares peruanos.

LEE ADEMÁS: Semana Santa: sus primeras celebraciones en Lima, cuando no se festejó un Domingo de Ramos y su evolución con la llegada de Internet al Perú

La ciudad entera respiraba un fervor inusual, dividida espiritualmente entre el recogimiento litúrgico y el rugir sordo de las grandes obras de cemento armado que prometían transformar el rostro de la metrópoli limeña. Desde las primeras horas de la mañana, la Catedral de Lima y los diversos puntos neurálgicos de la capital congregaron a multitudes que buscaban conmemorar la festividad de Santa Rosa de Lima.

Por la mañana, el 30 de agosto de 1960, el Cardenal Richard Cushing, Arzobispo de Boston, acompañó a nuestro Cardenal Juan Landázuri Ricketts a los actos oficiales por el día de Santa Rosa en la Catedral de Lima. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

/ EL COMERCIO

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

El Comercio publicó el mismo 30 de agosto todas la actividades oficiales de esa jornada en torno a la figura sagrada de Santa Rosa de Lima. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

El Cardenal Richard Cushing, Arzobispo de Boston y Legado Papal, oficiaba una misa pontifical en el templo mayor ante la presencia del jefe del Estado, Manuel Prado Ugarteche, y su gabinete ministerial. Era el preludio de una jornada doblemente bendecida que dejaría una huella imborrable en la memoria colectiva del país.

Mientras el centro histórico de Lima vivía la solemnidad de los cánticos gregorianos y los acordes del Himno Nacional interpretados desde el altar mayor de la Catedral, los distritos periféricos experimentaban un crecimiento demográfico y urbanístico sin precedentes. Lince, convertido en un polo residencial dinámico y pujante, aguardaba con el corazón en la mano el momento central de su propia historia religiosa. La feligresía local, tras años de sacrificios económicos y colectas vecinales, estaba a punto de ver coronado su más anhelado sueño espiritual: tener su propia parroquia dedicada a Santa Rosa.

SEPA TAMBIÉN: Semana Santa: el caso de Lima y su antigua forma de vivir el Viernes Santo | FOTOS

El contraste social y urbano de aquel día se manifestaba en cada esquina, donde los ciudadanos debatían tanto los pormenores políticos del momento como la urgencia de dotar a Lima de una infraestructura moderna. En el Cercado de Lima y en el distrito del Rímac, el ambiente festivo se entrelazaba con la agitación propia de una urbe que crecía vertiginosamente. Las tómbolas, los desfiles de antorchas y los preparativos para la gran inauguración nocturna del puente que llevaría el nombre de la santa peruana ya convocaban la atención general.

Luego de su misa en la Catedral, la imagen de Santa Rosa de Lima salió en procesión por la Plaza de Armas rumbo a su santuario en la av. Tacna, una cuadras más abajo. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

/ EL COMERCIO

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

Así, el calendario marcaba una cita ineludible con el progreso y la fe, dos fuerzas que en el Perú de 1960 parecían avanzar de la mano en medio de los grandes retos nacionales. La figura de Santa Rosa de Lima no era solo un símbolo de devoción íntima, sino también el eje aglutinante de una comunidad que buscaba en la religiosidad y en las obras públicas un bálsamo para sus cotidianas dificultades. Y el escenario estaba listo para que los acontecimientos se sucedieran con la precisión de los hechos históricos.

A pocos minutos de cumplirse el mediodía, las comitivas oficiales y los dignatarios eclesiásticos comenzaron a desplazarse hacia los puntos clave de la capital. El desplazamiento vehicular por la avenida Arequipa y las arterias hacia Lince anticipaba la magnitud de la concurrencia que abarrotaría los exteriores de la nueva parroquia. El fervor popular no conocía de clases sociales; todos querían ser testigos de la consagración del primer templo parroquial levantado bajo la advocación de Santa Rosa de Lima en aquel animado distrito.

MIRA ADEMÁS: Semana Santa: cuando la figura de Cristo pasea en un burro durante el Domingo de Ramos

SANTA ROSA: LA CONSAGRACIÓN DEL TEMPLO Y LA PLEGARIA ENCENDIDA EN LINCE

Eran exactamente la 1 y 15 minutos de la tarde del 30 de agosto de 1960 cuando el Cardenal Richard Cushing –acompañado por el Nuncio Apostólico, Monseñor Rómulo Carboni, y el Arzobispo de Lima, Monseñor Juan Landázuri Ricketts– hizo su solemne ingreso al nuevo templo parroquial de Lince. La obra, impulsada por los sacerdotes de la congregación de Maryknoll y financiada casi íntegramente por los propios vecinos del distrito, representaba una inversión de dos millones y medio de soles. El recinto desbordaba alegría y devoción bajo la mirada atónita de los fieles.

Imagen tomada desde atrás del altar de la nueva parroquia consagrada a Santa Rosa de Lima en Lince, el día de su inauguración el 30 de agosto de 1960. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

/ EL COMERCIO

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

En el santuario ricamente adornado, el prelado norteamericano tomó asiento mientras el párroco de Santa Rosa, el reverendo padre John J. Lawler (“padre Juan”, para toda la vida en Lince), su compatriota, coordinaba los detalles litúrgicos de la ceremonia inaugural. La multitud que abarrotaba las naves del templo prorrumpía en aplausos constantemente, celebrando la culminación de un esfuerzo comunitario que había demandado años de perseverancia. Los cánticos religiosos interpretados por el coro del Colegio Parroquial Santa Rosa, dirigido por la congregación de Maryknoll, elevaron el espíritu de los presentes a alturas casi celestiales.

El momento cumbre de la ceremonia llegó cuando el Cardenal Cushing tomó la palabra para dirigirse a la feligresía asistente, expresando su profundo afecto por el Perú y su admiración por la obra eclesiástica realizada. A través de la traducción del padre Lawler, el purpurado anunció sorpresivamente la donación personal de cinco mil dólares —equivalentes a unos 135 mil soles de la época— provenientes de la Curia de Boston para amortizar las deudas de construcción. El anuncio desató una ovación estruendosa que hizo vibrar los cimientos del templo.

MÁS INFORMACIÓN: Tacna, la Ciudad Heroica, volvió al Perú hace 97 años: crónica gráfica de una jornada inolvidable | FOTOS

Cushing recordó con emoción que en la ciudad de Boston ya existían tres parroquias dedicadas a Santa Rosa de Lima, siendo la de Lince la primera de Sudamérica en llevar ese título con categoría parroquial autónoma. Asimismo, formuló fervientes votos para que el Perú estableciera en el futuro un seminario formador de sacerdotes Maryknoll no solo para abastecer la demanda local, sino para proyectar misioneros hacia el extranjero. Su discurso estuvo impregnado de un carisma singular que cautivó por completo a la concurrencia linceña.

Ingreso de las autoridades eclesiásticas a la parroquia en Lince. En medio, los monseñores Cushing y Landázuri, y más cerca, hacia la izquierda, con lentes, el querido «Padre Juan» de la parroquia. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

/ EL COMERCIO

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

El Comercio informó a sus lectores sobre todas las actividades de ese día, especialmente en el centro histórico, en Lince y en el Rímac. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

La misa solemne prosiguió con la administración de la sagrada comunión a centenares de feligreses que se acercaban con devoción al altar mayor. Afuera, en las calles aledañas (Almirante Guisse, Joaquín Bernal y Julio C. Tello), los vecinos continuaban agolpados intentando captar cada palabra transmitida por los altavoces, en una demostración palpable de fe colectiva. La organización y el orden imperaron gracias al resguardo policial y a las recomendaciones constantes emitidas desde el estrado para evitar aglomeraciones peligrosas.

Al concluir los actos litúrgicos, las autoridades eclesiásticas y civiles compartieron un vino de honor en las instalaciones parroquiales, donde se intercambiaron impresiones sobre el significado histórico de la jornada. El primer templo de Santa Rosa en Lince quedaba oficialmente consagrado, consolidándose como un refugio espiritual y visto desde entonces como el “corazón arquitectónico y social” de un distrito en pleno ascenso demográfico. La tarde avanzaba con la certeza de que el día aún guardaba su capítulo más deslumbrante.

LEE TAMBIÉN: La primera Fiesta de la Vendimia del Perú: así se celebró en Surco en 1937 | FOTOS

SANTA ROSA: EL OCASO LIMEÑO Y EL PRELUDIO DE LA GRAN OBRA VIAL

El sol comenzaba a retirarse en el horizonte limeño, y la atención de la ciudadanía empezó a desplazarse hacia la zona norte de Lima, donde las márgenes del río Rímac se aprestaban a vivir una noche histórica. El municipio limeño, bajo la batuta del alcalde Héctor García Ribeyro y con el diseño del arquitecto Ernesto Aramburú Menchaca, había culminado la construcción del imponente “Puente Santa Rosa”. Una obra vial largamente anhelada que demandó una inversión aproximada de once millones de soles.

Dos imágenes de la iglesia Santa Rosa en Lince, con el padre Juan Lawler en su homilía, y monseñor Cushing, Arzobispo de Boston, como invitado especial. Ambos religiosos Maryknoll. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

El proyecto, concebido desde los tiempos del escritor limeñista Manuel Atanasio Fuentes (s.XIX), y que buscaba para 1960 descongestionar el tráfico vehicular y unir el Cercado con el Rímac, a través de la avenida Tacna, era ya una palpable realidad de concreto armado. Los diarios vespertinos y flashes informativos de ese glorioso día, de hace 66 años, destacaban la magnitud de la estructura, equipada con un moderno sistema de iluminación mediante luz blanca mercurial. Miles de limeños, contagiados por la euforia de la festividad, empezaron a congregarse masivamente a ambos extremos del río.

Minutos antes de las siete de la noche, la atmósfera en torno al nuevo viaducto era de efervescencia absoluta. Una valla de protección y numerosas alambradas custodiaban el estrado oficial levantado cerca de los restos de la antigua iglesia y el muro histórico del santuario de Santa Rosa. La banda de la Guardia Republicana ejecutó con gallardía la Marsellesa y la Marcha de Banderas, mientras la multitud prorrumpía en vítores y aplausos al compás de la llegada de las máximas autoridades de la nación.

SEPA ADEMÁS: Cuando el cine japonés conquistó la Lima de los años sesenta: la llegada de dos grandes estrellas en fotos inéditas

El presidente de la República, Manuel Prado Ugarteche, hizo su arribo al promediar las siete de la noche, acompañado por su esposa, los ministros de Estado y los alcaldes de la Gran Lima. La presencia del jefe del Estado realzó la ceremonia de inauguración, convirtiéndola en un acontecimiento político y social de primer orden. Los discursos oficiales no se hicieron esperar, destacando el esfuerzo municipal y la necesidad imperiosa de vertebrar una ciudad que superaba el millón y medio de habitantes.

Fachada de la parroquia de Santa Rosa de Lima, en Lince, e interior de su hermosa nave con sus delicados vitrales, hasta hoy bien conservados. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

El alcalde Héctor García Ribeyro tomó la palabra para historiar los antecedentes del proyecto, recordando que la necesidad de un nuevo puente junto al santuario rosarino era un clamor histórico que databa de un siglo atrás. A su turno, las autoridades ponderaron la solidez de la infraestructura y su capacidad para soportar el creciente flujo automotriz que conectaba las avenidas centrales con las llamadas entonces “barriadas” y urbanizaciones del norte limeño. La tensión festiva se palpaba en cada rostro.

El momento culminante de la ceremonia nocturna se cristalizó con el tradicional corte de cinta bicolor y la bendición oficial impartida por los altos dignatarios de la Iglesia. Inmediatamente después, el presidente Prado y su comitiva oficial abordaron los vehículos oficiales e inauguraron el paso vehicular cruzando la estructura entre nubes de luz mercurial. Detrás de ellos, una marea humana incontrolable rompió las vallas de seguridad para convertirse en la primera legión de peatones en transitar por el puente.

MIRA TAMBIÉN: ¿Eran los Beatles de verdad? Cuando los “American Beetles” pisaron Lima en 1964

SANTA ROSA: EL JÚBILO POPULAR Y EL ECO ETERNO DE UN 30 DE AGOSTO

La noche del 30 de agosto de 1960 se transformó en una verdadera fiesta popular en los alrededores del “Puente Santa Rosa” y las faldas del río Rímac. La multitud, estimada en miles de personas, celebró la apertura del paso vial entre risas, cánticos y la instalación improvisada de verbenas populares.

El trabajo sobre el «Puente Santa Rosa» fue arduo, pero todo estuvo listo la noche del 30 de agosto de 1960. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

Lo que más llamó la atención de los asistentes esa noche mágica fueron las potentes luces que iluminaron el puente y varias cuadras más allá. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

En los alrededores, grupos de vivanderas, tómbolas benéficas, juegos mecánicos y puestos de venta de cerámica tradicional le otorgaron al paisaje urbano limeño un colorido y una alegría desbordantes que desafiaban la oscuridad nocturna.

Aquel despliegue de luz blanca sobre el cauce del río Rímac simbolizaba la modernidad a la que aspiraba el Perú de mediados del siglo XX. La crónica de El Comercio inmortalizó el momento en imágenes aéreas donde se observaba la magnitud del viaducto atestado de ciudadanos entusiastas. La jornada que había comenzado al mediodía con la sobriedad del templo en Lince encontraba así su contraparte laica y monumental en el corazón mismo del centro histórico.

MÁS INFORMACIÓN: Universitario vs. U. de Chile: el día que el “Lolo Fernández” se inauguró con un partidazo de infarto en 1952 | FOTOS

De esta forma, la figura de Santa Rosa de Lima, invocada tanto en los altares solemnes de Lince como en las oraciones populares junto al nuevo puente rimense-limeño, se consolidó como el estandarte espiritual de una sociedad en camino a ser lo que es hoy: multitudinaria, creyente y popular.

Magnífica toma panorámica del «Puente Santa Rosa», que unió el Rímac con el Cercado de Lima. Se respiraba esa noche una extraña combinación de fe y progreso. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

La foto fantástica que el diario publicó al día siguiente con el «Puente Santa Rosa» en primer plano, y al lado la mención a la donación de monseñor Cushing a la parroquia de Lince. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)

El templo parroquial de Lince y el “Puente Santa Rosa” quedaron consagrados como hitos gemelos de un 30 de agosto de 1960 inolvidable, donde la fe religiosa y la ingeniería civil caminaron de la mano. La ciudad de Lima demostraba que, a pesar de los contrastes sociales y los informes desalentadores sobre la alimentación nacional, su espíritu festivo e idéntico fervor jamás decayeron.

La memoria colectiva rescató siempre el día en que Lince estrenó su parroquia santa y el Rímac se abrazó definitivamente con el Cercado bajo el sólido y luminoso puente. Fue, sin duda, una jornada redonda para la historia de Lima, en la que el eco de los discursos, las campanas de Lince y el crujir de los neumáticos sobre el nuevo puente persistieron como un recordatorio constante de lo que una comunidad unida puede lograr en aras del progreso y la devoción.

Conforme a los criterios de

Tipo de trabajo:

Lo último en Archivo El Comercio

Más sobre Santa Rosa de Lima

Share.
Exit mobile version