Desde que Sanae Takaichi se convirtió en primera ministra de Japón en octubre pasado, sacudió la política del archipiélago acostumbrado a hombres serios de saco y corbata. Pero ella, fan del heavy metal y de la batería, llegó al cargo más alto ejerciendo la política desde abajo y con un apoyo abrumador de los electores que le han dado carta abierta para emprender reformas históricas. Cercana a Donald Trump, suspicaz con China y con un discurso ultranacionalista y conservador, Takaichi quiere reescribir el rol de Japón en el turbulento tablero geopolítico global.
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“El hecho de que la votación que la llevó el poder sea el mejor resultado de la historia del PLD es un cheque en blanco del electorado para que ejecute las reformas que considere necesarias. No obstante, en un régimen parlamentario como el que tiene Japón, eso se mide a corto plazo entre las fuerzas políticas que están en el Congreso”, expresa el periodista y analista internacional Carlos Novoa.
Sin embargo, un aumento del gasto público -tal como ha anunciado- no sería la solución en un país con una deuda desorbitante, como han señalado algunos economistas nipones. “Japón se dirige a una catástrofe económica y fiscal, pero Takaichi no parece entenderlo”, señalaba a “El País” Koichi Nakano, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Sofía, de Tokio.
Pese a ello, los electores -sobre todo los jóvenes- prefieren darle el beneficio de la duda porque también ha tocado un tema que sigue siendo sensible en el país: el fin del pacifismo.
Takaichi no ha tenido rubor en pedir algo que sus antecesores no se animaron: modificar el artículo 9 de la Constitución que impide a Japón tener fuerzas armadas con poderío bélico, algo establecido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
“Mi gabinete pondrá fin a la prolongada práctica de excesiva austeridad fiscal e inversión insuficiente»
En estos meses, Takaichi ya ha incrementado el gasto en defensa hasta el 2% del PBI y se ha comprometido a gastar más. Su Gobierno también está considerando la adquisición de submarinos nucleares y ha anunciado planes para desregular aún más las exportaciones de armas.
Este cambio de perspectiva se enmarca en algo aún más complejo: la relación con China. Justamente, Takaichi enfadó a Beijing en noviembre pasado cuando señaló que un intento de China de apoderarse de Taiwán supondría una “amenaza existencial” para Japón, lo que justificaría el uso de las Fuerzas Armadas.
Para los chinos, el asunto de Taiwán supone una línea roja y en este caso no fue la excepción pues, de inmediato, Beijing exigió que Takaichi se retracte, algo que aún no ha hecho, tensando la cuerda entre los dos países.
“El nacionalismo de Takaichi y su idea de reforzar la defensa implica un cambio radical que eriza a la diplomacia china, más aún cuando la flamante primera ministra dejó de lado los modales diplomáticos para hablar del tema de Taiwán, asunto extremadamente delicado para China”, agrega Novoa.
Esta postura hacia China no es gratuita, pues va de la mano con el acercamiento que tuvo Takaichi con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con quien ha conectado muy bien desde el principio.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, junto al presidente estadounidense, Donald Trump, el 28 de octubre de 2025 Japón.
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“Ella es consciente que el crecimiento exponencial de China en los últimos treinta años le ha arrebatado a Japón la hegemonía en el Pacífico. Japón era la potencia económica y política en el Pacífico asiático hasta los años 90 incluso, pero China le ha quitado ese lugar. De ahí el alineamiento con Trump, y esa sintonía entre ambos no es casual. Trump necesita un aliado en Asia y qué mejor que Japón. Y Japón necesita un aliado en el mundo, y qué mejor que Estados Unidos. Entonces, ahí hay un doble juego de conveniencia”, añade Falla, quien también es docente de la Academia Diplomática del Perú.
De hecho, ella visitará al mandatario en Washington a mediados de marzo con el fin de reforzar el paquete de inversiones japonesas en Estados Unidos, previstas en 550.000 millones de dólares, que a la vez garantizan para Japón un arancel general del 15% a sus exportaciones. Un acuerdo que deja a los nipones fuera de la mira de las amenazas de Washington, pero que también le aporta a Trump un aliado clave en Asia.
“Ella ha conectado bien con Trump porque son gobiernos conservadores, de derecha y existe un apoyo de EE.UU. hacia estos grupos a nivel global. Japón y China son rivales históricos y para Trump tener como aliado a Japón es clave porque tiene cerca a China y es como una advertencia permanente”, señala Carlos Novoa.
La era Takaichi empieza con fuerza, pero la primera mujer en llegar al cargo debe convencer a sus compatriotas que fue la mejor opción para cumplir con las altas expectativas puestas sobre ella.













