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La reciente prueba exitosa del misil balístico intercontinental ruso RS-28 Sarmat, conocido como “Satán II”, volvió a colocar el riesgo nuclear en el centro de la atención geopolítica global. En medio de la guerra en Ucrania y del creciente enfrentamiento entre Rusia y Occidente, el presidente Vladimir Putin presentó el ensayo como una demostración de fuerza estratégica y aseguró que el arma entrará en servicio antes de finalizar el año. Analistas advierten que el mensaje va más allá del plano militar: Moscú busca reforzar su capacidad de disuasión, presionar a Estados Unidos y la OTAN, y recordar que sigue siendo una potencia nuclear capaz de desafiar cualquier escudo antimisiles occidental.
El martes, Putin destacó las capacidades del Sarmat al afirmar que se trata del sistema de misiles “más potente del mundo”, con una capacidad cuatro veces superior a la de sistemas occidentales comparables.
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Según el Kremlin, el Sarmat puede superar cualquier escudo antimisiles enemigo y reemplazará al antiguo sistema soviético Voevoda.
Esta captura de video, tomada de un material distribuido por el Ministerio de Defensa ruso el 12 de mayo de 2026, muestra el lanzamiento de prueba del misil balístico intercontinental pesado de combustible líquido Sarmat. (Foto: Material distribuido / Ministerio de Defensa ruso / AFP).
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Putin también señaló que otros proyectos estratégicos rusos, como los misiles Poseidón y Burevestnik, están en su fase final de desarrollo.
La prueba se produce en medio de cuestionamientos al programa Sarmat, que sufrió retrasos por pruebas fallidas. Además, recientemente fue detenido por presunto soborno el director de Krasmash, empresa encargada de fabricar estos misiles.
El presidente ruso Vladimir Putin mantiene una reunión por videoconferencia con el comandante de las fuerzas de misiles del país, Sergei Karakayev, tras el exitoso lanzamiento de prueba del misil balístico intercontinental pesado Sarmat. (Foto de Mikhail METZEL / AFP).
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Al día siguiente, Putin insistió en que Rusia continuará modernizando su arsenal nuclear estratégico para desarrollar misiles capaces de superar los actuales y futuros sistemas antimisiles occidentales.
Durante una visita al Instituto de Tecnología Térmica de Moscú, responsable del diseño de misiles como Tópol, Bulavá y Yars, el presidente destacó que estos sistemas fortalecen la seguridad nacional y que también son utilizados en la guerra en Ucrania.
¿Cómo es el Satán II?
Esta captura de vídeo, tomada de un material distribuido por el Ministerio de Defensa ruso el 12 de mayo de 2026, muestra el lanzamiento de prueba del misil balístico intercontinental pesado de combustible líquido Sarmat. (Foto: AFP).
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El Sarmat, o “Satán II”, es un misil balístico intercontinental pesado (ICBM) desarrollado por Rusia como parte de la modernización de sus fuerzas nucleares estratégicas. Moscú sostiene que es capaz de superar cualquier sistema de defensa antimisiles occidental y de alcanzar objetivos prácticamente en cualquier parte del planeta.
El desarrollo del Sarmat comenzó a inicios de la década de 2010, en medio de los planes del Kremlin para renovar su arsenal nuclear tras el deterioro de las relaciones con Estados Unidos y la OTAN. El proyecto fue encargado al Centro Estatal de Cohetes Makéyev y fabricado por la empresa Krasmash.
Esta captura, tomada de un video distribuido por el Ministerio de Defensa ruso el 20 de abril de 2022, muestra el lanzamiento del misil balístico intercontinental Sarmat en el campo de pruebas de Plesetsk, Rusia. (AFP).
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La primera prueba de lanzamiento reconocida oficialmente por Rusia ocurrió en abril de 2022. En ese momento, Putin afirmó que el misil obligaría a “pensar dos veces” a los enemigos de Moscú.
Sin embargo, el programa enfrentó retrasos y reportes de pruebas fallidas antes del nuevo ensayo de mayo del 2026.
Autoridades rusas inspeccionan una fábrica militar que produce el misil intercontinental Sarmat en Krasnoyarsk en octubre del 2023. (Fotografía distribuida por el Ministerio de Defensa ruso y la AFP).
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Según datos difundidos por Rusia, el Sarmat tendría un alcance estimado de hasta 18.000 kilómetros, lo que le permitiría atacar objetivos en América del Norte, Europa o Asia desde territorio ruso.
El Kremlin asegura además que puede seguir rutas no tradicionales —incluyendo trayectorias sobre el Polo Sur— para evitar radares y sistemas de defensa.
El Sarmat puede llevar múltiples ojivas nucleares independientes (MIRV). Distintas estimaciones indican que podría transportar entre 10 y 15 cabezas nucleares, aunque la configuración exacta es secreta.
También tendría capacidad para portar vehículos hipersónicos Avangard, capaces de maniobrar a velocidades extremas para dificultar su interceptación.
El misil está diseñado para lanzarse desde silos subterráneos fortificados ubicados en territorio ruso. Estas instalaciones buscan garantizar la capacidad de respuesta nuclear incluso en caso de un ataque enemigo.
¿Qué lo hace diferente de otros misiles similares? Entre las características que Rusia destaca del Sarmat están: su enorme carga útil, el alcance intercontinental extremo, la capacidad para evadir escudos antimisiles, la posibilidad de transportar armas hipersónicas, sus trayectorias impredecibles y el alto poder destructivo.
Moscú sostiene que el misil es cuatro veces más potente que sistemas occidentales equivalentes, aunque expertos internacionales consideran que esta y otras afirmaciones podrían tener un componente propagandístico.
Rusia busca demostrar que su industria militar sigue intacta
La primera prueba de lanzamiento del misil balístico intercontinental RS-28 Sarmat. (Creative Commons).
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Para el analista Andrés Gómez de la Torre, especialista en temas de defensa e inteligencia, la prueba exitosa del “Satán II” tiene un claro trasfondo geopolítico y busca demostrar que Rusia mantiene intacta su capacidad militar estratégica pese al desgaste de la guerra en Ucrania.
“El contexto del anuncio de este sistema de armas misilístico estratégico es la intención rusa de demostrar que, pese al estancamiento militar y diplomático en el tema ruso-ucraniano, la industria militar rusa sigue teniendo capacidades y no ha sido mermada en lo que es su complejo militar industrial”, explicó a El Comercio.
El especialista recordó que el Sarmat es un misil balístico intercontinental de quinta generación que aún no ha entrado formalmente en servicio, aunque Rusia prevé incorporarlo a su arsenal hacia finales de 2026. Además, señaló que el sistema reemplazará a los antiguos misiles soviéticos SS-18 “Satán”.
Gómez de la Torre destacó que el Sarmat posee un alcance estimado de 18 mil kilómetros y capacidad para transportar múltiples ojivas nucleares, características que lo convierten en una de las armas estratégicas más importantes del arsenal ruso.
“Podría estar en capacidad de superar cualquier defensa antimisil”, afirmó.
Disuasión nuclear y guerra psicológica
Los países con armas nucleares. (AFP).
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Según Gómez de la Torre, la prueba del Sarmat también responde a una doctrina histórica de Moscú basada en la disuasión nuclear, la propaganda y la guerra psicológica, una estrategia que —afirma— se mantiene desde la Guerra Fría.
“La Federación Rusa sigue teniendo en mente generar una percepción de amenaza con el arma nuclear”, sostuvo.
A su juicio, el Kremlin busca reforzar la idea de que posee capacidad de “segundo golpe”, es decir, la posibilidad de responder con armamento nuclear incluso después de sufrir un ataque enemigo.
Explicó que el mensaje está dirigido especialmente a Estados Unidos y la OTAN, en momentos de alta tensión internacional.
Gómez de la Torre advirtió además que la reaparición del discurso nuclear podría impulsar una nueva etapa de competencia militar entre las grandes potencias.
“Hoy sigue vigente el arma nuclear como instrumento de política exterior, particularmente las armas estratégicas de largo alcance”, indicó.
El especialista añadió que, aunque en los últimos años la atención militar parecía concentrarse en tecnologías como los drones, la prueba del Sarmat demuestra que los misiles nucleares intercontinentales continúan siendo piezas centrales en el equilibrio geopolítico global.
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