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El descenso de la natalidad en Rusia se ha convertido en una problemática cada vez más severa, al punto de que su gobierno ahora busca enviar a consultas psicológicas a las mujeres que no quieren ser madres.
El descenso de la natalidad en Rusia se ha convertido en una problemática cada vez más severa, al punto de que su gobierno ahora busca enviar a consultas psicológicas a las mujeres que no quieren ser madres.
Esta decisión del Kremlin ha sido introducida mediante una directiva del Ministerio de Salud, que recomienda al personal médico derivar al psicólogo a aquellas ciudadanas que no desean tener hijos con el fin de “promover una actitud positiva respecto a la maternidad”.
El documento gubernamental indica los parámetros que debe seguir el procedimiento de evaluación de la salud reproductiva, que debería realizarse una vez por año, y establece que los médicos deben plantear a las pacientes desde los 18 hasta los 49 años acudir a estas consultas.

La guerra de Ucrania ha dejado de manifiesto la necesidad de Rusia por tener más población joven. (Foto: AFP)
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El monitoreo médico incluye un amplio cuestionario, que tiene como pregunta clave para las mujeres rusas “cuántos hijos desea tener”. En caso de que la respuesta sea “ninguno”, la directiva señala que se debe “recomendar la derivación a psicología clínica”.
Los nuevos procedimientos creados por el gobierno ruso también indican que los hombres deben presentarse a evaluaciones similares, pero no contempla intervención psicológica para ellos.
Esta no es la única medida que da cuenta de la desesperación de la administración de Vladimir Putin por incrementar la natalidad. Con anterioridad se han debatido otros mecanismos llamativos como la creación de un impuesto a la soltería, aprobado en primera instancia en el 2024 por la Duma, cámara baja del Parlamento ruso.
El proyecto de ley que impulsaban los congresistas rusos proponía multas equivalentes a 4.300 dólares para quienes no quisieran tener hijos y recordaba el viejo impuesto a la soltería de la Unión Soviética, vigente entre 1941 y 1992.
Otra medida peculiar es el llamado Día de la Concepción, instaurado en varias regiones rusas, que otorga un día libre a las parejas para que “permanezcan en casa”. En caso de que nazca un bebé en los nueve meses posteriores a esa jornada, los padres pueden ser premiados con dinero, electrodomésticos o incluso autos.
El sentido de urgencia ruso en torno a esta problemática se cimenta en una tasa de fecundidad sumamente baja, que para el periodo comprendido entre los años 2025 y 2026 se sitúa entre 1,37 y 1,40 hijos por mujer. Este número está bastante lejos del nivel de reemplazo (2,1), y que es el índice de nacimientos necesarios para que la generación previa pueda ser reemplazada de forma exactamente igual por la anterior.
Sin embargo, Rusia está lejos de ser el país con la mayor crisis de natalidad. Algunas de las naciones más importantes del este de Asia lideran la esta lista: Taiwán ocupa el primer lugar con 0,72 hijos por mujer, le siguen Corea del Sur con una tasa de 0,75 y China, que suma un nacimiento por cada ciudadana. Japón tiene problemas similares al registrar 1,15 hijos por cada mujer, también entre las cifras más bajas del mundo en la materia.
Europa es otro gran foco de la crisis de nacimientos, pues estados como España e Italia cuentan números de natalidad bajísimos con tasas de 1,12 y 1,21 hijos por mujer, respectivamente.
La falta de nuevos ciudadanos ha generado que, al igual que Rusia, varios de estos países busquen impulsar la procreación a través de medidas que en muchos casos pueden parecer curiosas, extremas o directamente disparatadas.
Desde inicios de este año, el gigante asiático introdujo varias reformas para aumentar la natalidad, entre las que se encuentra la gratuidad de los servicios de guardería y cuidado de niños junto a la promesa de que para fines del 2026 el costo de los partos será cubierto completamente por el Seguro Nacional de Maternidad, lo que incluye revisiones prenatales y el uso obligatorio de anestesia epidural para evitar el miedo al dolor entre las jóvenes chinas.
China considera un deber de la población procrear a la próxima generación. (Foto: Adek BERRY / AFP)
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No obstante, esta batería de reformas llegó de la mano con el fin de la exención de impuestos a los preservativos y anticonceptivos, a los que Beijing ha impuesto un IVA del 13% en un intento drástico de incrementar la posibilidad de nuevas concepciones.
Asimismo, el gobierno chino recurre a otros métodos como las llamadas de funcionarios a mujeres recién casadas en carias provincias para recordarles que tienen el “deber de colaborar con el futuro de la nación” y brindarles información sobre los subsidios que otorga la maternidad. Las autoridades chinas también debaten reducir a 16 años la edad mínima legal para el matrimonio.
El estado surcoreano hasta hace no mucho tenía la tasa de natalidad más baja del mundo, con 0,72 hijos por mujer, cifra que mejoró levemente en el tiempo reciente al elevarla al actual índice de 0,75.
Pero el escenario sigue siendo crítico para el gobierno, que ha intentado atacar el problema con incentivos a través de las empresas que operan en su territorio. Estas han comenzado a plantear bonos para sus empleados por cada hijo que tengan.
El caso más emblemático fue el del Grupo Booyoung que entregaba cerca de 75.000 dólares a sus empleados por cada vástago. Otras empresas como Ssangbangwool siguieron el ejemplo anunciando que otorgarían 22.400 dólares por el primer y segundo hijo, cifra a la que se sumaban 30.000 dólares por un tercero. Teniendo en cuenta que el salario anual promedio surcoreano oscila entre los 34.000 y 51.000 dólares, la oferta es considerada atractiva.
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Otros planes incluyen la convocatoria masiva de niñeras y trabajadoras domésticas procedentes de otros países asiáticos como Filipinas, a las que se otorgarán visas especiales de trabajo. El argumento es que las largas horas de trabajo de la sociedad surcoreana son un elemento muy arraigado en su cultura, siendo incompatibles con la crianza de niños, por lo que el Estado subsidiaría parcialmente el salario de las cuidadoras extranjeras.
Desde el 2025 las autoridades japonesas han propuesto un plan para que el Estado condone los préstamos estudiantiles de las parejas con hijos, de forma parcial o incluso total. La iniciativa ha enfrentado críticas porque ciertos sectores, sobre todo jóvenes, consideraban que se instrumentalizaba a la población y se la trataba como ganado.
De forma similar a China, Japón ha aprobado proyectos para cubrir en su totalidad los partos y busca uniformizar el costo de estos a nivel nacional a través del seguro de salud. El proyecto entraría en vigor a partir de abril de este año.
En Osaka, Japón, cuatro jóvenes vestidas con kimonos tradicionales participan en una procesión ritual sintoísta para conmemorar el final del año en Sumiyoshi Taisha, uno de los santuarios sintoístas más antiguos de Japón.
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También ha surgido la idea “alquileres de abuelos”, por el que jubilados con energía para seguir laborando son contratados para labores de cuidado elemental. Estos trabajadores mayores serían certificados por el estado nipón y parte de su salario sería cubierto por subsidios.
A lo anterior se añaden planes para reducir el trabajo laboral a cuatro días semanales con miras a promover la natalidad. Dentro de un país con una cultura de trabajo prolongado y agotador, se busca que la población joven tenga espacio para descansar y relacionarse.
Los estados del Lejano Oriente representan algunos de los casos más evidentes de presión por incrementar la natalidad, pero a juicio de Marco Carrasco, analista e investigador de Estudios Asiáticos de la Universidad San Marcos, el tema es sumamente complejo y no es una problemática que solo se pueda adjudicar a esta región. No obstante, el especialista señala que la menor flexibilidad de los estados orientales les da un margen menor para sustituir la falta de nacimientos entre su propia ciudadanía.
“A diferencia de los países de Asia más emblemáticos en esta situación —Corea, Japón y China— los países occidentales han tratado de aliviar ese decrecimiento poblacional a través de distintos tipos de políticas, por ejemplo, como las de migración”, comenta Carrasco.
“Tenemos el caso de Japón que en general es una sociedad que históricamente ha sido bastante rígida frente a los migrantes y en el caso de China, también hay particularidades. No tener esa suerte de reemplazo migratorio de población joven que vendría a contrarrestar esto ha hecho que, de alguna manera, carezcan de un mecanismo con el cual poder compensar (el déficit de nacimientos)”, añade el docente de San Marcos.
Esta foto tomada el 31 de diciembre de 2022 muestra a los asistentes a una celebración de Año Nuevo en Wuhan, en la provincia central china de Hubei. (Foto de AFP)
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Carrasco suma como un factor relevante la alta competitividad académica y laboral de los países de Extremo Oriente como un factor que hace que la maternidad quede en un segundo plano para la población femenina a causa de la incertidumbre que supone tener hijos. Desde la óptica del experto en temas asiáticos, el miedo a quedar rezagadas en el ámbito laboral hace que las mujeres consideren como un riesgo real el tener descendencia.
Más allá de los aspectos comunes, las experiencias en cada país han tenido particularidades y generado fenómenos sociales inéditos.
“En Japón se ha hecho cada vez más recurrente lo que se conoce como ‘kodokushi’, que son las muertes en solitario de ancianos sin hijos o sin alguien que los cuide. Muchas de estas muertes se descubren después de semanas por el olor de la descomposición de los cuerpos”.
“Esto ha generado otros cambios culturales derivados. Como en China y otros países, donde recientemente se ha hecho bastante popular un aplicativo que sirve justamente para contrarrestar al hacer que los ancianos realicen una notificación para avisar que está bien y evitar estos fallecimientos en solitario”, añade Carrasco.
En el caso surcoreano, el Estado probó diversas iniciativas, muchas veces de forma poco atinada, como la introducción de portales web que indicaban la prevalencia de mujeres solteras por provincias, entre otras medidas que generaron polémica.
“Esto ocasionó que hubiera una suerte de radicalización de algunos grupos, como el movimiento surcoreano 4B, derivado del feminismo, pero bastante más extremo. Este último básicamente promovía no casarse, no tener hijos, no salir con hombres y no tener sexo”, comenta Carrasco.
En lo que respecta a China, la ya abolida política del hijo único fue durante décadas el gran condicionante del descenso de la natalidad, llegando a estar acompañado de otros fenómenos como el de los abortos selectivos por parte de las familias que preferían que su único heredero fuera varón.
Sin embargo, para Carrasco estos hechos por sí solos no explican la falta de nacimientos. El investigador y economista apunta que, si bien es cierto que esas medidas han originado un desbalance entre la población masculina y femenina, otros “países sin política de hijo único” cercanos y culturalmente similares atraviesan la misma crisis para generar una generación de reemplazo.
La restricción de solo un hijo por familia estuvo vigente en China entre 1979 y 2015, ampliándose a dos hijos en el 2016. Finalmente, desde el 2021 Beijing ha establecido un límite de tres hijos por grupo familiar.
El análisis sobre el fenómeno del descenso de la natalidad a nivel global tiene varios factores, pero para Patricia Ruiz Bravo, investigadora y socióloga de la PUCP, la división del trabajo por género y las expectativas de las mujeres están entre los factores más importantes para entender este fenómeno.
“Durante buena parte del siglo pasado tener hijos era algo que no se pensaba, y más bien se daba por hecho, pero a partir de los años 70 con la revolución feminista las mujeres van desarrollándose, tienen más expectativas profesionales y la maternidad no es algo que se da por hecho, sino que es algo que se busca o que con el tiempo se ha ido mediatizando”, comenta la especialista.
A pesar de estos avances, Ruiz Bravo añade que no solo desde el sector profesional, sino que también desde grupos menos favorecidos la necesidad económica ha hecho que las mujeres necesiten salir a trabajar.
“De alguna manera, la economía familiar no se puede sustentar en el sueldo de una sola persona. Entonces, bien sea que tú te quieras profesionalizar, ejercer actividad académica y profesional también en sectores menos favorecidos, la mujer también tiene que salir a trabajar. En el Perú, esto suele ser de manera informal y tener muchos hijos es muy complicado”, explica la experta de la PUCP.
Patricia Ruiz Bravo señala que desde la realidad peruana hasta la de países más desarrollados como Suecia las facilidades que otorgan los estados para la crianza no son suficientes, por lo que esta finalmente recae sobre las madres. Incluso en las sociedades más igualitarias en cuanto a la división de las labores para cada género la tendencia se mantiene.
El caso sueco podría considerarse representativo, pues en el 2023 su tasa de maternidad se situaba en 1,53 hijos por mujer, teniendo un descenso notable con respecto al 2021. Todo ello a pesar de tratarse de una de las sociedades con mayores índices de igualdad de género en Europa y con beneficios como permisos parentales de 480 días por cada hijo, además de acceso a guarderías y cuidados de los abuelos a los nietos pagados por el Estado.
(Foto: Pexels)
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Más allá de que algunos países desarrollados ofrezcan otras ayudas económicas como pagos mensuales, bonos y beneficios impositivos, para Ruiz Bravo el acceso a ayudas para la crianza sigue siendo de mayor importancia para esta problemática global. A esto se debe sumar que la distribución de las labores sigue teniendo un marcado sesgo en función del sexo.
“En todos los estudios que hay sobre mujeres profesionales y trabajadoras el problema principal es que no hay una redistribución de las tareas domésticas y mientras no haya esto la población femenina abierta o veladamente dejará de tener hijos”, argumenta la socióloga.
“Un bono sirve en este momento, pero la crianza de un hijo implica no solo dinero, sino que supone tiempo, preocupaciones y atenderlo en sus diferentes etapas”, agrega.




