miércoles, marzo 18

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El flujo de información de inteligencia y tecnología entre Rusia e Irán ha entrado en una nueva fase. Lo que comenzó en el contexto de la guerra en Ucrania como un apoyo clave de Teherán a Moscú, con el envío de drones kamikaze y asesoramiento militar, hoy parece haberse invertido. Según un informe de la prensa estadounidense, el presidente Vladimir Putin está proporcionando inteligencia satelital, tecnología mejorada para drones Shahed y asistencia táctica que están fortaleciendo la capacidad ofensiva de la República Islámica en la guerra contra Estados Unidos e Israel.

De acuerdo con el diario The Wal Street Journal, en el centro de esta ayuda están las imágenes de la propia red de satelitales de Rusia que comparte con Irán. De esa manera, Moscú le proporciona a Teherán ubicaciones de fuerzas de EE.UU. y de sus aliados en el Medio Oriente.

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El medio remarcó que las imágenes no son información pública ni comercial, sino inteligencia militar utilizable en combate.

Una fotografía muestra los daños tras un presunto ataque con dron contra la embajada estadounidense en la fortificada «Zona Verde» de Bagdad, el 14 de marzo de 2026. (Foto de Murtadha RIDHA / AFP).

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Automovilistas circulan por una calle mientras se eleva una columna de humo tras un supuesto ataque de Irán en la zona donde se encuentra la embajada de Estados Unidos en Kuwait el 2 de marzo de 2026. (Foto de AFP).

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Estas imágenes satelitales permiten a Irán planificar ataques con drones y misiles con mayor precisión y elegir mejor los blancos estratégicos, como bases militares, sistemas de radar y otras instalaciones clave.

Rusia también estaría informando sobre movimientos de buques y activos navales, aeronaves y defensas aéreas estadounidenses en el Golfo.

Toda esta ayuda convierte los ataques iraníes en más precisos y eficientes.

El decimooctavo día de guerra en Irán. (EFE).

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Otro aspecto fundamental de la ayda tiene que ver con los drones Shahed, ahora producidos y perfeccionados por Rusia tras su uso intensivo en el campo de batalla de Ucrania.

Rusia estaría entregando a Irán componentes mejorados tecnológicamente para sus drones Shahed-136, que en la versión rusa han pasado de ser un arma barata y simple a un sistema más sofisticado, integrado y difícil de detener.

¿Qué mejoras le hizo Rusia a los drones de origen iraní?

Un dron Shahed 136 (Geranium-2) de diseño iraní utilizado por el ejército ruso volando sobre Kiev durante un ataque con drones y misiles rusos, el 27 de diciembre de 2025. (Sergei SUPINSKY / AFP)

/ SERGEI SUPINSKY

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Moscú ha rebautizado su versión propia de los Shahed como Geran-2. Las mejoras en estos aparatos incluyen sistemas de navegación más precisos, comunicaciones más eficientes y ajustes en la capacidad de ataque y puntería, además de mayor resistencia a la guerra electrónica, algo que permite que el dron siga operando aunque le bloqueen el GPS.

Mientras la versión iraní del Shahed porta una carga explosiva de entre 40 y 50 kilos, la rusa puede llevar entre 80 y 90 kilos. Algunos de estos drones rusos incorporan cargas incendiarias o termobáricas, lo que multiplica el daño en infraestructura.

Sin embargo, la mayor carga explosiva hace que el dron tenga un menor alcance. Mientras los Shahed iraníes pueden volar hasta 2.500 km de distancia, los rusos llegan hasta los 1.300 km.

Esta combinación de capturas de video muestra el momento de un ataque contra una base estadounidense en Bahréin. (Foto por UGC / AFP).

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Rusia también adaptó su versión de los Shahed al campo de batalla con pintura oscura y otros ajustes para que tengan una menor visibilidad nocturna.

Dada su experiencia en Ucrania, Moscú también estaría ayudando a Irán a definir cuántos drones usar por ataque, con el objetivo de saturar las defensas enemigas.

Lo que no se sabe es si Rusia ha enviado drones a Irán o solo entregaría los componentes mejorados.

Rusia ha negado que esté ayudando militarmente a Irán y ha calificado la noticia de “fake news”.

El miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dijo que lo publicado por el Wall Street Journal es falso.

La clave está en la información satelital rusa

Un incendio en los terrenos de la sede de la Embajada de Estados Unidos en la fortificada Zona Verde de Bagdad, Irak, el 17 de marzo de 2026, tras un ataque con drones y cohetes. (Foto de AHMAD AL-RUBAYE / AFP).

/ AHMAD AL-RUBAYE

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El analista internacional Roberto Heimovits dijo a El Comercio que, de confirmarse la ayuda de Rusia a Irán, el aspecto más delicado no sería necesariamente el envío de componentes de drones, sino el suministro de inteligencia estratégica.

A partir de lo revelado por The Wall Street Journal, consideró plausible que Moscú esté brindando apoyo a Teherán, aunque duda de que pueda desprenderse de equipamiento militar en gran escala debido a las exigencias de la guerra en Ucrania.

Heimovits señaló que, si bien no se trataría de una participación directa de Rusia en el conflicto, sí podría interpretarse como una forma de involucramiento indirecto con consecuencias potencialmente graves para Estados Unidos.

No obstante, descartó una escalada inmediata hacia un enfrentamiento más amplio con presencia rusa abierta.

A su juicio, el mayor riesgo radica en un efecto político: si Washington logra vincular ataques iraníes exitosos —por ejemplo, contra bases estadounidenses en la región— con inteligencia proporcionada por Moscú, podría producirse un giro en la postura de Donald Trump, quien hasta ahora ha mostrado buena disposición hacia el Kremlin, reactivando el apoyo militar masivo a Ucrania.

El analista también subrayó que la relación entre Trump y Rusia es asimétrica. Mientras el mandatario estadounidense ha buscado acercamientos, el presidente Putin continúa viendo a Estados Unidos como su principal rival geopolítico. Sin embargo, esa rivalidad no implica —según Heimovits— que Moscú esté dispuesto a dar un paso más arriesgado en Medio Oriente.

“Rusia no está ganando la guerra en Ucrania y cada avance le cuesta caro; provocar una reacción de Estados Unidos sería contraproducente”, explicó, al descartar un involucramiento militar más abierto.

Por ello, concluyó que cualquier apoyo ruso a Irán se mantendría en un nivel discreto, centrado en inteligencia y cooperación limitada, antes que en el envío masivo de armamento que, además, Moscú no estaría en condiciones de ofrecer.

Más que un simple gesto de reciprocidad por la ayuda iraní en Ucrania, Heimovits interpretó esta cooperación como parte de una estrategia mayor: debilitar la posición global de Estados Unidos. “Si Washington no logra sus objetivos frente a Irán, el costo en prestigio sería alto, y eso es algo que Rusia busca explotar”, afirmó.

El entonces líder supremo de Irán, el ayatola Alí Jamenei, recibe al presidente ruso Vladimir Putin en Teherán, el 19 de julio de 2022. (Foto de KHAMENEI.IR / AFP).

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Por su parte, el analista internacional Francisco Belaunde Matossian consideró se estaría ante una participación indirecta de Moscú en la guerra contra Estados Unidos e Israel.

“Es una lógica similar a la del apoyo occidental a Ucrania: se entregan armas e inteligencia sin intervenir directamente”, explicó a El Comercio, al enmarcar esta cooperación como una respuesta del Kremlin al respaldo que Washington y Europa han dado a Kiev.

En esa línea, Belaunde sostuvo que esta asistencia, particularmente en inteligencia, ya tiene un peso relevante en el conflicto, al permitir a Irán mejorar la precisión de sus ataques. Sin embargo, consideró poco probable que Rusia dé un salto hacia una ayuda militar más abierta en el corto plazo.

“Moscú también enfrenta limitaciones por la guerra en Ucrania, por lo que necesita preservar su propio armamento”, señaló.

Aun así, no descartó escenarios de mayor involucramiento si el contexto lo permite, aunque advirtió que cualquier decisión en ese sentido sería cuidadosamente calculada por Putin.

El analista también apuntó a factores políticos que podrían influir en la evolución del conflicto, como la actitud de Trump, a quien describió como relativamente permisivo frente a estas dinámicas. En ese contexto, señaló que la cooperación ruso-iraní podría generar una escalada indirecta, no necesariamente mediante una intervención directa de Moscú, sino a través de un fortalecimiento progresivo de las capacidades iraníes.

Más allá de la reciprocidad por el apoyo que Teherán brindó a Rusia en la guerra en Ucrania, Belaunde identificó otros intereses estratégicos. Por un lado, sostuvo que Moscú busca demostrar que no abandona a sus socios, en respuesta a críticas previas sobre su rol con aliados. Por otro, se beneficia económicamente de la tensión en el estrecho de Ormuz, ya que el aumento en el precio del petróleo alivia la presión sobre su economía.

Finalmente, añadió que esta cooperación también permite a Rusia proyectar poder frente a Estados Unidos y evitar la percepción de debilidad en el escenario global.

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