viernes, marzo 13

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Elegir una carrera universitaria suele asumirse como una decisión definitiva y ello genera que muchos jóvenes atraviesen dudas, frustración e incluso crisis emocionales cuando descubren que lo que eligieron no coincide con sus intereses o expectativas. Sin embargo, cuando la frustración se prolonga, puede aparecer una combinación de emociones difíciles de manejar y que afectan nuestra salud mental.

De hecho, según datos del Ministerio de trabajo, cerca 7 de cada 10 estudiantes no elige bien la profesión que seguirá. Además, el 42% abandona su carrera en el primer o segundo semestre académico principalmente por una deficiente orientación vocacional que conlleva a la falta de motivación, descontento o desconocimiento del campo de estudio.

(Imagen: Andina)

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Estas cifras se manifiestan en un contexto en el que Perú enfrenta una crisis generacional silenciosa de salud mental: En donde los jóvenes “sobreviven” más de lo que prosperan.

Para Rolando Salazar, CEO de Human Perú -centro especializado en evaluación psicológica, consejería y acompañamiento terapéutico con enfoque integral-, el error más frecuente es interpretar la duda como debilidad. En esta entrevista explica por qué la elección profesional puede convertirse en una crisis emocional, cómo se manifiestan la ansiedad y la depresión en jóvenes universitarios y por qué cambiar de rumbo no debería entenderse como un fracaso.

Algunos de los casos que asesora Human Perú, tienen que ver con jóvenes que buscar ayuda para enfrentar la frustración por el cambio de carrera. Uno de estos jóvenes es Alonso Medina, un alumno de la Universidad Villarreal que tras estudiar cinco ciclos de Matemática pura, hoy apunta a seguir estudios de derecho.

La historia de Alonso es muy común y el soporte y ayuda va más allá de la elección de la carrera, sino fundamentalmente con el reconocimiento de su identidad.

“Lo que encontramos en casos como el de Alonso no fue solo frustración académica, sino cuestionamientos sobre quién quería ser”, recuerda Rolando Salazar. Hoy Alonso está en un proceso de desarrollo personal que incluye también a su familia.

La institución trabaja con adolescentes, jóvenes y adultos en procesos vinculados a salud mental, orientación vocacional y desarrollo personal, atendiendo problemáticas relacionadas con ansiedad, depresión, toma de decisiones y crisis vitales.

Salud mental

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—¿Qué estaba pasando en la vida de un joven que se siente que se equivocó en la elección de la carrera?

Más allá del tema de la elección de la carrera y del cambio en su expectativa de proyecto de vida, entra a tallar un aspecto muy importante: la identidad. Dentro del constructo de la imagen que uno tiene sobre lo que quiere hacer, está el hecho de sentirse satisfecho y lograr coherencia entre lo que uno quiere, las expectativas sociales y el bienestar emocional. Cambiar de carrera no debería interpretarse como equivocación, sino como un ajuste dentro del proyecto de vida.

—¿Por qué la elección de la carrera puede convertirse en una crisis emocional para algunos jóvenes?

Aquí hay que hablar de la presión. Por un lado, la presión familiar; por otro, la presión social que posiciona ciertas carreras como “mejores”. A eso se suma la competitividad del mercado laboral. Toda esa información puede generar estrés y ese estrés bloquea muchas veces la realización adecuada del estudiante.

—¿Qué es realmente la tolerancia a la frustración y por qué cuesta tanto en esta etapa?

Es una capacidad que se desarrolla progresivamente y permite superar situaciones que solemos ver como errores. En realidad, son experiencias. Muchos jóvenes están en primeros ciclos y sienten que no conectan, pero la presión por no perder tiempo o cumplir expectativas dificulta procesar esa frustración y puede llevarlos a insatisfacción emocional.

—¿Qué ocurre cuando alguien interpreta un error como fracaso personal?

El error no es un fracaso; es una experiencia que permite redireccionarse. Si desapruebas un curso o sientes que la carrera no es para ti, tienes que tomar decisiones para ajustarte a lo que realmente quieres. Equivocarse ayuda a adecuarse a la propia vocación.

—¿Cuándo una frustración normal empieza a convertirse en ansiedad o depresión?

Depende de la intensidad y frecuencia con que la frustración invade la mente. Cuando el joven piensa repetitivamente que está fallando, que se equivocó o que decepciona a otros, se generan cuadros de ansiedad o depresión. Mucho depende de cómo enfrente la situación y de sus recursos personales.

—En jóvenes universitarios, ¿cómo se manifiesta la ansiedad cuando no se reconoce a tiempo?

Desde Human Perú vemos que muchos buscan agradar o satisfacer a la familia y ajustarse a patrones sociales sobre el éxito profesional. Eso los aleja de lo que realmente quieren. Nuestra intervención se centra en la persona: en lo que siente, en lo que busca y en lo que le genera bienestar.

—¿Qué señales deberían alertar a familiares, docentes o amigos sobre una posible depresión?

Hay señales claras: insomnio, descuido en la alimentación, manías como morder objetos o comerse las uñas, irritabilidad o aislamiento. Son señales que deben llamar la atención y motivar a preguntar qué está pasando.

—Muchos estudiantes creen que “aguantarse” es ser fuerte. ¿Cómo se interpreta eso?

Aguantarse no es fortaleza. La fortaleza es pedir ayuda. El silencio muchas veces es cómplice de la ansiedad y la depresión. Callarse por miedo a la reacción de los padres o a perder tiempo no ayuda; lo importante es clarificar lo que uno quiere.

-¿Qué decirle a alguien que siente que cambiar de carrera es fracasar?

Cambiar no es fracasar ni es una debilidad. Es reconocer que uno se equivocó y eso es una grandeza. Permite empezar de nuevo y apostar por el bienestar personal, el proyecto de vida y la estabilidad emocional. Muchas veces nos aferramos a pequeños detalles. Hemos tenido casos de jóvenes que creen tener vocación por algo por experiencias superficiales. La vocación suele consolidarse recién durante el estudio. Uno entra un poco a ciegas y luego confirma o cambia.

Human Perú

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