Al igual que su adversario en el tramo final de los comicios bolivianos, el presidente electo se situaba en el espectro de la derecha, aunque desde un frente más moderado que el de Quiroga, por lo que se esperan cambios sustanciales en la gestión gubernamental.
Newsletter Vuelta al Mundo

El país que recibe Paz Pereira enfrenta una severa crisis económica caracterizada por la mayor inflación en décadas, falta de abastecimiento de combustible y escasez de dólares y otras divisas extranjeras. La alta conflictividad social y polarización serán otras problemáticas con las que deberá lidiar el gobierno entrante, lo que genera cuestionamientos sobre el margen de maniobra que tendrá para introducir reformas sostenibles.

Viraje hacia Estados Unidos
De momento, ya hay cambios a la vista desde el frente de las relaciones internacionales, pues Rodrigo Paz ha anunciado que su país retomará las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, suspendidas desde 2008, durante el gobierno de Morales.
“Esa relación se va a retomar. (…) Hemos estado dialogando especialmente con el gobierno de Estados Unidos. Creo que es muy importante“, dijo Paz en una de sus primeras ruedas de prensa como presidente electo.
La respuesta de la Casa Blanca llegó con un pronunciamiento del Departamento de Estado, que señaló en un comunicado que “Estados Unidos está dispuesto a colaborar con Bolivia en prioridades comunes, como poner fin a la inmigración ilegal, mejorar el acceso al mercado para la inversión bilateral y combatir las organizaciones criminales transnacionales”.
Para el analista político boliviano Raúl Peñaranda, este redireccionamiento de la política internacional era esperable desde la segunda vuelta no solo por la orientación de Paz y Quiroga, sino también por las necesidades que enfrenta el país.
“Rodrigo (Paz) ha puesto a Estados Unidos como un factor que le permita al país facilitar la llegada de combustibles y como un aliado potencial importante”, indica Peñaranda en diálogo con el programa “El Mundo Ahora” de El Comercio.
Las relaciones entre Bolivia y la potencia norteamericana se quebraron luego de la expulsión del embajador Philip Goldberg, bajo acusaciones de conspiración por parte de Evo Morales, quien retiró de su territorio a la Administración para el Control de Drogas (DEA) estadounidense y también a USAID.

La relación de Bolivia con Estados Unidos en torno al narcotráfico ha sido compleja y la postura agresiva de Donald Trump con respecto al tema de la coca puede abrir un escenario a evitar por parte de la gestión de Paz Pereira.
En opinión de Raúl Peñaranda, no sería nada raro que en el mediano plazo Trump empiece a mirar a Bolivia de forma similar a Colombia bajo la presidencia de Gustavo Petro, a quien el presidente estadounidense acusa de alentar el narcotráfico y el terrorismo.
Para la nueva administración boliviana sería crucial convencer al gobierno estadounidense de que una intervención agresiva sería contraproducente y fortalecería a Evo Morales u otros perfiles similares, no solo por el riesgo que supondría para su propio país, sino también por ser contrario a los propios intereses de Washington.
“En el pasado Estados Unidos tuvo una posición de intentar enfrentar el tema del circuito de la cocaína con una manera autoritaria antes de la llegada de Morales. Una de las razones por las que se fortalece Evo como dirigente y luego como presidente fue precisamente esa política intervencionista norteamericana que tenía mucho que ver con el tema de la coca”, explica Peñaranda.
“La política boliviana previa a los 20 años de Evo tuvo dos actores: ‘Tuto’ Quiroga como presidente insistiendo en que había que tener ‘coca cero’ y presionando a Morales en el Chapare junto a su aliado Estados Unidos. Espero que no volvamos a ese mismo error, porque si Estados Unidos recupera a esa política de presión a Bolivia para afectar a los cocaleros, que al final son campesinos que producen una planta que se llama hoja de coca, lo único que vamos a hacer nuevamente es fortalecer a Evo Morales”, añade el analista.
El peso de Morales
Desde su retorno a Bolivia tras refugiarse en México, Evo Morales hizo de la provincia del Chapare su fortín, su situación se agudizó en medio de su distanciamiento de Luis Arce, su antiguo aliado y actual presidente, y las graves causas judiciales que enfrenta el expresidente y líder cocalero.
Desde esta región, Morales lideró movilizaciones contra el gobierno de Arce, que ya luchaba con una creciente crisis. El quiebre del MAS no hizo más que agudizar el rechazo a dicho bloque político entre la población boliviana, lo que quedó en evidencia durante los últimos comicios en los que dos alternativas de derecha alcanzaron la segunda vuelta.
Para Juan Carlos Lechín, analista y escritor boliviano, ese contexto ha terminado por quitarle a Evo Morales el enorme peso político que tuvo a lo largo de los últimos 20 años y ha hecho que su influencia actualmente se restrinja a los cocaleros. Lechín sitúa a los cocaleros directamente en la órbita del narcotráfico y señala que son un condicionante negativo para cualquier gobierno.
“Morales es una momia política que tiene un grupo de choque cercano muy relacionado con los cocaleros, que son campesinos que hacen narcotráfico. El 100% de la coca del Chapare está destinado a esa actividad y no para lo que los bolivianos llamamos el pijcho o acullico”, indicó el especialista a “El Mundo Ahora”.
“Tenemos una presencia crítica que no hay que pasar por agua tibia. Pienso que no podemos ser rehenes de los cocaleros y decir que no podemos tocarlos, porque después no vamos a poder hacer gobernabilidad. Habrá que encontrar las fórmulas para derrotar a esa fuerza política del narcotráfico”, profundizó.
Si bien Morales invocó a su base política a votar nulo en la primera vuelta, parte importante del electorado del MAS se decantó por Rodrigo Paz en la segunda vuelta, siendo un factor clave en su victoria.
Durante la primera parte de las elecciones, los votos nulos superaron el millón y el perfil más inclinado al centro del candidato del PDC terminó por convencer a un sector de ese bolsón electoral.
Sin embargo, la gran cantidad de votos viciados no sería un indicador de que Morales tendría mecanismos de presión sobre la gestión de Paz, en parte porque un bloque importante de los votos provenientes del MAS llegó también desde la facción ligada a Arce y personas desilusionadas con dicho partido.
“El 87% de los votos de la primera vuelta, si no contamos el voto nulo, fueron hacia partidos que eran críticos con el MAS, un viraje realmente notable. En el legislativo ahora hay nueve legisladores, que son como el 6% de toda la cámara, que tienen de alguna manera relación con la órbita del MAS, así que es un cambio político muy grande”, comentó al respecto Peñaranda.
Presiones y viabilidad
El país que recibe Paz Pereira dependió durante años de las exportaciones de productos clave como el gas natural, sector estancado y que ha dejado de brindar los mismos beneficios. Uno de los problemas críticos que deberá enfrentar el presidente entrante es el sinceramiento del precio del combustible, que tradicionalmente era uno de los más bajos de la región por una política de subsidios que se ha hecho insostenible.
A inicios de este mes la Agencia Nacional de Hidrocarburos de Bolivia ya había anunciado incrementos en los precios de la gasolina premium y el diésel bajo en azufre, pero eran medidas insuficientes para solventar el desbalance económico. Durante el último tramo del gobierno de Luis Arce la escasez de combustible, estrechamente relacionada a la falta de dólares, ha sido una fuente de conflictividad constante.
Aunque los analistas consultados por este Diario indican que la población es consciente de que las reformas son necesarias, el golpe será igualmente duro y, sumado a los recortes de bonos estatales, también se convertirá en una fuente de inestabilidad.
“A toda esa economía que se va haciendo alrededor de los bonos, de pequeños trabajos y de la informalidad, cuando subas el precio de la gasolina dos o tres veces le va a generar un drama. La gente pobre, cuando viene un nuevo gobierno, vota esperanzada o con el corazón. Es bien difícil pedirle a alguien de ingreso bajo que vote racionalmente y que espere dos años a que las cosas se acomoden”, comenta Juan Carlos Lechín.

“Es evidente que va a haber conflicto. Cuando se sube el precio del combustible al doble o quizás al triple, ya se puede imaginar la gente lo difícil que va a ser. En cualquier país esa es una medida muy dura, muy dolorosa que puede y va a generar protestas. Más en Bolivia, porque somos un país proclive a la conflictividad y la inestabilidad”, señala por su parte Raúl Peñaranda
Durante la campaña electoral Jorge Quiroga fue partidario de una política de ‘shock’ económico junto a la inyección de dólares a la economía boliviana a través de préstamos, en plazos sumamente cortos.
Por su parte, Rodrigo Paz proponía desde su lema de “capitalismo para todos” reformas más progresivas debido a sus propias necesidades electorales, pero también por el peso de sus aliados políticos.
Con un déficit fiscal que alcanza las dos cifras, al situarse en torno al 10%, una deuda pública de casi el 95% y unas reservas internacionales agotadas por los subsidios, la necesidad de cambios drásticos parece ser urgente.
Desde el punto de vista de Lechín, el shock debería ser inmediato por el escaso margen de maniobra que Paz tendrá a causa del descontento popular que producirán los ajustes económicos.
“El doctor Víctor Paz Estenssoro, tío abuelo de Rodrigo y que fue para mí fue el mejor presidente que dio el siglo XX en Bolivia, decía que se gobierna el primer año y el resto del tiempo un gobierno se defiende. De tal manera, si Paz no hace el shock, no va a haber ocasión de hacer esto paulatino”, explica.
Por contrapartida, Peñaranda es más optimista con respecto a la viabilidad del próximo gobierno, aunque condiciona esta a la eficiencia con la que Rodrigo Paz gestione sus primeros meses al mando de Bolivia.
“La pregunta es por cuánto tiempo y cuánto va a debilitar (un shock) al presidente electo. Tengo la impresión y la esperanza de que podría ser una fase de inestabilidad relativamente corta. Si en el primer trimestre el gobierno consigue imponer estas medidas con la gasolina y la devaluación del boliviano logra sobrepasar esto, tal vez el presidente pueda mirar que tiene posibilidades de terminar su mandato”.









