No habla sencillo pero dice las cosas claras. Dice que no es soberbio ni floro. Sí, un entrenador preparado para el éxito y, sobre todo, siempre listo para aprender del fracaso. Roberto Mosquera, hoy entrenador de Sport Huancayo, repasa su larga trayectoria como entrenador en Alianza Lima, pero también pasajes de su infancia, su amistad con Julio César Uribe, la influencia de su padre y sus vivencias como futbolista.
También aprovecha su franqueza para hablar del fútbol peruano, de su crisis, del poco futuro que ve desde la selección y de la posibilidad pendiente de dirigir Universitario.
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LEE: Ricardo Gareca: “Es increíble que hablen de recambio, no tienen idea lo importante que es que un jugador tenga 80 partidos en la selección”
Usted ha mencionado que el trato personal es clave con un futbolista. ¿Cómo se maneja a jugadores tan distintos en un camerino?
He estudiado psicología durante dos años, y aunque no soy psicólogo, interpreto muy bien el sentir de cada jugador y le doy lo que quiere: a uno lo abrazo, a otro le levanto la voz. Es un manejo fuera del campo para que dentro se sientan cómodos.
Ese manejo fuera del campo es tan determinante como el trabajo en la semana en la cancha…
Yo creo que es una mezcla del trato que tienes con el jugador y también los problemas tácticos que le planteo de acuerdo a cada partido, pero siempre dejo un porcentaje importante para la creación y el talento del jugador, para que se sienta cómodo. Como líder y como táctico me ha ido bastante bien.
A veces se critica su forma de hablar. ¿Qué opina de eso?
Algunos me llaman “florero”, pero florero es quien miente permanentemente, y si yo mintiera no habría sido seis veces el mejor entrenador del Perú. Creo que detrás de un chiste, hay también una parte seria. Administrar a 30 jugadores no es fácil; hay que conocerlos para darles una función donde se sientan representados. Darles algo que puedan hacerlo, la mayoría de jugadores tienen talento, otros tiene carácter; por eso hoy la lectura del GPS nos da un indicio real de la calidad física. En Bolivia, con Wilstermann, pedimos GPS porque corríamos 9.5 km y necesitábamos correr 11 km para enfrentar a equipos como River Plate o Palmeiras.
Usted siempre ha hablado de las normas de convivencia, ¿cada vez más difícil aplicarlas?
Quiero aclarar ahí un infundio. Jamás llamé alcohólicos ni maltraté a Carlos Ascues, Jesús Barco o Alexi Gómez. Antes del campeonato se leyó la norma de convivencia y se advirtió de la escala de multas. Cuando ellos se equivocaron al estar en situaciones inadecuadas mientras nos jugábamos el descenso, hablé con ellos y les dije que estaban separados. Con el más hablé fue con Gómez, me entendió; le dije que el día libre no es para estar en lugares inadecuados.
¿Cuál es su diagnóstico del 2025? ¿Fue un año difícil?
Creo que ha sido muy bueno, la dificultad nos la ponemos nosotros. Cuando llegué a Alianza Universidad mandé a hacer un estudio sobre con cuántos puntos nos salvábamos y veíamos un crecimiento, pero el equipo estaba tácticamente en cero e individualmente también estaban cerca del cero. En siete meses habían ganado solo dos partidos antes de mi llegada; nosotros ganamos cinco y fui el mejor entrenador de agosto. Sin embargo, luego vinieron arbitrajes raros y problemas con el VAR que nos frenaron. Ya es difícil contra eso. Entendimos que las cosas no estaban dentro de la ley. Somos estoicos y aceptamos la baja, aunque creo que no hubo un trato justo para nosotros.

Cómo se convive con esas injusticias, bajo riesgo de normalizarlas…
La única forma que tienes es hacerlo público, como lo hice. Autuori, siendo campeón de la Libertadores, siente lo mismo; Juan Reynoso es uno de los mejores y también lo sintió, estamos hablando de que no solo yo fui perjudicado, hubo un halo de poca credibilidad. Me expulsaron solo por pisar la raya, algo muy burdo. Cosas como esas reflejan el lugar donde estamos en la tabla, tocamos fondo. Estamos últimos hace rato y son por estas cosas también. No podemos seguir dando esta imagen de impunidad, de que no pasa nada.
¿Siente que ser tan directo le ha cerrado puertas, quizás incluso en la selección?
Yo no lo siento como frontalidad. Amo a mi país y tengo los méritos y la experiencia. He triunfado en Bolivia ganándole a River Plate, a Mineiro y a Peñarol. Fui campeón con Binacional en 2019 y no me eligieron el mejor entrenador, optaron por otra opción porque era yo. Yo quería ese premio para Juliaca, para mostrar que el dinero no lo es todo.
Ese título del 2019 fue muy especial por el fallecimiento de su futbolista Juan Pablo Vergara…
Fue fuerte y emotivo. Hubo abusos; en la final contra Alianza, tiraron bombardas afuera de nuestro hotel de 4 a 5 de la mañana. Les dije a mis jugadores: “Nos tienen miedo”. Dimos la vuelta en Matute frente a 33,000 personas. Pero mii trabajo es mi responsabilidad, aunque entristeciera a parte de mi familia que es hincha de Alianza.
Usted también tuvo éxito en Juan Aurich en 2013 y 2014.
Sí, llegué en 2013 y encontré lo que llamé una “discoteca ambulante”. Tuve que separar a cinco jugadores y salvamos la baja. Al año siguiente campeonamos en el Apertura y perdimos la final contra Cristal (3-2). A pesar de perder, me eligieron mejor entrenador. Daniel Peredo influyó mucho en que se premiara el buen juego y no solo al campeón, como pasó conmigo en Huancayo en 2011.
¿Descarta ya la selección peruana?
No sé si me van descartando. Tengo el orgullo de decir que si había un candidato, era yo. Triunfé en el extranjero, mis equipos juegan bien y tengo experiencia mundialista. Estuve en el Mundial 78 con 20 años porque Marcos Calderón me llevó tras hacer cinco goles en la selección.
¿Cómo ve el proceso actual de la selección?
Somos un país sin un norte claro. Falta seriedad; un técnico debería presentar un macrociclo, mesociclo y microciclo de planificación. Yo no sé para dónde vamos ahora. Recuerdo que una vez un taxista me dio una lección táctica sobre Nolberto Solano; me dijo que no lo pusiera de lateral sino de volante. Le hice caso y ganamos 4-2. A veces los taxistas saben más que uno. Entonces siempre es bueno escuchar a todos.
Trabajó con Sergio Markarián, ¿qué aprendió de él?
Con Sergio tuvimos una relación exitosa. Aprendí mucho, a ser pragmático por ejemplo. Estuvimos muy cerca en la final de la Libertadores de 1997 con Cristal. Era un equipazo con el Chorri Palacios y Julinho.

Hablando de jugadores, usted cambió la posición de varios, como Luis Advíncula.
A Advíncula lo convencí de jugar de lateral derecho cuando era nueve o puntero. Le dije: “Vas a jugar de lateral”, y mira dónde ha llegado: España, Boca… todavía espero mi 10%. También a Távara lo puse de seis porque de diez no rendía de espalda al arco. Le enseñamos a jugar “hombre-zona” y se volvió jugador de selección.
¿Por qué al futbolista peruano le cuesta tanto la disciplina fuera del campo?
Somos un país sin evolución en eso. Yo viví en el Barrio Obrero y en Cali, donde había tentaciones de todo tipo, pero mi norte era ser futbolista. Ayer di una charla a chicos de un asentamiento pobre y les dije: “No pueden meter a su cuerpo algo que no saben qué es”. Si alguien llega tarde, así sea Pelé, conmigo no juega. En el Perú estamos últimos en todo porque no hay orden.
¿Qué opina de la gestión de Jean Ferrari en la federación?
Mi expectativa era deportiva, pero no veo un norte. Somos el único equipo sudamericano que ha pasado por tres entrenadores en una sola competencia. Para mí la fórmula era Gareca. Él conocía al futbolista peruano. Su conferencia final fue premonitoria y mucha gente se molestó porque puso las cosas en su lugar. Esa transición fue traumática porque se borró todo lo avanzado.
¿Tan mal estamos?
Estamos últimos en todo precisamente porque no hay un orden ni una bitácora. Todos los que salen, salen a hablar cosas huecas que en el tiempo no se sostienen, yo no sé quién es el entrenador de la Sub 15, no sé cuándo va a jugar la Sub 20. Si yo estoy claro, reúno a todos los entrenadores y cada uno sale y habla de su proyecto. No nos dan información, o no la tienen o no la han hecho, entonces están inventando cosas.
¿Qué opina de la gestión de Jean Ferrari en la federación?
Mi expectativa era deportiva, pero no veo un norte. Somos el único equipo sudamericano que ha pasado por tres entrenadores en una sola competencia. Para mí la fórmula era Gareca. Él conocía al futbolista peruano. Su conferencia final fue premonitoria y mucha gente se molestó porque puso las cosas en su lugar. Esa transición fue traumática porque se borró todo lo avanzado. Estamos últimos y no le decimos al pueblo futbolero para dónde vamos.

Mosquera, el futbolista
Usted debutó contra Maradona en Argentina…
Ya Diego estaba maduro y debuto con Talleres en la cancha de Boca contra contra el Diego. Y salí siete de puntaje, así que hice un buen partido, un genio el Diego. Ahí tengo una foto con él.
Marcos Calderón es el quien lo hace debutar.
Sí, sí, Marcos. Yo estuve en infantiles con el profesor Segundo Silva. Bueno, primero me botó como tres veces, creo. De pesado regresé.
Y ahí es que lo conoce a Julio César Uribe.
Sí… no sé si sabes la anécdota de la natación, me dicen mis amigos, todos blancos, oye, negro, en vacaciones somos piscina, ya, ¿cuánto cuesta? 500 soles los tres meses, ya bacán. Así que voy donde mi papá y le pido. Me dice, ya. Si me contestas a esta pregunta, te doy los 500. Ya, pa. Dale. ¿Dónde has visto un campeón del mundo de natación negro? Me mató. Entonces agarra tu pelota y no fui a natación, me fui a Cristal.
Usted ya tenía el fútbol en el ADN
Sí, obviamente yo no fui a la academia, mis movimientos eran por herencia genética. En en en la sangre ya vienen esos movimientos. Nadie me enseñó a nada. Yo lo que hice en Cristal fue tecnificarme. Mi técnica era A1, zurda, derecha. Mi papá me tenía desde los 7 años pateando contra la pared. Además estudié fisiología del ejercicio dos años para saber la fisiología y la ciencia que estudia qué es lo que pasa dentro del cuerpo cuando el cuerpo tiene actividad física. Y entonces ahí entendí el porqué de mis movimientos, ahí entendí que era una herencia genética la que tenía yo. Pues entonces, obviamente que también comencé a ver por qué no había campeones de natación.
¿Cómo era jugar con Julio César?
Julio es un adelantado, ese abusivo hizo como 15 goles, se fue a Italia, y me voy para Colombia. Le digo, “Me abandonaste”. Nos reímos con Julio, nos hemos abrazado el otro día en el estadio. Yo lo quiero muchísimo. Hemos jugado desde niños, hacíamos paredes desde los 12 años y después campeonamos 79-80. También hicimos un tándem increíble con él. Así que le guardo un respeto y un cariño que es su familia para mi familia y mi familia para su familia.
Una conversación entre ustedes a ese nivel debe ser…
Muy productiva. Increíble. Julio es un genio. Un genio porque se ha autoeducado y la vida le dio caminos duros al comienzo, pero muy duros. Él era parte de mi familia y a él yo notaba que le gustaba mucho hablar con mi papá. Mi papá tuvo quinto de primaria nada más y tú hablabas con él y parecía Vargas Llosa, era un genio.
¿Fue su padre quien lo involucró a la lectura?
Sí, claro. Mi papá me compró la Iliada, la Odisea y entonces mis fraseología no es porque soy pana, es porque obviamente he leído. Entonces, tú me hablas de algo y tengo un acervo cultural grande que me permite estar siempre a la altura.
Ese convencimiento que tiene usted de su personalidad, ¿En algún momento le trajo problemas, no solo en Perú, sino en el extranjero?
No, no, en Argentina no, porque en Argentina tú puedes creer en ti. Entonces acá cuando yo digo algo, mira, las redes sociales se han convertido en el océano del mediocre, y ese que no cumplió sus metas de vida, que tú dices el que más critica. Yo dejé de leer hace 5 años redes sociales porque entendí que, como te digo, que era el océano del mediocre. Cuando tú comienzas a mentar madres en un programa por likes es que realmente tu cabeza está en deshonra de tu cuerpo. Es desagradable.

La generación perdida
Se critica mucho que esta generación mundialista luego de llegar al punto más alto de su rendimiento tuvo un descenso muy rápido. La mayoría ya juega en la Liga 1.
Es que no podemos saber lo que hubiera pasado cuando se corta algo que ya está construido con cimientos muy sólidos, comenzando desde la educación del jugador, y las normas de convivencia del jugador cambiaron con Gareca. Hubo cosas serias, pero todo se hizo mal, todo se hizo al revés y el que pagó pato fue Gareca, perdimos una buena oportunidad.
Cristian Cueva fue la máxima representación de ese éxito, porque es el jugador que recuperó y lo convirtió en un jugador de de élite.
Sí, es un genio.
¿Usted alguna vez tuvo la intención de dirigir, le gustó como jugador para su equipo?
¿Quién no quiere su equipo a Cueva?. Todos. Pero no, o sea….
Lo digo porque también así como es muy bueno también debe ser muy complejo…
No, él es un buen chico que no tuvo valores al comienzo de su vida y obviamente que el dinero y la fama a veces te lleva para un camino que no es el correcto, pero yo creo que la presencia de Gareca fue importante en su carrera porque lo convenció que había un momento para todo. Porque hay momento para todo, para una cerveza, para una noche, para bailar o alguien puede creer que no he tomado una cerveza y no he bailado. O sea, el tema es que lo hice cuando tenía que hacerlo. Yo he vivido en Cali 4 años, fui figura 4 años del Deportivo Cali. El domingo llegaba Celia Cruz, el otro llegaba Héctor Lavoe, llegaba Rubén Blades, Ismael Rivera y yo quería morirme, me concentraban viernes, sábado y domingo. El domingo jugamos y quedábamos concentrados. Salíamos el lunes en la mañana, 8 de la mañana desayunados. A las 10 había revisión médica todos en la tarde había video, o sea, mejor dicho, nos tenían menos fe que… y la rumba estaba, pues hay algunos que se hacían los lesionados por ir a ver a Celia Cruz.
La tentación era fuerte….
Yo que soy loco de la salsa, pero no, primero estaba mi profesión. Y después me quedé una vez el 25 de diciembre había una exposición de orquestas y ahí vi a Héctor Lavoe, Richi Ray, a todos los vi de 10 de la mañana a 10 de la noche, imagínate, pero nunca lo crucé con mi trabajo.
Hoy la tentación para un futbolista es mucho mayor…
Es mucho mayor porque la carencia con el que nace un jugador peruano y la rapidez con la que consigue, digamos, un sueldo por encima del promedio, es mayor. Lo que pasa es que hay dirigentes también que no miden eso.

¿Se arrepiente de haber tomado la selección para ese partido con selección ante País Vasco? (Perú cayó 6-0)
Yo no me arrepiento de nada. Te voy a decir lo que pasó. Llamé a seleccionados y más de la mitad me dijeron que no, porque la mayoría tenía representantes que yo en su momento no contraté a su jugador en un equipo que estuve, entonces no quisieron. Hice una nueva lista y también habían representantes que no iban conmigo. Entonces fui prácticamente con la selección de la agremiación de jugadores; un joven (Cristian) Benavente, (Erick) Delgado creo que estaba en el arco, pero llevé a los que querían ir. Y bueno, no nos dio tiempo para entrenar una semana por lo menos.
Usted fue el primer técnico peruano que primero descendió y después logró campeonar…
Descendí con Bolognesi, con un equipo Sub-20. La gente no lo sabe. Era un proyecto, un Bolognesi que yo lo dejo en la mitad de la tabla. Jugaba divino. Donny Neyra, Junior Ross, Mostto y Fano. Todos fueron cracks. Con Muni nos dejaron de pagar 4 meses. ¿Cómo no vas a descender? Ganamos cinco partidos, estábamos punteros. Dejaron de pagar 4 meses y mi padre me llamó y me dijo, “¿Qué vas a hacer?. Me voy a quedar hasta el final con mis jugadores, le dije. Ok, ese es mi hijo, me dijo. Y me quedé. Algo dijo Daniel Peredo que es muy importante porque era un genio: “Mosquera descendió, pero no perdió la categoría de cómo se tiene que jugar”, porque descendimos pero fue el equipo que mejor jugó.
Usted ya dirigió Cristal, dirigió Alianza, ¿le falta la U?
La U es uno de los equipos que más he visto yo. El 72 me criticaban mis compañeros de ¿por qué vas a ver esos merengues? Porque juegan fantástico, les respondía, no me perdía ningún partido, iba al estadio siempre. Un respeto para un equipo como la U que la verdad que tiene tantos títulos y ha tenido unos equipos fantásticos, en muchas épocas, así que lo mejor para ellos.
¿Dirigiría la U?
Es que me estás vendiendo una idea que que no es para este momento. Porque es como que yo te diga, “Ay, sí, me gustaría ir, ¿no?”. O sea, la vida creo que ya no me va a llevar por ese por ese lado.
¿Es cierto que Alfredo Di Stéfano lo cargaba de bebé?
Mira, mi padre fue goleador en el Sudamericano del 49, que era la Copa América, lo que es ahora. Y el presidente Millonarios lo vio y vino a Perú y lo contrató el 49. Alfonso Senior, después presidente de la Federación Colombiana de Fútbol. Mi padre campeonó 49, 50, 51, 52 y 53 con Millonarios. Hizo ciento y tantos goles, pero no había internet.













