domingo, abril 26

Bajo el ala de un sombrero prestado se esconde una trayectoria marcada por el oportunismo político, donde la traición a sus aliados ha sido la práctica constante. Una estrategia simple pero efectiva está a punto de empujarlo hacia la segunda vuelta. El remedo urbano de Pedro Castillo ha recorrido la ruta de campaña del golpista, incorporado en sus listas congresales a familiares del expresidente y consolidado alianzas claves con sus antiguos colaboradores. El voto castillista era un bolsón codiciado por varios candidatos de izquierda, pero Roberto Sánchez fue el único que logró el objetivo.

Bajo el ala de un sombrero prestado se esconde una trayectoria marcada por el oportunismo político, donde la traición a sus aliados ha sido la práctica constante. Una estrategia simple pero efectiva está a punto de empujarlo hacia la segunda vuelta. El remedo urbano de Pedro Castillo ha recorrido la ruta de campaña del golpista, incorporado en sus listas congresales a familiares del expresidente y consolidado alianzas claves con sus antiguos colaboradores. El voto castillista era un bolsón codiciado por varios candidatos de izquierda, pero Roberto Sánchez fue el único que logró el objetivo.

Su partido fue uno de los objetivos de una intensa campaña de antivoto en redes sociales, pero hoy puede convertirse en el mal menor del sector que la impulsó. Poco importarán sus antecedentes. Como congresista, Sánchez no ha tenido una actuación precisamente destacable. Por el contrario, su nombre se asocia principalmente a iniciativas favorables a la minería ilegal e informal. Tampoco fue un buen ministro de Comercio Exterior y Turismo. Su gestión fue desastrosa y enfrenta dos denuncias constitucionales por presuntos actos de corrupción vinculados a ese período.

Su antiguo mentor político, el ex primer ministro Yehude Simon, sostiene que Sánchez es peor que Judas, pues al menos el discípulo traidor se arrepintió. Simon habla con la autoridad de haberlo conocido desde sus primeros pasos en la política. Lo acusa de haberse apropiado del partido que fundó, Juntos por el Perú, originalmente conocido como Partido Humanista.

Aunque ahora se disfraza de Castillo y aprovecha las cámaras para llevarle el desayuno a la cárcel, fue uno de los primeros en saltar del barco luego del golpe de Estado. Y aunque ahora califica como “preso político” al reo de Barbadillo, en su momento admitió sin reparos que quebró el orden constitucional. Los castillistas que hoy lo apoyan con entusiasmo, no deberían olvidar que votó en abstención cuando se decidió la vacancia del expresidente. Hoy los utiliza porque son funcionales a sus objetivos políticos. Mañana puede deshacerse de ellos y buscar nuevos aliados.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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