Irán viene atravesando una ola de protestas masivas que han dejado al menos 40 fallecidos y más de 2.000 detenidos, en medio de una situación crítica para el gobierno. En medio de ese contexto complicado, el hijo del último sha del país persa, Reza Pahlavi, hizo un “llamado a la acción” a sus “queridos compatriotas” a través de su canal de Telegram, pidiéndoles “resistir” a la represión de las autoridades.
El progresivo deterioro del régimen de los ayatolas ha vuelto a poner sobre la mesa la figura del exiliado príncipe como un posible líder para un futuro más allá del gobierno teocrático; no obstante que tal escenario no está libre de debate.
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PRÍNCIPE EN EL EXILIO
Reza Pahlavi es el hijo mayor de Mohammad Reza Pahlavi, el fallecido sha de Irán, y nació en Teherán en octubre de 1960. Fue criado en medio del gobierno de su padre, marcado por su carácter prooocidental y por una creciente insatisfacción de la población con la monarquía provocada por el estancamiento social, la extensión de la pobreza y una dura represión de la disidencia.
La abdicación de su abuelo, Reza Shah, llevó a la coronación de su padre y en consecuencia la designación de Pahlavi como príncipe heredero en 1967. Su formación como próximo monarca durante aquellos primeros años se produjo en un entorno bastante aislado dentro del palacio real e incluyó instrucción como piloto de aviones —probablemente por el pasado militar de su familia—, llegando a realizar vuelos a edad bastante temprana.

Para proseguir su formación militar y aeronáutica el joven Reza Pahlavi viajó a Estados Unidos para recibir instrucción en la Base Aérea Reese, pero la revolución iraní de 1979 que derrocó a su padre lo llevó a abandonar dicho centro cuando le restaban cuatro meses para completar el programa.
Tras el fin de la monarquía persa, la familia real se trasladó a Egipto y fue desde este país que Pahlavi prestó juramento como rey al cumplir 20 años, aunque se trató esencialmente de un gesto simbólico debido a que el nuevo gobierno iraní de los ayatolas había comenzado a tener reconocimiento alrededor del mundo.
En el exilio el príncipe ingresó a programas universitarios de países como Estados Unidos y Egipto, sin lograr completarlos; sin embargo, en 1985 obtuvo una licenciatura en ciencia política a través de un programa por correspondencia de la Universidad del Sur de California. Un año más tarde contrajo matrimonio con Etemad-Amini, hija de un influyente empresario y político iraní, pasando la consorte a ser conocida desde entonces como Yasmine Pahlavi.
A lo largo de los años la antigua familia imperial persa tomó residencia en Marruecos, Bahamas e incluso México, pero finalmente se estableció en Estados Unidos y Pahlavi actualmente vive en Maryland junto a su esposa.
FIGURA DE OPOSICIÓN
Desde el exilio, el príncipe iraní ha sido un fervoroso crítico, primero del gobierno de Ruhollah Jomeiní, y luego del de su sucesor Alí Jamenei, actual líder supremo del estado persa.
Paralelamente a su rol ceremonial como guardián de la continuidad de la casa real iraní, Reza Pahlavi busca mostrar un perfil democrático y de figura respetuosa de los derechos humanos, señalando que busca una vía secular más inclinada al liberalismo para su país de origen.
“Mi visión es clara: un sistema democrático y laico, donde la soberanía emane del pueblo, no de una élite religiosa”, declaró en el 2025 durante una conferencia de prensa en París.
El hijo del sha señala que no busca convertirse en un restaurador del pasado monárquico, sino en un nexo que dé lugar a un Irán democrático. “Me presento para liderar esta transición nacional, no por interés personal, sino como servidor del pueblo iraní”, dijo a la cadena BBC hace un año.
En sus propias palabras, dice que para ese cometido toma como referencia la transición de España a la democracia durante el reinado de Juan Carlos I, usando la monarquía como puente hacia el nuevo sistema. Su postura es que sea la ciudadanía la que establezca mediante un referéndum si Irán se convierte en una monarquía constitucional o una república, pero que antes debe haber un gobierno de transición que impida el surgimiento de conflictos internos.
“La experiencia de España demuestra que es posible una reconciliación nacional cuando se actúa con responsabilidad, diálogo y un compromiso real con los valores democráticos”, ha argumentado Pahlavi.
Si bien el príncipe exiliado se ha mostrado profundamente contrario a que Occidente establezca marcos de negociación con el régimen iraní, ha indicado que las sanciones hacia Irán deben estar enfocadas enteramente en la cúpula y altos funcionarios del régimen sin afectar a la población en general.
Reza Pahlavi ha apoyado desde el exterior manifestaciones anteriores contra el régimen teocrático, como las protestas “Mujer, Vida, Libertad”, que contaron con la participación de población femenina a gran escala a fines del 2022.
En el tiempo reciente se ha vuelto mucho más activo, particularmente tras los intercambios de fuego entre Israel e Irán, considerando que la actual estructura gubernamental se encontraba en un momento propicio para su caída y que él mismo estaba preparado para asumir un papel de liderazgo en ese escenario.
“Es el momento de comprometerse… Este es nuestro momento Muro de Berlín”, había manifestado Pahlavi a la agencia AFP en julio del 2025. Tales declaraciones estaban acompañadas de un llamamiento a la Guardia Revolucionaria y a las fuerzas del orden de Irán para abandonar al régimen y no “tener las manos manchadas de sangre”.
De la misma manera, insistió en que Estados Unidos y los países de Europa no debían facilitar a Alí Jamenei mantener un régimen autoritario y en marcado declive. “El cambio de régimen es la única garantía de estabilidad”, afirmó en julio del año pasado.
DESAFÍOS Y CUESTIONAMIENTOS
El rol de Reza Pahlavi como figura de oposición fuera de Irán es claro, pero las dudas alrededor del alcance de su liderazgo al interior del país son un factor que sus críticos citan frecuentemente.
El heredero al trono arrastra la carga del carácter autoritario y represivo de los reinados de su abuelo y su padre, en los que se registraron abusos y torturas. El último sha ha sido históricamente criticado a nivel interno por representar el incumplimiento de la promesa de progreso para la población y se considera que muy pocos iraníes se beneficiaron de los recursos generados por la creciente producción petrolera anterior a la caída de la monarquía.
Asimismo, los últimos reyes persas emprendieron un proceso de secularización sumamente accidentado que era considerado por muchos iraníes como la fachada de concesiones excesivas a potencias como el Reino Unido y Estados Unidos. Esta línea laicista fue también una fuente de conflicto constante con parte de los líderes religiosos del país petrolero, que sería un elemento clave para la posterior revolución.
Al expríncipe se lo critica ser ambiguo y poco crítico con respecto al papel de la dinastía Pahlavi y hay quienes temen que su discurso liberal sea una fachada para el restablecimiento de un régimen como el de sus antecesores.
Otras críticas hacia él son las de quienes lo consideran un extranjero al haber pasado la mayor parte de su vida fuera de Irán. Algunos sectores ven con malos ojos su buena relación con los gobiernos de Israel y Estados Unidos, calificándolo directamente como un “títere” de estos.
A lo anterior se añaden cuestionamientos de quienes lo consideran un oportunista sin compromiso real con las protestas, como las que las mujeres iraníes emprendieron en el 2022.
Más allá de todo esto, es innegable que sí hay iraníes que tienen simpatía por Reza Pahlavi, particularmente los de la diáspora persa alrededor del mundo.
Dentro de Irán todavía persiste un sector monárquico que reclama el retorno de la familia real al gobierno y durante las protestas de la última década se ha visto a manifestantes pronunciando consignas a favor del retorno de Pahlavi.
Según EFE, frases como “esta es la última batalla, Pahlaví volverá” o “viva el sha” se han hecho mucho más pronunciadas en las actuales manifestaciones.
Una encuesta del Grupo para el Análisis y la Medición de Actitudes en Irán (GAMAAN) realizada en el 2024 mostraba que Reza Pahlavi contaba con un 36% de apoyo entre la población iraní, siendo la personalidad con mayor respaldo.
Sin embargo, encuestas como las de GAMAAN han sido vistas con escepticismo debido a que se trata de sondeos digitales. La posible sobrerrepresentación de la diáspora y los sectores urbanos de Irán con mayor acceso a Internet son puntos que los críticos de estos estudios mencionan.
FRAGILIDAD DEL RÉGIMEN
La reciente convocatoria del príncipe heredero a la resistencia en la protesta se produce en un contexto tan o más complicado para Irán que el del año pasado. La potencia del Medio Oriente enfrenta una inflación superior al 42% que ha provocado la escasez de productos esenciales en la canasta básica.
Los comerciantes han llevado a cabo varias huelgas debido a la volatilidad a la que están llegando los precios, lo que ha llevado a que muchos negocios comiencen a cobrar en dólares, a pesar del rechazo del gobierno a todo lo estadounidense.
A lo anterior se añade una enorme crisis de abastecimiento eléctrico e hídrico, con una sequía extrema que ha puesto en riesgo la viabilidad de la capital y las grandes ciudades, sobre todo en zonas periféricas, además de haber llevado al abandono de miles de pequeños centros poblados.
Tal insatisfacción ha llevado a las actuales protestas, que vienen siendo reprimidas con gran rudeza, poniendo nuevamente en cuestionamiento la legitimidad de las autoridades.
Los temores del régimen actual no terminan ahí, pues sus malas relaciones con estados vecinos como Turquía y Afganistán son una fuente de inestabilidad externa que se ha visto exacerbada por los recientes ataques de dos de sus más grandes enemigos: Israel y Estados Unidos. Esto, sumado a la posibilidad de una intervención en suelo iraní -como la que vivió Venezuela a inicios de este año- supone un riesgo que el gobierno persa sigue teniendo muy en cuenta.




