domingo, julio 26

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

“Resolver la cuestión de Taiwán y lograr la reunificación completa de la patria constituye una misión histórica con la que nuestro partido permanece inquebrantablemente comprometido”, dijo Xi Jinping a inicios de mes durante el 105 aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino. No es la primera vez que lo dice, ni tampoco será la última. El presidente del gigante asiático lo señala múltiples veces, pues recuperar la isla, considerada parte inalienable de su territorio, es uno de sus objetivos.

La gran pregunta no es si Beijing llevará a cabo su misión, sino cuándo y cómo lo hará. Y los chinos, ya sabemos, cultivan la paciencia; y su gobierno no corre contra el tiempo. Sin embargo, siempre que aparece alguna insinuación de fuerza se encienden las alarmas sobre la inminente invasión china a Taiwán.

Hace unos días, el diario británico “The Telegraph” reveló imágenes satelitales del desierto de Taklamakan, en la región autónoma de Xinjiang, que muestran la réplica en 3D de un destructor de la clase Arleigh-Burke, uno de los principales buques de combate de superficie de la Armada de Estados Unidos. Esta impresionante maqueta (de 75 metros de largo) se suma a otras hechas a escala real de aviones y naves de combate norteamericanas, además de bases militares y oficinas gubernamentales de Taiwán, construidas para, en una eventual guerra, simular ataques y ensayar una futura invasión, y preparar el escenario para enfrentarse a las fuerzas estadounidenses, en caso estas vayan en ayuda del gobierno de la isla.

Tratándose de un tema sumamente sensible y de prioridad para el Gobierno Chino, las réplicas se han realizado con un impresionante nivel de detalle y revelan un significativo avance respecto a maquetas anteriores. Según las imágenes de satélite, no solo se ha replicado la estructura del destructor, sino que se le ha incorporado un mástil completo, equipos de radar simulados y sensores que reproducen un buque de guerra activo.

Según señala “The Telegraph”, esta réplica -que empezó a construirse el 2025- podría permitir al Ejército Popular de Liberación (EPL) probar misiles balísticos antibuque, armas hipersónicas y sistemas de guía asistidos por inteligencia artificial contra un objetivo más realista y con contramedidas electrónicas simuladas.

En el 2021, la agencia Reuters ya había revelado imágenes satelitales, también en el desierto de Taklamakan, de dos maquetas del USS Gerald Ford, el portaaviones más grande de la Armada estadounidense, además de pistas de aterrizaje simuladas y réplicas de aviones, como el F-22, F-16 y F-35, uno de los aviones caza más avanzados del mundo.

Foto de archivo del portaaviones estadounidense USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más avanzado del mundo. Foto: EFE/EPA/Terje Pedersen

Foto de archivo del portaaviones estadounidense USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más avanzado del mundo. Foto: EFE/EPA/Terje Pedersen

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

Esto le proporciona al ejército chino analizar sus estrategias de defensa con mayor precisión a que si realizaran las pruebas con sus propios aviones, sobre todo cuando se utilizan sistemas basados en inteligencia artificial.

DATOS

  • Solo 12 Estados mantienen relaciones diplomáticas con Taiwán, entre ellos Paraguay, el único de Sudamérica.
  • Desde 1971, el Perú reconoce el principio de “una sola China”. No obstante, en Lima se encuentra la Oficina Económica y Cultural de Taipéi.

“No es posible saber con seguridad si la posibilidad de una intervención militar china sobre Taiwán está cada vez más cerca. Los preparativos de guerra pueden hacer que ésta, ciertamente, sea más probable. Por otro lado, los soldados no tienen como misión evitar las guerras, sino ganarlas, y las réplicas mencionadas no tienen por qué apuntar necesariamente a planes de intervención militar inminentes, sino más bien a preparativos ante un escenario, el de guerra, que es tristemente plausible”, considera a El Comercio Antonio José Pagán, investigador del Centro de Estudios sobre China y Asia-Pacífico (CECHAP) de la Universidad del Pacífico.

Para el economista Carlos Aquino, director del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, no es novedad que China esté realizando este tipo de réplicas, que solo muestran cómo Beijing quiere enfatizar el hecho de que Taiwán es parte de su territorio y va a volver a su jurisdicción. Sin embargo, señala que ha habido un cambio en su estrategia: “En el primer semestre de este año, el número de aviones chinos que rodean Taiwán ha disminuido en un 50%, mientras que sí ha aumentado el número de guardacostas, de buques militares y civiles rodeando la isla, lo que sugeriría que están entrenando para un posible bloqueo”.

Justamente, el Gobierno de Taiwán ha programado para el 10 y 13 agosto ensayos en los que ralentizará, de forma controlada, la red de telefonía celular como una medida de preparación entre la población civil para una eventual agresión china.

Esta fotografía, distribuida el 15 de julio de 2020 por el Ministerio de Defensa de Taiwán, muestra el lanzamiento de un misil Patriot III de fabricación estadounidense durante el ejercicio militar anual Han Kuang. (AFP).

/ HANDOUT

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

“China está preparando varios escenarios. Ellos saben que es muy difícil que se dé una unificación pacífica, porque eso significaría que los taiwaneses quieran integrarse a China, y la mayoría quiere mantener el ‘statu quo’”, agrega Aquino.

Para Pagán, “las recientes purgas a gran escala en el ejército chino parecen alejar la posibilidad de una intervención militar a corto plazo, si bien, y sobre esto no cabe duda alguna, una hipotética declaración de independencia de Taiwán (que no está en el horizonte) desencadenaría inmediatamente la reacción militar de Beijing”.

Todas estas réplicas de aviones y buques de guerra se unen a las maquetas, construidas desde hace una década en el campo de entrenamiento de Zhurihe, de la oficina presidencial de Taiwán y del resto de ministerios, donde los soldados chinos practican un eventual asalto a Taipéi, la capital, y cómo tomarían el control de la ciudad y toda la isla. A esto se suma la copia de la base naval de Su’ao, un importante centro militar marítimo situado en la costa noreste de Taiwán.

En estas construcciones se prueban las armas de largo alcance y los nuevos sistemas de inteligencia artificial, algo en lo que el gobierno de Xi Jinping ha estado invirtiendo mucho presupuesto.

Las réplicas chinas también se han extendido a las bases estadounidenses ubicadas en Japón, como la de Yokosuka, que sin duda tendría una participación clave en un eventual conflicto, teniendo en cuenta que en Japón están destacados más de 55 mil efectivos norteamericanos y desde estas bases saldrían muchos de los aviones y buques que irían en ayuda de Taiwán.

EN CIFRAS

  • 84,7% de los taiwaneses está a favor de mantener el ‘statu quo’ y no optar por la independencia o unificación con China, según una encuesta de marzo del Centro de Estudios Electorales de la Universidad Nacional Chengchi.
  • 27,8% mostró su apoyo a la independencia, incluyendo un 7,4% que se declaró a favor de la independencia “lo antes posible”.

La implicación estadounidense, no obstante, sigue siendo un enigma, pero dejar a Taiwán a disposición de Beijing tampoco está en los planes de Washington pues la isla ha sido estratégica en el equilibrio del tablero geopolítico mundial, por más que haya perdido peso diplomático en los últimos años, sobre todo por la abrumadora presión internacional de China.

“Taiwán es sede de la fábrica de semiconductores más grande del mundo. Si pasa a ser controlada por China, ellos van a tener el control de los semiconductores más avanzados. Luego está la ubicación del estrecho de Taiwán, que concentra el 20% del comercio global marítimo mundial. Y además está el problema del mar del Sur de China y las islas que están ahí, que le dan cambio abierto a China para llegar hasta Guam, que es territorio estadounidense”, aclara Aquino.

En medio de este escenario de incertidumbre, tampoco se puede dar por sentado que Estados Unidos acudirá presto a defender a Taiwán, pese a los intereses en juego, muchos menos bajo la administración Trump.

Respecto a la isla, Estados Unidos mantiene una ambigüedad estratégica pues tampoco está en sus planes cruzar la línea roja que para Beijing implica el control de Taiwán. Algo que Xi Jinping se lo hizo saber a Trump durante la reunión que tuvieron en mayo pasado y que seguramente volverá a recalcar en la cumbre del próximo setiembre.

“La principal duda que hay sobre la participación de Estados Unidos en un hipotético conflicto en el estrecho de Taiwán es, paradójicamente, si finalmente dicha participación tendría lugar. Estados Unidos se ha negado tradicionalmente a aclarar cuál sería su decisión, como parte de su política de ‘ambigüedad estratégica’. En caso de participar, las simulaciones militares realizadas indican que cabe la posibilidad de que Washington consiga frustrar la intervención militar china sobre Taiwán, pero que su éxito no está asegurado y que, además, tendría un elevado costo humano y económico”, asevera Pagán.

“No se sabe si Estados Unidos intervendría militarmente para defender Taiwán pues mantienen esa ambigüedad estratégica. Trump no ha dado ninguna declaración implícita o explícita al respecto. Entre tanto, China prefiere prepararse ante esa contingencia”, dice Aquino.

Share.
Exit mobile version