Alejado por ahora de la televisión, Renzo Schuller atraviesa un momento de reencuentro con proyectos personales largamente postergados. Entre ellos está “Esperando a Baltazar”, una obra que lo atrajo desde la primera lectura y que, después de varios años, decidió sacar adelante no solo como actor, sino también como productor.
Alejado por ahora de la televisión, Renzo Schuller atraviesa un momento de reencuentro con proyectos personales largamente postergados. Entre ellos está “Esperando a Baltazar”, una obra que lo atrajo desde la primera lectura y que, después de varios años, decidió sacar adelante no solo como actor, sino también como productor.
“Hace un tiempo me contacté con el guionista argentino Fernando Schmidt porque quería hacer una obra pequeña, con dos actores. Me envió un par de textos y uno de ellos fue ‘Esperando a Baltazar’, que entonces tenía otro nombre. La fuimos adaptando y, apenas la leí, supe que quería hacerla”, recuerda Schuller.
Escrita por Fernando Schmidt y Christian Ibarzabal, y dirigida por Giovanni Ciccia, “Esperando a Baltazar” reúne a Schuller y a Óscar López Arias en una comedia construida sobre el choque entre dos personajes ideológicamente enfrentados.
“Más allá del tema de fondo, vi en la obra la posibilidad de tensar los contrastes entre dos roles opuestos y llevar al humor una serie de fricciones que también atraviesan el presente. Vi la posibilidad de poder jugar. Entonces dije: ‘este es un lugar para relajarse y pasarla bien’”, señala.
Sobre su futuro en pantalla, Schuller no descarta volver a la televisión ni alejarse del todo de la ficción. (Foto: Hugo Pérez)
/ HUGO PEREZ
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Con la obra ya definida, Schuller empezó a reunir al equipo con el que quería trabajar, convencido de que el proyecto necesitaba complicidad y confianza para funcionar en escena. A partir de ahí, empezó a encaminar una propuesta que lo tiene sobre el escenario, y también detrás de este.
“Dije: ‘Escucha, si esto es lo que yo quiero hacer, entonces yo lo voy a producir’. Me puse en contacto con Tarik D’Onofrio Dibós, actual director del Teatro Municipal de Surco, y estamos embarcados, bien contentos con el proyecto”, dice.
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Asumir la producción ha significado uno de los retos más exigentes de esta etapa. Las coordinaciones, llamadas y decisiones que implica levantar una obra lo han enfrentado a una dinámica distinta, más demandante, pero también más cercana a lo que hoy busca para su carrera.
Para Schuller, producir no solo supone una carga extra, también es una manera de empujar historias que realmente le interesan y de rodearse de un equipo en el que confía.
“Es un poco estresante porque tienes que estar pendiente de todo, de las llamadas, de la oficina, de contestar y ver cosas. Pero producir te da la posibilidad de hacer cosas que antes querías y no podías. Te juntas con un equipo con el que quieres trabajar y sabes que va a salir algo bonito. Estoy estresado, pero contento”, resume.
Ese rol coincide, además, con un momento de mayor claridad sobre su oficio. Schuller reconoce que, como muchos actores, en distintas etapas aceptó trabajos por necesidad económica, aun cuando no siempre lo entusiasmaran del todo.
“A veces uno acepta cosas porque necesita hacerlas también y no considero que esté mal. En todo este proceso de mi vida sí he aceptado cosas por plata, porque era un trabajo. No era algo que me tenía 100% contento”, admite.
La diferencia, explica, es que hoy tiene más margen para decidir y procura escuchar mejor qué proyectos le hacen sentido y cuáles no. En esa evaluación, la salud mental ocupa un lugar central. Más que aspirar a una comodidad total, busca involucrarse en trabajos que no lo desgasten innecesariamente y en los que pueda sentirse bien.
“Gracias a Dios ahora tengo la posibilidad de decidir algunas cosas. Igual, si apareciera algo que me da cierta seguridad económica, lo pensaría. Pero sí le hago mucho caso a mi cuerpo. Cuando alguien me llama para algo y siento que me pongo nervioso, digo: ‘No, esto no’”, afirma.
En ese contexto, el teatro ocupa un lugar singular. Schuller lo describe como un espacio al que intenta volver al menos una vez al año, no solo por el disfrute del escenario, sino por la relación directa que le permite establecer con el público.
“Cada cosa que hago trato de pasarla bien, pero definitivamente el teatro me da esa posibilidad de relajarme. Estar en contacto directamente con la gente me gusta muchísimo. Uno percibe todo, hasta el pequeño comentario que hay por ahí. Todas esas cositas no las vives en un programa de televisión, en una novela ni siquiera en el cine, porque ahí no hay una respuesta inmediata”, explica.
Sobre su futuro en pantalla, Schuller no descarta volver a la televisión ni alejarse del todo de la ficción. Dice que por ahora viene desarrollando proyectos personales y que, en televisión, todavía no hay nada cerrado. Si regresa, eso sí, le gustaría hacerlo con mayor capacidad de decisión.
“Hay algunas cosas que estoy manejando, proyectos personales también. En televisión todavía no hay nada concreto, pero siempre hay posibilidades. Estoy dándome mi tiempo para ver qué es lo mejor y, si llego a hacer algo, me gustaría también estar un poco, entre comillas, al mando”, comenta.
Esa inquietud por involucrarse más tampoco es nueva. Schuller ya tuvo una experiencia como productor en el cine con “Sobredosis de amor”, película que recuerda con aprecio, aunque también como un trabajo especialmente exigente.
“Fue una experiencia muy bonita, pero también bien estresante, porque hacer cine, conseguir plata para producir y estar trabajando en otras cosas al mismo tiempo es agotador. Es una chambaza”, dice.
En cuanto a Gian Piero Díaz, señala que, pese al reciente reencuentro, no han retomado una amistad ni mantienen contacto frecuente. Cada uno sigue hoy su propio camino, aunque Schuller reconoce que juntos construyeron una dupla que conectó con el público.
“Con él no hemos vuelto a hablar. No es que tengamos ahorita una amistad ni que nos veamos. Pero siento que en algún momento tendremos alguna conversación y las cosas podrían cambiar. Uno nunca sabe. Sé que él está haciendo sus cosas y yo las mías. Y quién sabe si más adelante terminamos trabajando juntos en alguna otra cosa, porque hay que reconocer que hacíamos una dupla muy divertida”, dice.
Sobre su salida de “Esto es guerra”, explica que respondió a una suma de decisiones personales y conversaciones con la producción. Más que un corte definitivo, lo define como una pausa necesaria para recuperar tiempo y concentrarse en proyectos que había ido dejando de lado.
“Creo que las cosas se dieron para dejar, digamos, el programa por el momento. Se dieron entre decisiones mías y conversaciones con la producción. Uno de los proyectos era esto, porque quería hacer teatro. También quiero hacer un unipersonal que vengo trabajando desde hace varios años y espero sacarlo pronto”, cuenta.
Hoy Schuller se define en una etapa “satisfactoria” y “feliz”. El teatro, la producción y la posibilidad de elegir con más calma marcan un momento distinto en su carrera. “Esperando a Baltazar”, en ese sentido, no solo representa un nuevo proyecto, sino también la confirmación de una etapa en la que empieza a llevar a escena lo que durante años quedó pendiente.




