Durante diez años, Natalia Jiménez (Madrid, 1981) no pisó un escenario en Perú. En ese tiempo fue madre, se rompió, se reconstruyó, se divorció, se reencontró con su centro y con su voz. Ahora regresa distinta. Más plena, consciente y dueña de sí.
La ganadora de un Grammy y un Latin Grammy vuelve al Perú para presentar una versión renovada de sí misma con su tour “La Jiménez”, una gira que ha recorrido Estados Unidos, México, Puerto Rico y República Dominicana con más de 60 shows.
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Asistir a un concierto suyo es entrar en un territorio donde la nostalgia y la fuerza conviven. En el repertorio aparecen los clásicos de La Quinta Estación —“El sol no regresa”, “Algo más”, “Me muero”— y sus éxitos como solista, desde “Quédate con ella” hasta “Creo en mí”. Pero también hay espacio para rendir homenaje a gigantes de la música en español: José José, Juan Gabriel, Rocío Dúrcal, Marco Antonio Solís, José Alfredo Jiménez. Es una celebración de la memoria y del presente.
“Estoy viviendo un momento muy tranquilo y muy contenta conmigo misma. Me siento orgullosa de todos los pasos que he dado desde aquella vez que me vieron por Perú. Me siento más plena, más consciente, más presente”, asegura.
Esa plenitud no es casual. Divorciarse del empresario Daniel Trueba, padre de su hija Alessandra, la cambió para siempre.
“Fue lo mejor que pude hacer. Estaba en una situación de mucha violencia psicológica y me daba muchísimo miedo salir. Cuando salí, todavía tenía miedo porque no sabía lo que iba a pasar con mi vida. Pero renací. Me convertí en la persona que él me decía que no podía ser”, confiesa.
En esa transformación, sus canciones también mutaron. “Creo en mí”, escrita en el 2012 pensando en el bullying que sufrió de niña, terminó convirtiéndose en un himno para mujeres y para la comunidad LGBT.
“Cuando la escribí, ni siquiera me creía el mensaje. Hoy la canto con orgullo. Y es muy fuerte cuando alguien se me acerca y me dice que esa canción le salvó la vida”, reconoce con orgullo.
Su historia empezó lejos de los grandes escenarios. En el metro, cantando con una guitarra. Tenía 17 años cuando alguien la invitó a participar en un concurso de música en el Ayuntamiento de Torrelodones. Se preparó con su banda, pero el día del show la dejaron plantada. Entonces, subió sola, improvisó sobre la marcha y, después de cantar a capela “Mercedes Benz”, de Janis Joplin, y “Blowin’ in the Wind”, de Bob Dylan, ganó.
“Ese concurso fue, básicamente, como el catalizador. Si pude ganar así, pensé, tengo que intentarlo más veces. Me presenté a otros concursos y empezaron a pasar cosas. Se abrió el camino. Me dio seguridad”, destaca.
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Dos años después ingresó a La Quinta Estación. Lo demás es historia: Grammys, Billboard, Premios Lo Nuestro, Premios Juventud. Pero el éxito no la blindó del miedo ni de sus propias batallas internas. Hoy habla abiertamente de su trastorno por déficit de atención.
“Antes me sentía culpable porque se me olvidaban las canciones, lo que tenía que decir, mi posición en el escenario…. A veces me cuesta prestar atención a lo que está pasando. Ahora que sé lo que tengo, lo manejo mejor. Hablarlo abre puertas”.
La Natalia que llega a Lima no es la misma que se fue hace una década. Está trabajando en un nuevo disco inédito, el primero desde “Creo en mí” (2015). Tiene canciones listas, esperando ser grabadas. Y aún se permite soñar con géneros que no ha explorado, como boleros, copla, salsa.
“Lo bueno es que todavía me queda vida para hacerlo”, dice entre risas. “Estoy en una etapa de plenitud. Siento que tengo que hacer todo lo que pueda ahora. Uno no va a estar aquí para siempre”, reflexiona.
Quizá por eso su regreso a nuestro país, no será solo un reencuentro. Será la confirmación de que creer en uno mismo no es solo una frase bonita. Es una decisión.
El dato
Natalia Jiménez se presentará este 5 de marzo en el Anfiteatro del Parque de la Exposición. Las entradas están a la venta en Ticketmaster.




