viernes, agosto 28

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El criminal de guerra serbobosnio Ratko Mladic falleció este jueves 27 en La Haya (Países Bajos) a los 84 años. El exmilitar, conocido como “el carnicero de Srebrenica”, murió mientras cumplía una condena a cadena perpetua dictada por la justicia internacional.

El criminal de guerra serbobosnio Ratko Mladic falleció este jueves 27 en La Haya (Países Bajos) a los 84 años. El exmilitar, conocido como “el carnicero de Srebrenica”, murió mientras cumplía una condena a cadena perpetua dictada por la justicia internacional.

Mladic venía atravesando complicaciones médicas severas y había sufrido varios derrames cerebrales antes de expirar en un hospital neerlandés. El deceso fue confirmado por el Mecanismo Residual Internacional para los Tribunales Penales de la ONU y la jueza Graciela Gatti Santana ordenó una “investigación exhaustiva sobre las circunstancias” de la muerte.

La Unidad de Detención de las Naciones Unidas fue informada del fallecimiento y las autoridades de Países Bajos vienen llevando a cabo su propia investigación acerca del incidente.

Ratko Mladic es considerado uno de los principales rostros de la violencia nacionalista y religiosa que se vivió tras la fragmentación de la antigua Yugoslavia, siendo responsable de la mayor matanza registrada en Europa en las últimas décadas.

Mladic nació en 1942 en Kalinovik, municipio ubicado en el actual territorio de la república serbia.

El exmilitar serbobosnio fue sentenciado a cadena perpetua por la justicia internacional (Foto: EFE)

El exmilitar serbobosnio fue sentenciado a cadena perpetua por la justicia internacional (Foto: EFE)

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Por ese entonces, en plena Segunda Guerra Mundial, la región natal de Ratko Mladic era controlada por los ultranacionalistas croatas ustachas, que habían conformado un estado títere del nazismo.

Los ustachas tenían un marcado carácter antiserbio, emprendiendo numerosas matanzas contra ese pueblo y cuando Mladic tenía apenas dos años su padre, un líder partisano, fue asesinado por las fuerzas del grupo extremista.

Tras la gran guerra, Mladic creció en la Yugoslavia de Tito y se integró desde joven en la milicia, con la que escaló posiciones rápidamente al ser considerado un oficial altamente competente y con cierto nivel de carisma. Hacia 1989 había escalado a la jefatura del Departamento de Educación del Tercer Distrito Militar de Skopje, en la actual Macedonia del Norte.

A lo largo de esos años el soldado de origen serbio había sido un adepto convencido de las ideas de Tito con una visión bastante militarizada de la vida, pero paralelamente desarrolló un ideario nacionalista profundamente marcado por el entorno violento y de tensión étnica en el que vivió sus primeros años.

Mladic fue uno de los principales responsables del sitio de 44 meses a la ciudad de Sarajevo. (Getty Images).

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A pesar de haber sido formado dentro de la doctrina comunista del viejo régimen yugoslavo, Mladic valoraba el cristianismo ortodoxo serbio como un elemento importante de identidad nacional. Más allá de no haber sido aparentemente religioso, el futuro genocida veía a los bosnios y croatas —musulmanes y católicos, respectivamente—como una amenaza a los intereses de su pueblo, culpándolos de diversas tragedias de su entorno, sobre todo durante su infancia.

Asimismo, según diversos reportes, el suicidio de la hija de Mladic podría haber tenido un impacto decisivo en su personalidad, volviéndolo más frío, agresivo e implacable. Ana Mladic se quitó la vida usando un arma de su padre en 1994, mientras este último combatía en Bosnia.

Con el colapso del estado yugoslavo, Ratko Mladic fue destinado a Knin en 1991, donde combatió contra las fuerzas croatas independentistas y buscó congregar a los serbios de la región en la efímera República Serbia de Krajina. Al año siguiente fue enviado a Sarajevo y a pocos días de su llegada fue nombrado comandante del ejército serbobosnio tras la creación de la autoproclamada República Srpska.

Tras el estallido de la Guerra de Bosnia, Mladic fue uno de los principales actores del mando militar y dirigió el asedio a Sarajevo, el cual se extendió por tres años y medio, causando una gran mortandad entre la población civil.

Fue durante el conflicto que tuvo lugar el más condenable de los actos del comandante serbobosnio: la masacre de Srebrenica.

La región aledaña al pequeño poblado minero de Srebrenica había sido escenario de combates y matanzas por parte de ambos bandos, por lo que el clima de tensión étnica era extremo. La localidad tenía una población mayoritariamente bosnía y venía siendo sitiada por las fuerzas de Mladic, que impedían el ingreso de asistencia humanitaria por orden de Radovan Karadzic, líder de la República Srpska y también criminal de guerra.

El comandante militar serbobosnio Ratko Mladic escucha a una intérprete durante las declaraciones pronunciadas tras una reunión entre líderes serbobosnios y la ONU en Sarajevo, Bosnia y Herzegovina, el 18 de mayo de 1993. (EFE/EPA/ENRIC MARTI).

/ ENRIC MARTI

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Pese a que la ciudad había sido denominada enclave seguro por parte de la ONU en 1993, en julio de 1995, el ejército serbobosnio bajo órdenes de Mladic tomó el poblado y detuvo a los militares neerlandeses de las Fuerza de Protección de las Naciones Unidas que lo custodiaban. En medio de la ocupación, el comandante afirmó que “entregaría la ciudad a la nación serbia” y que había llegado el momento “de vengarse de los musulmanes”.

Se reporta que durante la ocupación hubo asesinatos y violaciones cometidos por la milicia serbobosnia, tras lo cual miles de mujeres y menores fueron separados del resto de la población masculina capturada para ser enviados a territorio controlado por los bosnios o los cascos azules de la ONU.

Entre el 12 y el 13 de julio, hombres, niños y ancianos fueron llevados con los ojos vendados a diversos centros de detención para luego ser ejecutados por los soldados de Mladic. Se estima que las matanzas contra los bosnios se prolongaron hasta el 16 de julio.

La masacre de Srebrenica dejó una estela de 8.000 muertos y los cadáveres de los asesinados fueron arrojados a fosas comunes. Aunque la mayor parte de los fallecidos a manos de los criminales de guerra fueron hombres desde los 20 hasta los 70 años, cientos de niños y adolescentes de entre 12 y 18 años también perdieron la vida durante la carnicería.

Una anciana musulmana y su marido reciben tratamiento por las heridas que les infligieron las fuerzas militares serbias cuando huyeron del enclave de Srebrenica, en el este de Bosnia, el 11 de julio de 1995. (Foto de ODD ANDERSEN / AFP)

/ ODD ANDERSEN

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Las fuerzas serbobosnias intentaron borrar el rastro de la masacre hacia el final de la guerra retirando cuerpos y cubriendo las fosas con tractores, pero los restos de las víctimas fueron finalmente hallados con la ayuda de investigadores internacionales.

Ante la evidencia de los crímenes dirigidos por el comandante serbobosnio, el 25 de julio de 1995 el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia en La Haya acusó a Ratko Mladic de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

El “carnicero de Bosnia” no solo fue imputado por las atrocidades cometidas en Srebrenica, sino también por los ataques sistemáticos a civiles durante el asedio a Sarajevo en los que provocó miles de muertes, además de ser imputado por tácticas de terror, acciones de limpieza étnica y gestión de campos de concentración.

Testimonios señalaban que durante los ataques el criminal ordenaba a sus soldados “quemar los cerebros” de sus enemigos bosnios. Aunque en menor escala, muchas de esas prácticas también las llevó a cabo al luchar contra los croatas.

Pese a las imputaciones y la orden de captura, Mladic se refugió ese mismo año en Serbia bajo el amparo del gobierno de Slobodan Milosevic, que le permitió llevar una vida bastante cómoda en Belgrado, incluso disponiendo de un cuerpo de seguridad permanente.

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