La arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, salió en defensa del papa León XIV tras las críticas que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzara contra el líder de la Iglesia Católica luego de que este mostrara sus reparos ante el conflicto bélico que Washington mantiene con Irán.
La arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, salió en defensa del papa León XIV tras las críticas que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzara contra el líder de la Iglesia Católica luego de que este mostrara sus reparos ante el conflicto bélico que Washington mantiene con Irán.
Trump había mencionado previamente que no “era un fan del papa León XIV” porque lo consideraba “una persona muy liberal”, calificando a su compatriota de ser permisivo con la actividad criminal. “No creo que esté haciendo un buen trabajo. Le gusta el crimen, supongo”, señaló el mandatario estadounidense sobre el pontífice.
Mullally, jefa de la Iglesia de Inglaterra —escindida de la católica en el siglo XVI—, calificó la postura antibelicista del papa como un “llamado valiente a la paz” y afirmó que “la vocación de todo cristiano y de todas las personas de fe es trabajar y orar por la paz”.
El papa León XIV y el presidente de Estados Unidos Donald Trump. (ANDREW CABALLERO-REYNOLDS, Ozan KOSE / AFP).
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“Apoyo a mi hermano en Cristo, Su Santidad el papa León XIV, en su valiente llamado al reino de la paz”, indicó la ministra anglicana en un comunicado en el que no se hacía mención explícita a Trump o al conflicto en Medio Oriente.
“En unos tiempos marcados por el odio, la división y la violencia, permanezcamos firmes en este llamado: testigos de la paz, agentes de reconciliación y mensajeros de la paz de Dios en un mundo herido”, agregó la cabeza de la Iglesia Anglicana.
El comunicado supone la primera intervención importante de Mullally, la primera mujer en encabezar la Iglesia de Inglaterra, en el escenario internacional. Su arzobispado comenzó formalmente en enero y supuso un viraje histórico en una iglesia que se debate entre el tradicionalismo y la modernización.
Dame Sarah Elisabeth Mullally nació en 1962 en la localidad de Woking en una familia de clase media, siendo la menor de cuatro hermanos. Aunque desde su juventud fue una practicante anglicana convencida, en 1980 ingresó al Politécnico de London South Bank (hoy universidad) en el que se decantó por la carrera de enfermería, que consideraba sumamente afín a la vocación religiosa que ya por entonces admitía tener.
Mullally tuvo una destacada carrera como enfermera, siendo parte del Servicio Nacional de Salud y ocupando jefaturas en hospitales como los de Westminster y Chelsea and Westminster. En medio de su labor profesional, la futura líder anglicana contrajo matrimonio en 1987 con Eamonn Mullally, colega al que conoció durante su formación y de quien tomó su apellido.
Para 1999 Sarah Mullally ya había sido nombrada directora general de enfermería del Reino Unido, el cargo de asesor de rango más elevado dentro del gobierno para su oficio. La por entonces enfermera también fue designada directora de experiencia del paciente para Inglaterra a los 37 años, siendo la persona más joven en ocupar dicho cargo.
Mullally también ocupó hasta el 2015 cargos de supervisión en su antigua casa de estudios cuando se convirtió en la Universidad London South Bank y en el 2005 fue distinguida como Dama Comendadora de la Orden del Imperio Británico por su labor para el Estado.
El tramo más exitoso de la línea de carrera de Sarah Mullally coincidió con los primeros pasos de un giro profesional pronunciado. La funcionaria comenzó a formarse como ministra desde 1998 en el Instituto de Educación Teológica del Sudeste (hoy Colegio de Teología de San Agustín), siendo ordenada diácona en el 2001 y al año siguiente recibió la orden sacerdotal.

Mullally fue ordenada sacerdotisa en 2002 y se convirtió en la primera obispa de Londres en 2018.
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Las labores pastorales de Mullally fueron inicialmente como ministra independiente (sin remuneración), pero en el 2004 optó por abandonar de forma definitiva los cargos estatales para dedicarse exclusivamente al sacerdocio. “Fue la decisión más importante que he tomado en mi vida”, ha admitido la arzobispa sobre el hecho.
En las propias palabras de Mullally, la enfermería y el ministerio religioso son esencialmente parte de “una sola vocación” cristiana.
“Soy la obispa que soy porque fui enfermera, y seré la arzobispa que sea porque fui enfermera. El verdadero regalo que me dio fue la capacidad de estar con la gente, escucharla y estar en esos lugares que suelen ser bastante difíciles”, contó hace medio año.
Ya en el 2006, la religiosa había concluido una maestría en teología pastoral en el Heythrop College de la Universidad de Londres y se integró por completo al trabajo al interior de la Iglesia de Inglaterra.
Su primer cargo de gran relevancia fue el de canóniga tesorera de la catedral de Salisbury y en el 2015 fue designada obispa auxiliar de Crediton en la diócesis de Exeter, siendo la cuarta mujer en ostentar el grado episcopal dentro de la Iglesia Anglicana. Tres años después, la ministra se convirtió en la primera obispa de Londres, la tercera diócesis más importante por detrás de las de Canterbury y York.
La Iglesia de Inglaterra atravesó una crisis reputacional en el tiempo reciente debido a la mala gestión de las denuncias de agresiones sexuales y físicas cometidas por el abusador en serie John Smyth, quien cometió aquellos delitos en centros administrados por la entidad religiosa.
Justin Welby, arzobispo de Canterbury y líder espiritual anglicano desde el 2013, presentó su renuncia en noviembre del 2024 tras la aparición de reportes que daban cuenta del encubrimiento de los hechos citados —que tuvieron lugar en las décadas de 1970 y 1980— por parte de las autoridades religiosas.
Cuando Welby había tomado el cargo, estos casos ya eran conocidos por la Iglesia Anglicana y los informes señalaron que algunos miembros de la jerarquía religiosa sabían de estos incidentes incluso desde hacía décadas. La dimisión del arzobispo se hizo efectiva a inicios del 2025 y su puesto permaneció vacante por cerca de un año.
Tras una larga deliberación el Colegio de Canónigos de la Iglesia Anglicana sorprendió a sus fieles anunciando como sucesora de Welby a Sarah Mullally en octubre del año pasado. En enero del 2026 la ministra asumió oficialmente el cargo y en marzo tuvo lugar su ceremonia de investidura, convirtiéndose en la primera mujer en liderar la iglesia inglesa en sus 14 siglos de historia.
Miembros del clero y de la congregación aplauden a la recién nombrada Arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, durante su ceremonia de investidura en la Catedral de Canterbury, al sureste de Inglaterra, el 25 de marzo de 2026. (Foto de Gareth Fuller / POOL / AFP)
/ GARETH FULLER
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Mullally también fue la primera mujer que no procedía de las aulas de las universidades de Oxford y Cambridge en alcanzar el más alto puesto.
Si bien la jefatura de la Iglesia anglicana recae sobre el rey de Inglaterra desde que Enrique VIII la separara de la Iglesia Católica en el siglo XVI, el liderazgo espiritual del anglicanismo corresponde al arzobispo de Canterbury.
Ideológicamente Mullally se sitúa en la facción de corte más progresista de la iglesia inglesa, siendo defensora insistente de las políticas inclusivas y de que las instituciones religiosas sean también un reflejo de la sociedad que las alberga. El discurso de la cabeza del episcopado anglicano se centra en la justicia social, pues desde su punto de vista “la Iglesia no solo habla de Dios, sino que atiende a su comunidad y transforma las estructuras injustas”.
En ese sentido, la participación femenina en la sociedad es un punto de interés importante para la arzobispa de Canterbury. En sus palabras, si bien ha conocido el apoyo de muchos amigos y colegas masculinos, también ha experimentado la misoginia, por lo que tiene una gran sensibilidad por esta problemática.
“Soy consciente de que, al ocupar este cargo, es importante que hable de ello (la misoginia), ya que hay quienes no necesariamente tienen el estatus o poder que esto significa y se sienten más reacios a desempeñarlo. Me comprometo a crear un entorno donde todas las personas puedan prosperar y que este sea más seguro para todos”, declaró a inicios de este año.
Más compleja de abordar dentro de la comunidad que preside Sarah Mullally ha sido su apertura hacia la comunidad LGTBQ+. Durante su paso por el obispado de Londres Mullally fue responsable de que se permitiera que los sacerdotes anglicanos otorgaran bendiciones sin grado matrimonial a parejas del mismo sexo, citando esto como “un momento de esperanza”.
Su posición es más conservadora en temas como la muerte asistida, oponiéndose firmemente a los proyectos de ley en esta medida, indicando que si estos se aprueban “indicarán que la sociedad cree que algunas vidas no merecen ser vividas”. Como alternativa Mullally propone “trabajar para mejorar la financiación y el acceso a los servicios de cuidados paliativos que tanto se necesitan”.
La arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, sonríe al retirarse tras su ceremonia de investidura en la catedral de Canterbury, al sureste de Inglaterra, el 25 de marzo de 2026. La Iglesia de Inglaterra se convirtió en la iglesia oficial del Estado británico tras la separación del rey Enrique VIII de la Iglesia Católica Romana en la década de 1530. El monarca británico es su gobernador supremo, mientras que la arzobispa de Canterbury es considerada la líder espiritual de los anglicanos en todo el mundo. (Foto de Henry Nicholls / AFP)
/ HENRY NICHOLLS
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A pesar de que la designación de Sarah Mullally como arzobispa de Canterbury fue considerada un hito histórico, el nombramiento no fue recibido de buen grado por el ala más conservadora de la Iglesia Anglicana.
La Conferencia Global sobre el Futuro Anglicano (GAFCON), que agrupa a facciones más conservadoras del mundo anglicano a nivel mundial, sobre todo en África, ha criticado la elección de Mullally indicando que supone “abandonar los principios anglicanos globales”.
La GAFCON ha señalado que “la mayoría de la Comunión (anglicana) todavía cree que la Biblia requiere un episcopado exclusivamente masculino” y su presidente, Laurent Mbanda, cuestionó el acercamiento de Mullally con la comunidad LGTBIQ+ señalando que “promueve repetidamente enseñanzas antibíblicas y revisionistas con respecto al matrimonio y la moral sexual”.
La Asociación de Iglesias Anglicanas del Sur Global (GFSA), que también engloba a parte del colectivo anglicano internacional mantuvo una línea similar cuestionando que la elección de Sarah Mullally fue “una oportunidad perdida” para encontrar a alguien que defienda la “fe compartida”.
“Lamentamos profundamente que la persona que muchos siguen considerando el líder espiritual de unos 100 millones de anglicanos en todo el mundo haya desempeñado un papel fundamental en el alejamiento de la Iglesia de Inglaterra de la tradición anglicana y de la clara interpretación de las Escrituras en materia de matrimonio y sexualidad”, indicó la entidad en un comunicado.
A nivel del Reino Unido, el Consejo Evangélico de la Iglesia de Inglaterra ha criticado de forma más moderada a Mullally por su postura con respecto a la unión entre personas del mismo sexo y le ha recordada a la primada en la comunión anglicana su “compromiso con las doctrinas y fórmulas históricas que le fueron confiadas”.




