Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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El día que mataron a su padre, Iván Cepeda envió a Colombia un mensaje tan contundente que acabó marcando su carrera.
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El carácter y la carrera de Cepeda se forjaron entre el exilio y la tragedia.
Su familia vivió en varias ocasiones en el extranjero, como en Checoslovaquia y Cuba, por las frecuentes amenazas sufridas por su ideología.
La madre de Iván, Yira Castro, era una reconocida periodista y política del Partido Comunista. Murió de una grave enfermedad en 1981.
El candidato tenía 19 años. Meses después viajó a Bulgaria, donde se graduó de filosofía.
La estancia en el bloque soviético lo marcó. “Cepeda es hijo de la perestroika“, le dice a BBC Mundo el escritor Federico Díaz-Granados, allegado de la familia.
La perestroika fue una reforma encabezada por el líder Mijaíl Gorbachov para modernizar y reestructurar la economía de la Unión Soviética (URSS) a fines de los 80.
Fue la antesala de la descomposición de este bloque en 1991 y la causante de fricciones entre Cepeda y su padre poco antes de su muerte.

Iván Cepeda fue influenciado por las ideas comunistas y socialistas de su padre, Manuel Cepeda. (Cortesía de la campaña de Iván Cepeda).
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“Iván regresó de Bulgaria con una visión reformista y moderna del socialismo que le alejó de la ortodoxia comunista de Manuel. Discreparon mucho”, cuenta Díaz-Granados.
Años antes de la muerte de su padre, Cepeda vivió los asesinatos de José Antequera y Bernardo Jaramillo Ossa, dos prominentes líderes de izquierda a los que se acercó tras volver a Colombia.
Cepeda admite no recordar un tiempo de su vida sin la amenaza de la muerte, que se intensificó después de que comenzara a buscar justicia para su padre y otros políticos izquierdistas asesinados.
Se exilió una última vez en Francia entre 2000 y 2003, donde estudió una maestría en Derecho Internacional Humanitario.
Al regresar, reemprendió su búsqueda de justicia y reparación de víctimas, ahondó en los orígenes del paramilitarismo y comenzó una defensa de los derechos humanos que mantiene hasta hoy.

Cepeda lleva décadas mediando entre guerrillas y el Estado, lo que le ha valido críticas desde la oposición. (MAURICIO DUENAS/AFP via Getty Images).
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Elegido como representante a la Cámara en 2010 y senador desde 2014, fue facilitador de los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc que llevaron a la desmovilización de esta guerrilla en 2016.
También ha participado en negociaciones con otros grupos armados como el ELN y es parte activa de la ambiciosa estrategia de “paz total” del gobierno de Petro, cuestionada por los críticos por no lograr los resultados prometidos.
Actualmente está casado, sin hijos, con la antropóloga Pilar Rueda, también trabajadora de derechos humanos, justicia y género.
Oponentes políticos apuntan a Cepeda como “un hombre más radical que Petro” que inquieta a parte del sector empresarial.
Su planteamiento no difiere mucho del manual petrista: reformas sociales, más protagonismo del Estado en la economía, paz con grupos armados sin renunciar al diálogo e instituciones transformadas para combatir el clientelismo y reforzar la participación democrática.
Cepeda ha apoyado la idea del presidente de convocar una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución, asunto divisivo en un país reticente a grandes cambios.
También se ha pronunciado contra decisiones y políticas de instituciones como el Banco de la República y el Consejo Nacional Electoral, generando críticas en parte de la opinión pública por presuntamente atentar contra la separación de poderes.

Cepeda llega en parte aupado por la popularidad con la que Petro y su proyecto llegan al final del mandato. (Jaime SALDARRIAGA / AFP via Getty Images).
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León Valencia, analista político, amigo de Cepeda y autor de la biografía Iván Cepeda: una vida contra el olvido (Aguilar, 2026), cree que hay inquina contra el candidato por su afiliación política; su rivalidad con Uribe, al que muchos encumbran en Colombia, y una firmeza ideológica mayor que la de Petro.
Aún así, Valencia lo describe como menos confrontativo y radical que el presidente, sin aires “mesiánicos o de caudillo”, de “paciencia zen” y “más conciliador y sosegado”.
A la misma vez advierte su falta de experiencia ejecutiva y de gestión en cargos públicos como desventajas de su candidatura.
Otra crítica contra Cepeda, alimentada desde la oposición, es su presunto grado de vinculación a las guerrillas.
“El candidato de las Farc”, vierten con frecuencia sus adversarios sin que Cepeda parezca inmutarse cuando las acusaciones se producen en público.
Hasta la fecha no ha habido prueba concluyente de algún nexo que respalde la acusación. Valencia normaliza que un hombre que se ha dedicado a mediar entre grupos armados y el Estado haya mantenido contactos con guerrilleros.
Cepeda reconoció haber recibido información sobre presiones ejercidas por grupos armados sobre el electorado en algunos territorios del país y condenó “de manera categórica y enérgica” esas acciones.
Que su programa continúe las reformas iniciadas por Petro también genera reticencias entre algunos economistas.
A estos les preocupa la crisis fiscal que enfrenta Colombia, en parte condicionada por el aumento del gasto público.
“Cepeda tendrá que hacer ajustes económicos y sociales para tranquilizar al país”, dice Valencia.
En la época de las redes sociales, donde Petro sacó partido convirtiéndolas en un balcón político donde exhorta a sus masas, critica a oponentes y marca la agenda, Cepeda se ciñe a un enfoque más tradicional.
Interpela a su electorado progresista, racialmente diverso y de las zonas consideradas como “olvidadas por el Estado”, con discursos en plazas públicas que apelan a continuar la senda del cambio iniciada en 2022.
Las consignas contra exclusión, desigualdad, corrupción y violencia se repiten en sus alocuciones. En X es más sesudo que pasional.
Politólogos resaltan que su elección vicepresidencial, la senadora y líder indígena Aida Quilcué, mostró coherencia con su mensaje y la fórmula que le funcionó a Petro al nombrar hace cuatro años a la activista afrocolombiana Francia Márquez como vicepresidenta.

La dupla Cepeda-Quilcué aspira a repetir el éxito cosechado por Petro-Márquez en 2022. (RAUL ARBOLEDA / AFP via Getty Images).
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Como Márquez, Quilcué representa a esa Colombia frecuentemente ignorada por las viejas élites políticas y por la que apuesta Pacto Histórico.
Como Cepeda, Quilcué también es víctima de crímenes de Estado. Su marido, Edwin Legarda, fue asesinado en 2008 por parte de miembros del ejército en el departamento del Cauca.
La elección de Cepeda fue arriesgada. Se interpretó que el candidato se concentraría en los suyos sin buscar seducir a votantes de centro.
Sus opciones de victoria han sido reforzadas por la herencia de Petro, quien a pesar de navegar entre corruptelas y crisis ministeriales, diplomáticas y de seguridad, llega a la recta final de su mandato con una notoria popularidad.
Cepeda busca convertirse en la primera víctima de crímenes de Estado en liderar el país y prolongar el giro izquierdista de Colombia en medio de la ola conservadora que recorre América Latina.















