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El asesinato del líder supremo Alí Jamenei y de decenas de mandos políticos y militares en Irán ha sido un golpe duro para la república islámica, que ha tenido que reemplazar a varios altos cargos mientras la guerra con Estados Unidos e Israel continúa. Al mismo tiempo, Washington se muestra cada vez más abierto a entablar una negociación, lo que abre no pocas interrogantes sobre qué funcionarios iraníes estarían dispuestos a dialogar con Donald Trump.
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Su carrera se ha caracterizado por su postura a favor de la represión de la oposición. Durante las protestas estudiantiles de 1999, fue uno de los 24 comandantes de la Guardia Revolucionaria Islámica que advirtieron en una carta al presidente reformista Mohammad Khatami que la Guardia actuaría unilateralmente a menos que aceptara sofocar las manifestaciones.
En una grabación de audio difundida posteriormente, reconoció que estuvo “entre los que repartían palizas en la calle”. “Estoy orgulloso de ello. No me importaba ser un comandante de alto rango”, afirmó.
Qalibaf se postuló en las elecciones presidenciales del 2005, 2013, 2017 y 2024, pero nunca ganó.
“The Guardian” señala que a lo largo de su carrera, Qalibaf ha estado acosado por acusaciones de corrupción que nunca han llegado a los tribunales. “Cuando se postuló por última vez a la presidencia en el 2024, su campaña se vio empañada por rumores de que su esposa, su hija y su yerno habían realizado un lujoso viaje de compras a Estambul en el 2022. Aparecieron fotografías de ellos cargados de equipaje, en un momento en que los iraníes de a pie sufrían las consecuencias de las sanciones y la alta inflación”, detalla el medio.
Si bien Trump no mencionó a Mohammad Bagher Qalibaf hasta ahora, varios reportes de prensa en Estados Unidos lo señalan como un posible mediador y facilitador del diálogo con Irán.
El republicano se mostró preocupado el lunes por la seguridad de su interlocutor negociador no identificado. Al ser preguntado por qué no revelaría el nombre del negociador iraní, Trump les dijo a los periodistas: “Porque no quiero que lo maten, ¿de acuerdo? No quiero que lo maten”.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pronuncia un discurso en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, D.C., el 24 de marzo de 2026. (Jim WATSON / AFP)
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Según la agencia AP, es posible que Trump esté buscando una versión iraní de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien asumió el poder después de que el ejército de Estados Unidos capturara en enero al exlíder venezolano Nicolás Maduro.
Por casi dos décadas, Mohammad Bagher Qalibaf se presentó como un hombre de la línea dura con el que Occidente podía hacer negocios en Irán.
“Me gustaría que Occidente cambiara su actitud hacia Irán y confiara en Irán, y que tenga la seguridad de que en Irán existe una actitud para avanzar los asuntos mediante el diálogo”, dijo al periódico londinense The Times en el 2008.
Sin embargo, no hay garantía de que Mohammad Bagher Qalibaf pueda cumplir esa función para Washington.
“El intento de nombrar a Qalibaf desde Washington revela o bien una incomprensión del complejo sistema político de la República Islámica, o bien la determinación de subvertirlo: históricamente, el poder en Irán reside en el líder supremo, y Mojtaba Jamenei -hijo del ayatolá asesinado- ha sido elegido para ese cargo por la Asamblea de Expertos. Si bien es cierto que Jamenei no ha sido visto desde su elección y se cree que está gravemente herido, Irán insiste en que él es quien toma las decisiones en pleno funcionamiento”, señala “The Guardian”.
También hay otro problema y es que los liderazgos en la teocracia iraní aún son muy confusos. La agencia AP destaca que si bien el nuevo líder supremo de Irán ha respaldado a Qalibaf en sus campañas presidenciales, es probable que múltiples sectores dentro del régimen iraní compitan por el control del país.














