Las protestas comenzaron el 28 de diciembre y se agudizaron a partir del 8 de enero. De acuerdo con la ONG Irán Human Rights (IHRNGO), con sede en Oslo, hasta el martes la represión dejaba 734 muertos, mientras que la organzación HRANA, con base en Estados Unidos, eleva la cifra de fallecidos a 2.400.
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Los manifestantes en principio exigieron al gobierno del presidente Masoud Pezeshkian estabilizar el valor de la moneda, frenar la inflación, garantizar el poder adquisitivo y tomar medidas reales para paliar la crisis económica. Estas demandas eran impulsadas por diferentes sectores sociales, compuestos por comerciantes, trabajadores y estudiantes que salieron a las calles.

Sin embargo, las protestas rápidamente trascendieron lo económico y se volvieron políticas, bajo consignas como “¡Muerte al dictador!”, en referencia al líder supremo. También hay llamados a poner fin a la República Islámica como sistema teocrático, rechazo al actual régimen político y exigencias de cambios profundos de poder y libertad de expresión. Además, en las calles se repudia la corrupción y la represión perpetrada por los aparatos de seguridad.
La Internet sigue cortada en todo el país desde el 8 de enero, lo que dificulta el acceso a la información.
En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró el martes que enviará ayuda a los opositores en Irán y reiteró que su país podría llevar adelante un ataque militar contra el Gobierno de Teherán por la represión de las protestas.
¿Quién es el ayatola Alí Jamenei y qué poder ejerce?
Desde 1979, tras la Revolución Islámica que derrocó a la monarquía del sha Mohammad Reza Pahlavi, el sistema político de Irán funciona como una República Islámica de carácter teocrático. Aunque el país cuenta con instituciones formales propias de un sistema republicano —presidente, Parlamento y hay elecciones—, el poder real está concentrado en el líder supremo, una autoridad religiosa con mandato vitalicio que se sitúa por encima de todos los poderes del Estado.
El actual líder supremo de Irán es el ayatola Alí Jamenei, de 86 años. Ocupa el cargo desde 1989, tras la muerte del ayatola Ruhollah Jomeini.
En términos prácticos, Jamenei es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas; controla la Guardia Revolucionaria Islámica, que es el actor militar, político y económico más poderoso del país; tiene la última palabra en política exterior, seguridad y el programa nuclear; supervisa el Poder Judicial y los medios estatales e influye de manera decisiva en la habilitación o veto de candidatos que pueden o no competir en las elecciones.
¿Y dónde queda el papel del presidente de la república? En Irán, el presidente es la máxima autoridad del Poder Ejecutivo, pero su poder es limitado, condicionado y subordinado al líder supremo. Su función principal es administrar el Estado, pero no define el rumbo estratégico del país.
Aunque es electo por voto popular, el presidente gobierna bajo la supervisión de instituciones controladas por el poder clerical, como el Consejo de Guardianes.
Jamenei nació el 17 de julio de 1939 en Mashhad, noreste de Irán. Proviene de una familia clerical modesta. Su padre era un religioso de bajo perfil.
Se formó como clérigo chiita y estudió teología, jurisprudencia islámica y filosofía. No alcanzó inicialmente el rango de “gran ayatola”, algo inusual para un líder supremo, pero su estatus religioso fue elevado tras asumir el cargo.
Participó activamente en la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al sha y llevó al poder al ayatolá Ruhollah Jomeini.
Tras la revolución, Jamenei fue miembro del Consejo de la Revolución y ocupó cargos políticos y religiosos clave. También se consolidó como una figura leal al proyecto islamista del nuevo régimen.
Jameneí fue presidente de Irán durante ocho años, entre 1981 y 1989, en plena guerra con Irak . Su presidencia estuvo marcada por la militarización del Estado, la represión de opositores políticos y la consolidación del poder clerical.
Tras la muerte de Jomeini, Jamenei fue designado líder supremo, un cargo que, en teoría, ostentará hasta su fallecimiento.
Jamenei es antiestadounidense y antiisraelí, un férreo defensor de un modelo de teocracia autoritaria y promotor del Eje de la Resistencia, formado por milicias aliadas como Hezbolá, Hamás, los hutíes de Yemen, entre otros.
¿Está en peligro el régimen de los ayatolas?
El periodista y analista internacional Carlos Novoa, especializado en temas del Medio Oriente, sostiene a El Comercio que el descontento social en Irán ya no puede entenderse solo como una reacción coyuntural a la crisis económica, sino como la convergencia de múltiples factores estructurales que han terminado por dirigir la protesta contra la figura del líder supremo, el ayatola Alí Jamenei.
Según Novoa, la actual crisis económica es una de las más severas de la última década, al punto de haber quebrado la principal herramienta que durante años permitió al régimen contener el malestar social: una relativa estabilidad basada en los ingresos petroleros. “La capacidad del gobierno iraní de controlar la situación a partir de cierta estabilidad económica ya no existe”, advierte.
A esta situación se suma una crisis hídrica sin precedentes, especialmente visible en Teherán, una megaciudad de más de 10 millones de habitantes cuyos acuíferos se encuentran prácticamente agotados. “Es la peor escasez de agua en décadas, y eso impacta directamente en la vida cotidiana de la población”, explica.
Pero para Novoa, el elemento decisivo es el hartazgo político frente a más de cuatro décadas de fundamentalismo religioso. Aunque Irán mantiene una estructura institucional con presidente, Parlamento y Poder Judicial, el analista subraya que todas estas instancias están subordinadas al poder de los ayatolas, encabezados por Jamenei como máxima autoridad política y espiritual del país.
“El sistema ha podido sostenerse porque durante años hubo recursos económicos suficientes”, señala. Sin embargo, ese equilibrio se rompió con las sanciones internacionales, el énfasis del régimen en el programa nuclear y lo que la población percibe como un derroche de recursos por parte de la élite gobernante, acompañado de reiterados casos de corrupción.
Este desgaste, afirma Novoa, ha generado una mezcla explosiva: crisis económica, cansancio social y rechazo al control religioso del Estado, lo que explica por qué las actuales protestas son las más intensas desde el 2009 y también las que han enfrentado una represión más brutal.
Respecto a la supervivencia del régimen, el analista señala que el factor clave sigue siendo el control de Jamenei sobre la Guardia Revolucionaria, que ha permitido contener y reprimir protestas durante los últimos 15 años. No obstante, advierte que ningún sistema de poder es completamente monolítico. “Cuando hay luchas internas, siempre aparecen grietas”, apunta.
Novoa también menciona el papel del contexto internacional y señala que en el análisis del régimen iraní, existe la percepción de que servicios de inteligencia extranjeros están detrás de las actuales protestas, y menciona explícitamente al Mossad israelí y a la CIA estadounidense.
Según el analista, esta lectura es especialmente fuerte en el caso de Israel, país que —afirma— vería con interés el debilitamiento o la caída del régimen instaurado tras la Revolución Islámica, debido al carácter abiertamente antisionista del sistema clerical iraní. Novoa recuerda que antes de 1979 Irán mantenía una relación cercana con Estados Unidos y, por extensión, con Israel, y sostiene que, desde la lógica del régimen, la injerencia externa es vista como un factor que podría aprovechar grietas internas en un contexto de crisis y protestas sostenidas.
Novoa recuerda que Irán es hoy un país con una población mayoritariamente joven, menor de 30 años, que se siente ajena al modelo impuesto desde 1979. “Irán no es un país árabe, es un país persa, con una tradición cultural profundamente distinta y que antes de la revolución estaba mucho más occidentalizado”, concluye, subrayando que ese contraste cultural profundiza el rechazo al régimen actual.




