Los que pidieron ‘brutalidad’, ¡porque la disfrutaron en los debates de la primera vuelta!, se quedaron con los crespos hechos el domingo pasado. No hubo un ‘Popy’ Olivera de la economía ni un Yonhy Lescano de las brechas de infraestructura. Todos los polemistas estuvieron casi, casi modositos, intentando demostrar que tienen propuestas y saben cómo ejecutarlas. ¿Por qué tanta serenidad, sobre todo del lado naranja? Les cuento.
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Fuerza Popular (FP) asumió el gran riesgo de empatar el debate con tal de mostrar que no está solo, que tiene un abanico de aliados que pueden asumir su discurso técnico. Por eso vimos al propio Carranza repitiendo su papel del 2021, al pepecista Carlos Neuhaus en Infraestructura y al centrista Vladimiro Huaroc en Reforma del Estado. El riesgo que mencioné es que los técnicos ajenos no tienen vocación para replicar ataques anti fujimoristas. No está en su ADN.
Donde más tensión y duelo político de tú a tú se vio fue en el capítulo de Juventud y Deportes entre Rosángela Barbarán, que sí es un cuadro político de FP y Ernesto Zunini, revelación de JP y vocero directo de Sánchez. La polémica siguió incluso detrás de cámaras. Salvo ese encuentro, FP no se puso el chip político que le permitiera anticipar una batería de contrataques contra la que iba a ser la principal narrativa agresiva de JP: ‘ustedes están gobernando desde que se aliaron con Dina el 7 de diciembre del 2022’.
Dicho todo esto hagamos un balance realista preliminar: FP arriesgó mucho y aguantó demasiadas puyas políticas sin replicar, pero a sabiendas de que el debate técnico tiene poco peso e impacto. JP ganó más, mostrando que tiene técnicos, aunque ajenos y discrepantes con sus otros aliados (ojo, JP dejó que los aliados marcaran su línea, eso tendrá consecuencias aún sino ganan la elección). FP mostró que hay templanza tecnocrática más allá del ideologizado núcleo duro naranja. Se guardaron la que muy probablemente será su principal narrativa de respuesta a la ya expuesta por JP. La esbozamos en la crónica “Keiko y el desorden” (11/5/2026). Se las cuento.
Como veíamos, Roberto Sánchez ya anticipó, a través de sus aliados políticos en el debate técnico, una nueva narrativa de ataque, que se suma al antifujimorismo tradicional: ‘ustedes son gobierno, son ‘leyes pro crimen’ e inseguridad, son falta de salud, de agua potable, de educación, de vivienda, etc”. El fujimorismo no desarrolló sus principales narrativas de ataque en ese debate, tendrá que hacerlo ahora de todos modos, con mayor posibilidad de sorprender a su adversario.
En el discurso disperso de los líderes naranjas se advierte con frecuencia algo que la campaña de Sánchez muestra notoriamente: las contradicciones entre sus aliados son de alto calibre. Sánchez estaba manejando la incomodidad que provoca Antauro Humala en el ala progresista de los aliados de JP -no muy distante al escándalo que provoca en la derecha- gracias al silencio de Antauro. Pero Pedro Francke puso la discrepancia sobre la mesa y la llevó, junto a su correligionario Guerra García, al debate. Ambos son parte de Nuevo Perú (NP). El ala progre de la alianza, como ya vimos, marcó la línea de JP en el debate técnico y Roberto tendrá que respetarla a expensas de sus otros aliados. Y Antauro no soportó que Pedro, suelto de huesos, le diga ‘nefasto’; y lo minimizó. Es muy probable que Keiko busque explotar esas fisuras, no solo exponiéndolas, sino colocándolas como problema central de JP. Me explico.
“Roberto Sánchez ya anticipó una nueva narrativa de ataque, que se suma al antifujimorismo tradicional: ‘ustedes son gobierno, son ‘leyes pro crimen’ e inseguridad, son falta de salud”
Para Keiko, el ‘miedo’ no está en el ‘contenido’ de su rival, que ya no suena lo anti sistema que parecía en la primera vuelta. Está en el desorden entre propuestas y aliados que porta Roberto. Aquellas inconsistencias que no le replicaron los técnicos a sus contrapartes de JP el domingo pasado; podrá contarlas Keiko: ‘usted es congresista, votó por José María Balcázar, votó por mucho de lo que hoy critica, no favoreció el adelanto de elecciones cuando lo propusimos’, etc. Pero, por encima de eso, desarrollará, muy probablemente, la siguiente narrativa: ‘mientras yo planteo el orden y FP lo encarna en su disciplina y coherencia de programa; usted es el desorden porque se apartó de Castillo y ahora lo reivindica, porque cambia de ideas entre la primera y segunda vuelta, porque su gente no se pone de acuerdo; de modo que no garantiza que pueda llevar a cabo nada de lo que plantea’. Y hará un esfuerzo especial, podemos imaginarlo, por mostrar que el desorden empezó con Castillo y que lo que ha seguido con Boluarte, Jerí y Balcázar es una consecuencia del castillismo que exime de responsabilidades mayores a su bancada naranja. Todo un reto.

Roberto Sánchez asegura que colaborará con cualquier investigación tras cuestionamientos por vehículos de campaña. (Foto: GEC)
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Por supuesto, Sánchez tiene argumentos para replicar a esas narrativas. En primer lugar, ya habrá hecho el desbroce de todo aquello por lo que él voto junto con Keiko y aquellas causas polémicas desde el punto de vista fiscal (exoneraciones tributarias) y escandalosas desde el punto de vista de la inseguridad ciudadana (algunas de las leyes bautizadas ‘pro crimen’), que él no votó. Roberto favorece a la minería informal, pero difícilmente Keiko pisará los callos de ese bolsón electoral. Al revés, él tampoco pisará callos de los sectores sociales y regiones favorecidas por Keiko. Muchas verdades se callan en los debates en nombre del elector indeciso. La política exterior tampoco suele ser -prudencia obliga- un tema principal de ataque. La compra de los F 16 estadounidenses, por ejemplo, dudo que sea ventilada por alguno de los dos, sino es para desmitificar los clichés de excesivamente pro chino de Roberto o excesivamente pro Trump de Keiko.
‘Miki’ Torres estará, a su pesar, presente en el debate. Sin duda, el recuento que hizo de la confluencia de actores e instituciones contra la corrupción y el exabrupto autoritario del castillismo, sonó terrible si se oyó con orejas conspirativas. Abonó a la narrativa de que Castillo fue saboteado y cayó víctima de un complot. Keiko tendrá que responder las puyas del caso. Cualquiera ajeno al fujimorismo podría decir que lo que describió Torres fue muy similar a la confluencia democrática que provocó la caída de Alberto Fujimori en el 2000. Para Keiko, hacer ese símil sería muy complicado aunque, de hecho, tendría un gran golpe de efecto. No sé si tenga ese vuelo.












