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Pocas regiones del país concentran contrastes tan marcados como Tacna. En un solo viaje es posible pasar del circuito costero a la imponencia de los valles andinos. Puedes empezar la mañana frente a la brisa del Pacífico y terminar la tarde a más de 3.500 m s. n. m., contemplando la cordillera. Pero su verdadero magnetismo está en el orgullo de su gente y en una memoria viva que convierte cada esquina en un homenaje a la identidad peruana.
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Mientras tanto, en el mirador, es un momento perfecto para refrescarse, no solo porque hay baños públicos para aliviarse antes de seguir el viaje, sino porque sobre él se puede sentir una brisa fresca y un aire limpio que entra hacia los pulmones en medio de un aura de mística. La ubicación de este lugar hace que allí se concentre mucha energía, por ello los visitantes suelen, siguiendo una antigua tradición andina, crear sus propias ‘apachetas’, montículos de piedras que los viajeros construyen como ofrenda a la Pachamama como un símbolo de agradecimiento por el viaje realizado.
Al llegar a la provincia de Tarata nos detenemos en uno de sus distritos más acogedores: Tarucachi, cuyo nombre rinde homenaje a la taruca, un venado andino muy presente en esta zona, aunque actualmente el lugar es más conocido por su producción de deliciosas manzanas, desde la camuesa hasta la Winter. Aquí el punto más visitado por los turistas es una hermosa iglesia de la época colonial cuyos interiores sorprenden al haber sido decorados con tintes extraídos de plantas y tubérculos nativos. El guardián de la iglesia nos recibe y nos cuenta de los santos patronos que vemos en el colorido atrio: desde la Virgen de la Candelaria y Virgen del Rosario hasta San Pedro y San Pablo. Pero especialmente Julio Tata, cuya festividad es muy conocida en esta zona.

Interiores de la iglesia de Tarucachi. (Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
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A las afueras de la iglesia, cuya fachada ofrece una ceremoniosa vista de piedra de cantera, pobladores de la zona ofrecen productos naturales de todo tipo: gaseosas artesanales, pomadas para diversos dolores, aceites esenciales y un alfajor de miel de abeja que le recomendamos probar de todas formas.

(Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
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Son las 10 de la mañana y el cielo se abre en un azul impecable: hemos superado los 3.000 m s. n. m. La Plaza de Armas de Tarata nos recibe con sol radiante y un profundo sentido cívico. En el centro resalta su lámpara votiva, que se enciende cada 28 de agosto y, de manera muy especial, cada 1 de septiembre, en conmemoración de la reincorporación de Tarata al suelo patrio en 1925, tras cuatro décadas de cautiverio. Si visitas el pueblo en esas fechas, verás a los lugareños con sus trajes tradicionales honrando a las generaciones que resistieron sin perder su identidad.

(Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
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Custodiando la plaza se levanta la Iglesia de San Benedicto, declarada Patrimonio Cultural de la Nación. Su construcción inició en 1611 y tardó más de un siglo en culminarse (1741). El frontis, los arcos laterales y las pilastras trabajadas en piedra sillar exhiben una sobria elegancia virreinal que ha sobrevivido a terremotos y al paso del tiempo. Pero es tiempo de seguir hacía el próximo destino.
Si te gustan los lugares que te permiten conectar con la naturaleza, este es el destino correcto para ti. Pero, mucho ojo, es un lugar que te exigirá buen estado físico. Aquí, el auto nos dejará a unos pasos del camino Inca, que deberemos seguir hasta llegar al complejo de Qala Qala. El camino es un deleite para los ojos, con vistas de andenes incas y fauna en su hábitat natural. Tras varios minutos de caminata (recomendamos llevar buenas zapatillas), y tras ver llamas pastando en estado natural, pasamos por una zona muy ‘instagrameable’ donde los turistas posan como si sostuvieran una gran roca. Unos minutos después, hemos llegado a las cuevas de Qala Qala.

(Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
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(Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
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El nombre viene del idioma aimara y significa lugar con muchas piedras. Y, en efecto, aquí nos encontraremos con un conjunto de cuevas formadas por impresionantes formaciones rocosas que llevan aquí más años de los que podemos calcular. En este abrigo natural esculpido por el viento y los milenios se pueden ver petroglifos y pinturas rupestres con representaciones de camélidos, figuras antropomorfas y patrones geométricos. Pero también se puede disfrutar de una caminata reponedora en medio de uno de los paisajes más espectaculares que ofrece Tacna.

(Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
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Muy cerca a las cuevas de Qala Qala está el pueblo de Ticaco, conocido también como la Tierra de las Flores, que nos recibe ya entrada la tarde. Aprovechamos para almorzar en el lugar, un delicioso cuy chactado con sabrosas papas y oca, y de entrada un choclo (maíz tarateño, para ser más precisos) con queso.

(Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
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Caminamos por la plaza de Ticaco y nos encontramos con una de las particularidades de su plaza: una iglesia custodiada por un perro de piedra de cantera. Según la leyenda, el perro custodia al patrono del pueblo, Santo Domingo de Guzmán, cuya imagen solía desaparecer en los inicios de la creación del templo. Frente a la plaza nos encontraremos con el taller de artesanías Ticaco Turístico, donde, además de la posibilidad de comprar recuerdos, los visitantes pueden participar de un taller y llevarse un recuerdo hecho con sus propias manos. Una excelente forma de cerrar la jornada.

(Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
Retomamos la marcha apenas unos minutos más para llegar a uno de los puntos más cotizados del circuito: las fuentes termales de Ticaco. Enclavado en una quebrada rodeada de vegetación andina, este complejo aprovecha las bondades geotérmicas de la zona con aguas cristalinas y medicinales que brotan a más de 40 °C.

(Foto: 18 Grados Sur/ Cortesía)
El lugar ofrece tanto piscinas familiares al aire libre como pozas privadas de piedra para mayor tranquilidad. El consejo de oro: no exceder los 25 a 30 minutos de inmersión para que el contraste térmico y la altitud no jueguen en contra, tiempo suficiente para revitalizar el cuerpo y aliviar los músculos tras la caminata. No olvides empacar toalla, sandalias, ropa de baño y bloqueador solar para completar la experiencia.
Si tu itinerario lo permite, reserva un día completo para esta expedición. Aquí sacarás algunas de las postales más bellas de la región, pero también te llevarás en la mente una imagen realmente única. Los géiseres son muy raros de ver, hay muy pocos en el mundo, y en el Perú se pueden visitar en la provincia de Candarave, a cuatro horas de la ciudad de Tacna y a unos 4.300 m s. n. m. Allí te encontrarás con estas fuentes de aguas calientes que brotan desde las profundidades de la Tierra y que generan un espectáculo visual (y natural) asombroso.
Son más de 80 fuentes termales de agua hirviendo que superan los 86°C. La más popular entre los turistas lleva el nombre de Ojo del Ángel, pues la disposición de las aguas y los bordes de minerales nos ofrecen una obra de arte.
(Foto: 18 Grados Sur/ Cortesía)
De regreso a la ciudad, el viaje concluye en un espacio cargado de simbolismo. A diferencia de otras capitales peruanas, aquí no hay una plaza de armas tradicional, sino el Paseo Cívico, un verdadero santuario patriótico a cielo abierto. En su eje central se alza el Arco Parabólico, custodiado por los monumentos a Miguel Grau y Francisco Bolognes, que es una postal muy conocida de la ciudad. A sus pies, la lámpara votiva de bronce, decorada con espadas y anclas en altorrelieve, arde como homenaje perenne a los héroes y defensores de la patria.

Centro Cívico de Tacna. (Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
Cruzando el paseo destaca el Monumento a la Mujer Tacneña, una escultura de bronce que rinde tributo a las heroínas anónimas que mantuvieron encendida la identidad y el civismo durante las cuatro décadas de cautiverio chileno. Un testimonio vivo de ese coraje fue doña Olga Grohmann, madre del insigne historiador Jorge Basadre. A pocas cuadras, la Casa Basadre, hoy convertida en centro cultural, permite recorrer las habitaciones donde Basadre pasó su infancia y el patio donde su madre impartía clases clandestinas de historia y geografía del Perú a los niños del vecindario. Frente al paseo, una estatua a escala real recuerda al ilustre intelectual sentado y contemplando su tierra natal.

Pileta Ornamental del Paseo Cívico de Tacna. (Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
La postal urbana se completa con la monumental Pileta Ornamental, que nos recuerda toda la historia de la que ha sido testigo este lugar. La pileta, que retrata a la familia de Neptuno, llegó desde Bruselas, Bélgica, a mediados del 1800. En aquella época se entregaron varias de estas piletas por el mundo, así que la misma que vemos en Tacna tiene sus “gemelas” en Valparaíso, Chile; en Córdoba, Argentina; y en Valencia, España. Y, finalmente, la Catedral de San Pedro, representa otro espectáculo visual. Préstale atención a la fachada del templo y cómo sus principales elementos se replican en el suelo como si se tratara de un efecto de sombra.

Casa de Jorge Basadre en Tacna. (Foto: Gabriela Delgado/ El Comercio)
Aunque es una de las regiones más compactas del territorio nacional, Tacna es un gigante en historia, carácter y diversidad de paisajes. ¡No dejes de visitarla y sorprenderte con sus tesoros!
Además…
Tips viajeros
¿Cómo llegar? El viaje Lima-Tacna por tierra es de aproximadamente 22 horas. Por aire el viaje es de 1 hora y 50 minutos.
¿Qué comer? La ciudad es famosa por el picante a la tacneña, aunque también se pueden probar platos emblemáticos de sus provincias, como el cordero candaraveño. En cuanto a bebidas es famoso el Tacna Sour, una variante local del Pisco Sour que se hace con lícor de damasco. Anualmente se realiza la feria Perú Mucho Gusto Tacna, a cargo de PromPerú, que reúne a destacados exponentes de la cocina local. Además, la cervecería 7 vidas es original de Tacna, por lo que recomendamos darle una vuelta por su local.
No olvides que, si vas a contratar tours, debes asegurarte de que estos sean formales. Te recomendamos consultar en la caseta de atención al turista en el Paseo Cívico. En nuestro caso, hicimos nuestro recorrido con la agencia 18 Grados Sur.

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