martes, agosto 25

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El hallazgo de la semaglutida, que sirve para bajar de peso, despertó una ola de interés por los péptidos.

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La conversación sobre los péptidos inunda las redes sociales.

La conversación sobre los péptidos inunda las redes sociales.

Celebridades, influencers de bienestar y usuarios espontáneos promocionan el uso de sus versiones sintéticas para una variedad de fines, que van desde el cuidado de la piel hasta la recuperación muscular.

Mientras, la comunidad científica señala que la evidencia que existe sobre la efectividad de muchos de estos en humanos es escasa o nula.

La discusión llegó recientemente hasta la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés).

Un comité científico asesor de esa agencia, conformado en parte por personas con intereses económicos en la industria farmacéutica, se pronunció el pasado 24 de julio a favor de flexibilizar las restricciones existentes y permitir la producción a gran escala de algunos tipos de péptidos experimentales.

Ahora la FDA tendrá que decidir, con base en ese concepto, si da la luz verde definitiva.

Pero ¿qué son exactamente los péptidos, para qué sirven y a qué se debe su popularidad?

Los péptidos son pequeñas cadenas de aminoácidos (similares a las proteínas pero más cortos) que nuestro cuerpo produce por sí mismo.

“Tenemos muchos péptidos en el cuerpo que tienen una función biológica importante”, le dice a BBC Mundo Fernando Albericio, químico y profesor de investigación de la Universidad de KwaZulu-Natal, en Sudáfrica.

Funcionan como mensajeros que les dicen a las células qué hacer y juegan roles vitales en el sistema nervioso, el metabolismo, el sistema inmunológico, el control de las hormonas y un largo etcétera.

Las endorfinas, la insulina y la oxitocina son algunos ejemplos.

La oxitocina, por ejemplo, es un péptido que se produce naturalmente en el parto, pero también se puede administrar en su versión sintética.

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Desde hace décadas, se producen y comercializan versiones sintéticas de estos compuestos con fines terapéuticos.

“Cuando su función biológica falla, puede ser causa de una enfermedad. Entonces, con péptidos sintéticos podemos tratar esa enfermedad”, señala Albericio, que también es profesor emérito de la Universidad de Barcelona y lleva más de 50 años investigando los péptidos.

Un ejemplo del uso de los péptidos con fines terapéuticos es la oxitocina que se administra en el parto. Otro son los enalprilatos que se usan para bajar la presión.

Pero también se han usado fuera del ámbito clínico, como en el caso del aspartame, un sustituto artificial del azúcar bajo en calorías.

Según Albericio, hay unos 125 péptidos sintéticos aprobados para fines terapéuticos y cientos más que están en etapa de ensayos clínicos.

A diferencia de otros tipos de fármacos, estos tienen la ventaja de que son las mismas sustancias que produce el cuerpo naturalmente, y tienen menos efectos secundarios.

“El problema de los fármacos es que muchas veces se excretan por el riñón o van al hígado, y pueden perjudicar”, apunta Albericio.

“Los péptidos se metabolizan muy rápidamente, se van rompiendo y dan aminoácidos, que son totalmente inocuos. No causan ningún daño”, explica.

El boom reciente de los péptidos sintéticos empezó con las diferentes versiones de GLP-1.

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La investigación alrededor de los péptidos tuvo un antes y un después hace un par de décadas, cuando científicos de la empresa farmacéutica Novo Nordisk desarrollaron un péptido sintético para la diabetes tipo 2: la famosa semaglutida.

Es el ingrediente activo de los medicamentos comercialmente conocidos como Ozempic y Wegovy, entre otros.

La semaglutida imita al GLP-1, una hormona natural presente en el intestino que baja los niveles de azúcar, ralentiza la digestión y reduce el apetito.

Sirve, también, para reducir el riesgo de ataques cardíacos y derrames cerebrales.

Pero su hallazgo no solo revolucionó el tratamiento de la diabetes tipo 2. También dio en el clavo con respecto a una de las mayores fijaciones culturales de la actualidad: adelgazar.

“El número de enfermos de diabetes tipo 2 es grande, es una de las enfermedades más prevalentes del mundo”, dice el profesor Albericio. “Pero el número de gente con sobrepeso es inmenso”.

Inevitablemente, se convirtió en un fenómeno mediático. Celebridades como Oprah Winfrey y Serena Williams empezaron a hablar de su uso de versiones sintéticas del GLP-1 para perder peso.

En palabras de Albericio, fue “el boom sobre el boom”. Y la respuesta de la industria no se hizo esperar.

“Hemos pasado de hablar de producción de gramos de estos péptidos a hablar de toneladas. Y no hay suficiente capacidad para producir todo lo que se necesita”.

Un comercial promocionando una versión sintética del GLP-1, con la imagen de la tenista Serena Williams, durante la transmisión del Super Bowl.

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La semaglutida y la tirzepatida, una molécula similar desarrollada por otra compañía farmacéutica, están aprobadas para consumo humano por la FDA.

Pero la misma organización ha alertado de versiones no autorizadas de GLP-1 que se están comercializando, precisamente porque la oferta de las farmacéuticas no alcanza a satisfacer la demanda.

“La semaglutida se le está quitando a gente que es diabética para dársela a gente que dice tener sobrepeso. Hay temas éticos alrededos de esto, y mucho dinero”, indica Albericio.

“China e India están produciendo mucho, pero mucho. Y se están construyendo fábricas corriendo para producir más y más y más”.

De la mano con su popularidad, sin embargo, ha ido creciendo también la conversación sobre sus riesgos y efectos secundarios.

Se sabe que pueden producir náuseas, reflujo, cólicos y estreñimiento.

De acuerdo con un estudio de la Western University of Health Sciences, en un pequeño porcentaje de pacientes la terapia con semaglutida “también se asocia con efectos adversos preocupantes”, como la pancreatitis, la presencia de líquido en los pulmones, lesiones en el riñón o la vesícula biliar, entre otros.

Pero cuando los influencers hablan de los péptidos, no suelen estar refiriéndose al GLP-1 ni a los que se usan desde hace décadas para tratar enfermedades.

Se suelen referir a otra serie de compuestos experimentales, que se promocionan para mejorar la apariencia de la piel, ayudar a desarrollar músculo, acelerar el metabolismo, recuperarse de lesiones, entre otras muchas funciones, aunque no existan ensayos clínicos que sustenten su efectividad en humanos.

Algunos de estos son los que están ahora mismo sobre la mesa de discusión de la FDA, pues se encuentran en una zona gris de la regulación.

No es ilegal comprarlos o tenerlos, pero no están aprobados para el consumo humano sino solo con fines científicos (como pruebas de laboratorio o ensayos en animales).

Sí están prohibidos en las competiciones deportivas.

La realidad, sin embargo, es que están ampliamente disponibles en internet y la mayoría de personas los compran por ese canal para su consumo, con todos los riesgos que implica inyectarse sustancias no controladas por las agencias estatales.

El propio secretario de Salud de EE.UU., Robert Kennedy Jr., conocido por su activismo antivacunas, se ha declarado un “gran fan” de los péptidos sintéticos, y ha prometido flexibilizar las restricciones que le puso a la industria el gobierno de Biden.

Robert Kennedy Jr. es la cara del movimiento MAHA («Hacer a EE.UU. saludable de nuevo») que, entre otras cosas, promueve los péptidos experimentales.

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Su consumo está asociado a las tendencias digitales de biohacking y looksmaxxing, que se presentan como vías para optimizar la salud, la belleza, la aptitud física y la longevidad.

Es decir, ya existe la demanda, pero la oferta se ha quedado atrás, en parte por los obstáculos regulatorios que enfrentan.

El permiso que en las próximas semanas podría darles la FDA a las farmacias para producir estos péptidos experimentales constituiría un paso esencial para que en el futuro estén disponibles bajo receta médica.

Normalmente, la FDA suele acatar las recomendaciones de sus expertos, así que es esperable que en este caso proceda de forma coherente con el visto bueno que dio su comité científico el pasado 24 de julio.

Los expertos de la FDA específicamente evaluaron seis péptidos para tratar el insomnio, la osteoporosis y la colitis ulcerosa.

Varios miembros del panel que evaluó las sustancias trabajan para clínicas y farmacias que venden péptidos.

En redes sociales, sin embargo, los mismos compuestos se promocionan para otros fines.

El profesor Albericio señala que “la utilización de péptidos indiscriminadamente no es positiva, pero probablemente tampoco sea negativa porque son inocuos”.

“No van a curar, pero no van a matar”, agrega.

“En farmacia hay mucho marketing, y muchas de las cosas que hay no están claramente testeadas, comprobadas”.

En la medida en que no existen ensayos clínicos sobre estas sustancias, tampoco se conoce cuáles son las dosis adecuadas ni qué riesgos o efectos secundarios acarrea su uso.

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