viernes, julio 3

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Kiev vivió la noche del miércoles y la madrugada del jueves una de las jornadas más violentas desde el inicio de la invasión rusa. Una combinación de drones y misiles impactó distintos puntos de la capital ucraniana durante la noche y la madrugada, dejando al menos 23 muertos y decenas de heridos, según las autoridades locales. Diversos medios internacionales describieron la ofensiva como uno de los ataques más severos sufridos por la ciudad desde 2022.

La nueva escalada se produjo mientras Moscú advertía que continuará aumentando la presión sobre Ucrania. Para los analistas consultados, el bombardeo debe entenderse dentro de un contexto más amplio: la reciente capacidad ucraniana para golpear objetivos situados en profundidad dentro del territorio ruso mediante drones de largo alcance.

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De acuerdo con información de la agencia SWI, la ofensiva rusa obligó a miles de habitantes de Kiev a buscar refugio en los lugares más seguros de la ciudad. Según el metro de la capital ucraniana, al menos 52.000 personas, entre ellas 4.500 niños, pasaron la noche en estaciones subterráneas para protegerse de los bombardeos, la cifra más alta registrada en los últimos años.

Al salir, muchos encontraron sus viviendas reducidas a escombros. Una de ellas fue Sabina Mambetova, de 32 años, quien había huido previamente de la ciudad oriental de Kramatorsk para rehacer su vida en Kiev. “La mitad del edificio está destruida y el techo ya no existe”, relató a la AFP mientras señalaba lo que, hasta unas horas antes, era su apartamento.

Equipos de rescate ucranianos trabajan en el lugar del ataque con misiles rusos contra un edificio residencial de nueve pisos en Kiev, el 2 de julio de 2026. (EFE/EPA/SERGEY DOLZHENKO).

/ SERGEY DOLZHENKO

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La magnitud de la tragedia llevó al alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, a declarar el viernes como día de luto “en memoria de las víctimas del ataque más masivo del enemigo contra la capital”. La autoridad calificó la ofensiva como “una verdadera pesadilla” para los habitantes de la ciudad

El analista internacional Roberto Heimovits considera que la ofensiva tiene un componente de represalia y de consumo interno. “Este bombardeo sobre Kiev puede interpretarse, al menos parcialmente, como un intento de represalia por esos golpes y como una forma de reforzar la moral interna en Rusia”, explicó.

Heimovits señaló que, a comienzos de este año, parecía que la estrategia rusa de desgaste avanzaba gradualmente hacia sus objetivos. Sin embargo, sostuvo que Ucrania ha logrado en las últimas semanas “un cambio tecnológico significativo” con drones capaces de alcanzar Moscú, San Petersburgo y otras zonas alejadas del frente, afectando infraestructura estratégica y la percepción de seguridad dentro de Rusia.

A su juicio, el ataque no implica necesariamente un cambio de estrategia por parte del Kremlin. “No parece que el presidente Vladimir Putin haya renunciado a su objetivo inicial: consolidar el control sobre el Donbás y convertir a Ucrania en un Estado subordinado a Rusia”, afirmó.

Rusia usa drones kamikaze sobre la ciudad de Kyiv

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Uno de los elementos más destacados por los especialistas es la creciente importancia de los drones en ambos bandos. Heimovits considera que esta competencia tecnológica podría terminar alterando el curso de la guerra.

“Si Ucrania mantiene esa ventaja y continúa causando daños significativos dentro de Rusia, entonces sí podría surgir, por primera vez en más de cuatro años de guerra, la posibilidad de que Putin considere seriamente una solución negociada”, sostuvo.

Según el analista, la estrategia rusa había buscado mantener el conflicto lejos de las grandes ciudades y de la clase media rusa. Los ataques ucranianos contra bases militares, refinerías e infraestructura energética situadas a cientos de kilómetros del frente podrían elevar el costo político y económico para Moscú.

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski solicitó a Estados Unidos la licencia para producir defensas antiaéreas PATRIOT, los cuales tienen la capacidad para interceptar los misiles balísticos. (Foto: AFP)

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Desde una perspectiva militar, el experto en seguridad internacional Román Ortiz explicó que la principal diferencia de este ataque fue el volumen de recursos empleados por Rusia.

“En esta ocasión se han utilizado muchos más medios para saturar las defensas aéreas ucranianas”, indicó.

Ortiz recordó que Ucrania ha desarrollado una importante capacidad para interceptar drones, incluso con sistemas de producción propia, pero sigue teniendo limitaciones frente a los misiles balísticos de alcance intermedio.

“Cuando Rusia combina un gran número de misiles balísticos con drones, logra sobrecargar las defensas ucranianas y provocar un mayor número de víctimas”, afirmó.

El especialista añadió que Kiev intenta desarrollar un sistema equivalente al Patriot estadounidense, aunque ese proceso todavía requiere tiempo. Mientras tanto, Rusia estaría aprovechando una “ventana de oportunidad” para lanzar ataques con misiles balísticos, consciente de que Ucrania aún no dispone de suficientes medios para interceptarlos eficazmente.

El recinto del Kremlin, en Moscú, en una imagen de archivo. Foto: EFE/ Ignacio Ortega

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Pese al impacto del ataque sobre la capital ucraniana, Ortiz considera que los bombardeos por sí solos no modifican el equilibrio militar.

“Generan un enorme sufrimiento entre la población civil, pero no modifican el equilibrio militar del conflicto”, señaló.

Para el experto, el frente terrestre permanece prácticamente estancado y Ucrania incluso ha recuperado pequeñas porciones de territorio en algunos sectores. Lo que Rusia conserva es una capacidad industrial importante para fabricar drones y misiles con los que puede castigar la retaguardia ucraniana.

Ortiz sostiene que el verdadero cambio estratégico está ocurriendo en sentido inverso: “La capacidad que ha desarrollado Ucrania para golpear con drones objetivos situados muy dentro del territorio ruso está poniendo bajo presión infraestructura industrial y energética que antes era considerada completamente segura”.

Ambos analistas coinciden en que la ofensiva puede reforzar los argumentos de Kiev para solicitar más sistemas de defensa antiaérea.

Heimovits considera que la eficacia demostrada por Ucrania con sus drones podría convencer a sus aliados de acelerar entregas pendientes. “Si Ucrania continúa imponiéndose en esa carrera y logra incrementar el costo de la guerra para Moscú, aumentarán tanto las posibilidades de recibir más ayuda occidental como la presión sobre el Kremlin para explorar una salida negociada”, afirmó.

Ortiz, por su parte, recordó que Estados Unidos enfrenta una producción limitada de misiles Patriot y que la industria europea todavía avanza a un ritmo relativamente lento, por lo que el refuerzo de la defensa aérea ucraniana no será inmediato.

El humo se eleva sobre Kiev, Ucrania, el 2 de julio de 2026, tras un masivo ataque combinado de Rusia. (EFE/ Maxym Marusenko).

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De cara a las próximas semanas, Heimovits cree que el escenario dependerá de la evolución de la carrera tecnológica entre drones y contramedidas. Si Rusia no logra neutralizar los ataques ucranianos contra ciudades e infraestructuras estratégicas, podría aumentar tanto el apoyo occidental como la disposición de Moscú a negociar.

Ortiz también observa señales de desgaste en el aparato militar ruso. “A medida que aumentan los costos económicos y militares para Moscú, es posible que se abra espacio para negociaciones mucho más serias que las vistas hasta ahora”, señaló.

Por ahora, la guerra continúa lejos de una resolución. El ataque sobre Kiev demuestra que Rusia mantiene capacidad para lanzar ofensivas de gran escala, mientras Ucrania intenta responder golpeando cada vez más profundamente dentro del territorio ruso. La combinación de drones, misiles y defensa antiaérea se ha convertido en el nuevo centro de gravedad de un conflicto que entra en otra fase de presión y desgaste.

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