La dispersión electoral hace que nuestra democracia sea precaria. Si no lo corregimos, el próximo Congreso podría ser aún más fragmentado y caótico que el actual. Ello garantizaría la continuidad de la inestabilidad política: mociones de censura, intentos de disolver el Parlamento, etc. Para evitarlo, debemos promover reformas.
Actualmente, se castiga a las agrupaciones que postulan en alianzas, elevando la valla electoral del 5% al 6%. La regla debería ser inversa. Quienes construyen coaliciones deben ser premiados, no castigados por el Sistema.
También debería aprobarse una ley anti-transfuguismo. Los parlamentarios son escogidos, mayoritariamente, por el arrastre de sus partidos; en consecuencia, no deben tener derecho a formar bancadas nuevas.
Finalmente, deberían establecerse distritos uninominales. Si mantenemos el sistema actual, siempre tendremos partidos políticos débiles y un Congreso fraccionado en aproximadamente 10 bancadas. Por el contrario, si eligiéramos congresistas en circunscripciones de aproximadamente 185,000 personas— correspondientes a provincias, o distritos — podríamos tener un Congreso con 4 o 5 bancadas.
Una política más ordenada e institucional podría estar a nuestro alcance.




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