“Hacer un perfil es como armar un puzzle, pero sin la foto de referencia”, decía Leila Guerriero. ¿Cuántas piezas tiene ese rompecabezas infinito que es Marcelo Bielsa? ¿Hay manera de conocer en profundidad quién es ese setentón que camina a paso rápido, se irrita como una herida incandescente y lanza parrafadas de sabio con la mirada enterrada en el suelo?
“Hacer un perfil es como armar un puzzle, pero sin la foto de referencia”, decía Leila Guerriero. ¿Cuántas piezas tiene ese rompecabezas infinito que es Marcelo Bielsa? ¿Hay manera de conocer en profundidad quién es ese setentón que camina a paso rápido, se irrita como una herida incandescente y lanza parrafadas de sabio con la mirada enterrada en el suelo?
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Lucho Puiggrós, a quien le repelía la exacerbada argentinización de nuestro periodismo, era un bielsista de la primera hora. Cuando llegaba a la redacción de Deporte Total, siempre cargado de revistas, papeles y su erudición tan incomprendida, se le encendía el rostro cuando el rosarino era tema de conversación. Ese juego valiente, vertical e intenso que proponían sus equipos lo relacionaba con las matemáticas. “Siempre trata de armar triángulos”, repetía, con la vehemencia que solo acompaña a los conversos.
Tim dijo que se iría a la tumba sin saber por qué Cueto no dio un pase bueno en España 82. Pues yo haré lo mismo sin saber qué habría sido del fútbol peruano si Bielsa, con el título aún hirviendo de su Newell’s bajo el brazo, aceptaba la oferta de Pancho Lombardi y se convertía en el seleccionador nacional en las Eliminatorias del 93. Quizás igual no hubiésemos clasificado (Argentina y Colombia tenían señores equipazos), pero hubiese agarrado al ‘Chorri’, a Flavio y a Zegarra en sus inicios, convertido en un káiser a Reynoso y arropado mejor a Chemo. Y, de paso, habría puesto las bases para reorganizar un balompié siempre en crisis, necesitado de un liderazgo fuerte que espante a tanto dirigente mediocre.
Uruguay’s Argentine head coach Marcelo Bielsa gestures during the 2026 World Cup Group H football match between Saudi Arabia and Uruguay at the Miami Stadium in Miami Gardens on June 15, 2026. (Photo by PATRICIA DE MELO MOREIRA / AFP)
/ PATRICIA DE MELO MOREIRA
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Como tantas veces, Bielsa acaba de cerrar un ciclo en medio de un incendio. No supo encandilar a una Uruguay desde hace años carente de certezas, preocupada más en las formas que en el fondo, como justificar la existencia de las cuatro estrellas en su camiseta. Que Valverde, Suárez y Muslera, que sus métodos ya no sirven, que las charlas infinitas y sus obsesiones necias. Bielsa vive en un mundo de etcéteras. Otra vez es blanco de odios y vituperios. Da la cara, se somete a la tortura de las preguntas tontas, pero no huye. Es valiente como su fútbol.
Quizás sea hora de que revise sus métodos, intente adecuarse a un mundo que ya no es el mismo que conoció. Como ocurrió después del Bilbao, Leeds, Chile o la selección argentina, Bielsa ha muerto. Pero estoy seguro que pronto volverá a resucitar.




