La inteligencia artificial sigue siendo la principal tendencia tecnológica de los últimos años. Está en la robótica, la medicina, los smartphones, los ejércitos, las universidades, las empresas, los bancos, pero hay un espacio en el que también cada vez está más presente: en Internet y nuestra manera de navegar, de informarnos, de entretenernos o de hacer compras online. ¿Es esto lo que llaman la Web 4.0?
Y es que Internet nació en el siglo pasado. Más de 60 años después mucho ha cambiado. De ser un proyecto militar y académico, hoy mantiene al mundo mucho más comunicado, y en tiempo real.
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La Historia nos dice que hay varios nombres en la creación de lo que hoy conocemos como Internet, tanto en concepto como en su soporte tecnológico, desde J.C.R. Licklider hasta la actriz e ingeniera Hedy Lamarr (a ella le debemos el WiFi que hoy usamos para estar conectados). Además, también nos habla de ARPANET como la primera red que conectó universidades y centros de investigación, en Estados Unidos.
Ya en la última década del siglo XX se vio la creación de la World Wide Web, es decir, de la Web. En este campo aparece el nombre de Tim Berners-Lee, quien introduce el concepto de hipertexto y el primer navegador. A partir de entonces Internet, o la Web para ser más precisos, entrará en una sucesión de cambios.
¿Estamos ante una Web 4.0?
Lo primero es saber a qué nos referimos cuando hablamos de la Web 4.0. Explica Manuel Santillán, docente de la Universidad de Lima, que se trata de “una web donde el mundo digital y el mundo físico se integran de manera casi continua, con interacciones mucho más naturales y contextuales”.
Además…
La evolución de la web
Se puede decir que la Web ha pasado por tres etapas. En los 90s se hablaba de una Web 1.0, caracterizada por páginas estáticas, información unidireccional y por ser poco interactiva. Se podía notar en páginas básicas. Para el nuevo siglo se habló de la Web 2.0, en la que la interactividad, la creación de redes sociales y el contenido generado por usuarios eran las constantes. Hoy se puede decir que estamos en la etapa de la Web 3.0, con una presencia marcada de la inteligencia artificial, la descentralización, una web caracterizada por el blockchain y la semantización, es decir, la interpretación de contextos. Esto se puede ver en la creación de asistentes virtuales.
Además, la inteligencia artificial es el ingrediente principal.
Se habla de un cambio profundo. Es decir, asistimos a una nueva manera de navegar.
“Pasaríamos de ‘navegar’ pantallas a interactuar con entornos digitales inmersivos, apoyados en realidad aumentada, virtual y computación espacial”, explica el especialista. La mezcla de lo físico y lo virtual.
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Y, bueno, al comenzar el 2026 un informe de la agencia EFE señala que entre las predicciones que han dado empresas tecnológicas y de ciberseguridad está la llegada de la Web 4.0, más inteligente, intuitiva y predictiva gracias a la IA.
Así podemos ver como OpenAI, la gran dominante de la IA, lanzó el año pasado su navegador web llamado ChatGPT Atlas. Microsoft ha potenciado su navegador Edge con el asistente Copilot, Perplexity tiene a Comet, y Google añadió su Modo AI al navegador Chrome. Pero eso no parece ser suficiente.
Indica Santillán que para este año se han dado muchas predicciones “pero conviene ser prudentes”. “Lo que veremos en los próximos años es más bien una expansión gradual de estas tecnologías, no una Web 4.0 plenamente instalada. Aún hay desafíos técnicos, regulatorios y sociales importantes por resolver”, indicó.
Impacto en muchos campos
¿Qué impactos puede tener la Web 4.0? ¿Qué retos nos plantea?
Hoy ya se conoce el impacto de la web en lo económico con un sistema de criptomonedas, en el entretenimiento con las plataformas de streaming y las redes sociales, en lo académico con los avances de la inteligencia artificial. Pero todo eso en un escenario de Web 4.0 necesita un soporte.
Este reto se traduce en infraestructura para una conectividad de alta velocidad, baja latencia, que muestre capacidad de cómputo distribuido y estándares tecnológicos sólidos.

En el caso peruano, indica Santillán, el principal reto es la brecha digital. Algo que se arrastra desde los anteriores niveles de Internet.
“Hay avances, pero también limitaciones en conectividad, capacidades técnicas y acceso equitativo. El desafío es cómo prepararnos, con inversión, políticas públicas y formación digital, para no quedar rezagados en esta transición”, señala.
¿Y cómo impactará? Si bien en lo social puede promover más inclusión, también puede dar mayor aislamiento o dependencia tecnológica; puede generar nuevas posibilidades de negocio pero también concentrar poder en grandes plataformas.
Pero es en lo ético donde también aparecen riesgos. “Plantea desafíos serios: desde la protección de datos biométricos y emocionales hasta el riesgo de manipulación algorítmica y pérdida de autonomía de los usuarios”, comenta el especialista.
Tarde o temprano llegará la Web 4.0. En ese camino estamos. La pregunta es: ¿podremos estar preparados?













