El político opositor ruso Boris Nadezhdin fue inhabilitado este viernes 17 por la justicia de su país para participar en las elecciones legislativas de setiembre, y estará imposibilitado además de presentarse durante un año. La sanción también impedirá que recaude firmas para registrar una nueva candidatura.
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El político opositor tildó de “relato fantástico” el argumento judicial para descalificar su postulación y aseguró que sus partidarios están trabajando en otra recolección de firmas para presentarse nuevamente, debido a que “según las encuestas” ganará las elecciones.
“El verdadero fin de todo esto es cerrarme la boca y evitar que me presente a las elecciones de la Duma Estatal”, indicó.
Una semana antes, el líder político vetado había sido llamado “agente extranjero” por el Ministerio de Justicia ruso, definición que suele estar relacionada a presiones sustanciales por parte del gobierno.
El caso de Nadezhdin tiene notoriedad porque fue un crítico de la guerra en Ucrania, pero a diferencia de otros rostros de la oposición con posturas similares todavía no ha sido apresado o ha tenido que huir de Rusia.
El opositor al gobierno de Putin nació en Uzbekistán en tiempos de la Unión Soviética, pero creció en territorio de la actual Rusia. Primero se inclinó por las ciencias en el Instituto de Física y Tecnología de Moscú, en el que se graduó con honores en 1985, pero daría un giro llamativo en su formación tras la caída del estado comunista al estudiar derecho y gestión pública.
Identificado con la centroderecha, en los años 90 el futuro opositor a Putin se insertaría en la política como asesor de Serguéi Kiriyenko, actual miembro del Consejo de Estado Ruso. Boris Nadezhdin llegaría a la Duma hacia el final de esa década, logrando un escaño para el periodo 1999-2003 con la agrupación liberal Fuerzas de Derecha.
Nadezhdin era visto como un representante arquetípico de la “oposición tolerable o útil” a Putin por los críticos del gobierno ruso, que señalan que estas figuras son empleadas para fingir pluralidad dentro de un régimen autoritario, permitiéndoles postular y tener presencia en los medios de comunicación.

Boris Nadezhdin, opositor y aspirante presidencial. Foto: EFE
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Nadezhdin ha contribuido a esta imagen al señalar que “no es un agitador” y “no es de los que incitan a revoluciones ni a que la gente salga a la calle”, además de tener posturas ambiguas sobre temas polarizantes como la soberanía sobre Crimea.
Considerado un liberal moderado, el político se define esencialmente como un “patriota ruso”, y lo más lejos que habían llegado sus señalamientos al gobierno fueron sus objeciones a las enmiendas constitucionales que seis años atrás abrieron la puerta a un quinto mandato de Vladimir Putin.
No obstante, la habitual contención en las críticas de Nadezhdin a la gestión del presidente ruso fue abandonada tras la guerra en Ucrania, que el derechista criticó abiertamente y consideró como una decisión “muy mala”.
En medio del descontento de la población por las secuelas económicas del conflicto, el opositor presentó su candidatura presidencial con la plataforma Iniciativa Cívica e inició un proceso de recolección de firmas para ese fin en enero del 2024.
Pese a que la ley rusa exige un mínimo de 100.000 firmas distribuidas a lo largo de todo el territorio, con no más de 2.500 por región, Nadezhdin duplicó esa cifra gracias a un apoyo masivo, sobre todo de ciudadanos jóvenes.
La prensa internacional dio cuenta de que el gélido invierno del gigante país euroasiático no impidió que se formaran extensas filas de personas que buscaban darle su firma al candidato. En un país en el que la crítica a la guerra emprendida por el Kremlin es sancionada con cárcel, se interpretó que el respaldo a Nadezhdin era una manifestación de rechazo a las operaciones en Ucrania.

Nadezhdin ha criticado las consecuencias que la guerra de Ucrania ha tenido sobre Rusia. EE.UU. destaca progresos. (Foto: EFE)
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En su incipiente campaña, el aspirante a presidente ruso prometió como prioridad “detener el conflicto en Ucrania”, a la vez que afirmaba que “Putin debe irse” porque “destruyó las instituciones clave de la Rusia moderna”.
Un mes más tarde, la Comisión Electoral Central rusa rechazó la inscripción argumentando irregularidades e invalidando 9.000 firmas, una práctica habitual para desestimar candidaturas en el Kremlin. Tras años siendo visto como una ficha funcional, Nadezhdin pasó a significar un peligro, más allá de que el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, minimizara su figura señalando que “no era visto como rival” para el oficialismo.
Según la prensa europea, el reciente bloqueo a la participación política del opositor confirma la voluntad del Kremlin de mitigar cualquier perturbación a la legitimidad del régimen en un contexto difícil por la guerra. A las sanciones internacionales y bajas militares en el frente se han sumado incursiones cada vez más frecuentes de drones ucranianos contra territorio ruso.
El Centro de Estudio de la Opinión Pública, encuestadora controlada por el gobierno, dio cuenta en marzo que la confianza de la población en Putin había pasado del 81,5% al 75,5%, cifra que podría seguir descendiendo por los problemas cada vez mayores en el acceso al combustible por los ataques de Ucrania a las refinerías y la sensación de que la guerra ha comenzado a acercarse a la ciudadanía.
El descenso de seis puntos es especialmente delicado dentro del contexto ruso, pues las opiniones con respecto a la guerra están fuertemente censuradas. El uso de palabras como “guerra” o “invasión” para referirse al conflicto con los ucranianos está vetado y cualquier manifestación pública en contra de las operaciones bélicas puede llevar a penas de hasta 15 años de cárcel.

El presidente ruso Vladimir Putin visita un puesto de mando del grupo de fuerzas conjuntas, en medio del conflicto ruso-ucraniano en curso. (Handout / OFICINA DE PRENSA DE LA PRESIDENCIA RUSA / AFP)
/ HANDOUT
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Por ahora Nadezhdin ha logrado evadir las sanciones y represalias defendiendo explícitamente el uso de la vía democrática establecida por el gobierno para emprender los cambios que busca. Pese a ello, ha señalado que se le ha prohibido salir de Rusia.
La práctica de derribar postulaciones incómodas ha sido habitual en el Kremlin y lo sucedido con Boris Nadezhdin es el último capítulo de una cadena de incidentes similares.
En el 2008, el ex primer ministro Mikhail Kasyanov se sumó a una plataforma de oposición luego de que su relación con el régimen se rompiera a causa de su destitución. El antiguo funcionario intentó aprovechar que Putin no podía postular al haber llegado al límite de mandatos consecutivos, colocando a Dmitri Medvedev como su ungido.
Kasyanov presentó dos millones de firmas, pero las autoridades declararon nulo el 13% de estas en noviembre del 2009 y posteriormente la fiscalía local emprendió una causa judicial contra el candidato por corrupción durante su paso por el gobierno central. Finalmente, Medvedev se impondría con holgura en los comicios.
Algo similar sucedió en el 2012 con el escritor Eduard Limonov, uno de los líderes de las manifestaciones prodemocráticas y figura que buscaba cohesionar a la oposición más radical en una sola candidatura.
Nuevamente se empleó la Comisión Electoral Central para desestimar una propuesta electoral crítica del régimen, esta vez justificándose en la omisión de información bancaria de Limonov y en que los notarios que validaron su nominación en una asamblea ciudadana no se encontraban “físicamente” en la elección.













