miércoles, abril 8

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Cuando usted observa en las páginas de este Diario las cifras de una encuesta —ya sea la aprobación de un presidente o de otra autoridad, la percepción sobre un tema específico o, como en esta coyuntura, la intención de voto en plena campaña—, en realidad está viendo el resultado de un arduo trabajo que arrancó mucho antes. Detrás de esos porcentajes, cifras y tendencias hay un proceso riguroso y metódico que recorre miles de hogares en distintas regiones del país, puerta por puerta, a fin de recoger fielmente lo que piensan los peruanos. En el caso de El Comercio, ese pulso ciudadano lo mide Datum Internacional.

Cuando usted observa en las páginas de este Diario las cifras de una encuesta —ya sea la aprobación de un presidente o de otra autoridad, la percepción sobre un tema específico o, como en esta coyuntura, la intención de voto en plena campaña—, en realidad está viendo el resultado de un arduo trabajo que arrancó mucho antes. Detrás de esos porcentajes, cifras y tendencias hay un proceso riguroso y metódico que recorre miles de hogares en distintas regiones del país, puerta por puerta, a fin de recoger fielmente lo que piensan los peruanos. En el caso de El Comercio, ese pulso ciudadano lo mide Datum Internacional.

“Las encuestas muestran una foto del momento. Cuando tienes varias, puedes ver la tendencia. Dejas de ver una imagen estática y pasas a una en movimiento; pasas de la foto a la película. Y cuando ves la película completa, puedes identificar cuáles son los escenarios más probables. No el desenlace final, pero sí qué es lo más probable que pase”, explicó a este Diario Urpi Torrado, CEO de Datum Internacional.

El trabajo de campo lleva a los encuestadores a recorrer distintas zonas del país para recoger la opinión de la población. (Foto: Datum)

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Detrás de las cifras publicadas hay varias etapas que avanzan en simultáneo, con un despliegue que moviliza a cientos de encuestadores a lo largo del país. Se trata de un trabajo estadístico que comienza con el diseño del cuestionario y la definición de la muestra, continúa con el trabajo de campo y se prolonga hasta el levantamiento y procesamiento de la información.

Todo eso no es un proceso simple, pero es justamente ese engranaje —muchas veces invisible para el público— convierte entrevistas individuales efectivas en cifras capaces de retratar el pulso macro del país.

Tras el recorrido, llega el momento clave: escuchar y registrar lo que cada ciudadano tiene para decir. (Foto: Datum)

Tras el recorrido, llega el momento clave: escuchar y registrar lo que cada ciudadano tiene para decir. (Foto: Datum)

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Diseño del cuestionario

Antes de salir al campo a recoger el ánimo ciudadano, se elabora el cuestionario que definirá los temas a abordar y la metodología del estudio. Este es un paso clave y exige especial cuidado, pues —como explica Torrado— las preguntas deben formularse de manera objetiva y sin sesgos que orienten la respuesta en un sentido determinado. El objetivo es evitar que una pregunta influya en otra.

En el contexto electoral, Datum Internacional ha trabajado también tanto encuestas de intención de voto como simulacros de votación.

“En la pregunta de intención de voto se tiene una respuesta que es declarada; es decir, nosotros registramos lo que la gente nos dice. El simulacro, es un ejercicio que simula el proceso de elección. Ahí no hay una respuesta declarada, sino que la gente marca en la misma cédula. Entonces, ya no es lo que la gente dice que va a hacer, sino realmente qué hizo con la cédula. Esa es la gran diferencia”, refirió Torrado.

Diario Urpi Torrado, CEO de Datum Internacional. (Foto: Datum)

/ Sebastian F.

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Como parte de la metodología, en las preguntas sobre intención de voto se optó, por ejemplo, por mantener el mismo orden de candidatos de la cédula oficial —definido por sorteo de los organismos electorales— y no en orden alfabético.

En los simulacros de votación, en tanto, se entrega al encuestado una reproducción impresa de la cédula. La persona marca su elección tal y como lo haría el día de los comicios y la deposita en un ánfora, para luego hacerse el cotejo. Las cédulas se elaboraron según la circunscripción electoral correspondiente y con los partidos en competencia, tal como serían el día de la votación.

La encuesta llega hasta los hogares más alejados, donde cada respuesta forma parte del retrato nacional.

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Diseño de la muestra

En paralelo a ello, otro equipo estadístico trabaja en el diseño muestral; es decir, en la definición macro de en qué lugares del país se va a encuestar, de modo que la muestra refleje proporcionalmente la composición de la población electoral.

“El diseño muestral es como el corazón de lo que hacemos. Con una muestra representamos la opinión de todo el país. Por eso, tenemos que asegurarnos de que las encuestas se distribuyan de una manera que nos permita sostener que se trata de una muestra representativa”, comentó Torrado.

Según explicó la CEO de Datum, una muestra de 1.200 personas es estadísticamente adecuada para el Perú, en línea con estándares internacionales. A modo de referencia, en países como Estados Unidos —con una población hasta diez veces mayor— las encuestadoras trabajan, en promedio, con alrededor de 1.000 casos. No obstante, este tamaño puede ampliarse: en el último ejercicio, por ejemplo, se alcanzaron las 3.000 encuestas.

Los encuestadores aplican el cuestionario en el lugar donde vive el entrevistado, como parte del diseño muestral.

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Diseñar una muestra, sin embargo, no es simple. Primero, la cantidad de encuestas se distribuye según el peso de la población electoral de cada departamento, tomando como base el padrón elaborado por el Reniec. Por ejemplo, si un departamento concentra el 10% de los votantes, ese mismo porcentaje de encuestas se realiza en ese territorio.

Tras la distribución por regiones, se sortean las provincias dentro de cada departamento, luego se definen los distritos y, finalmente, las zonas específicas de trabajo a partir de los mapas censales del INEI.

“Un departamento puede tener 13 provincias y vamos, por ejemplo, a cinco. Pero no elegimos cuál nos conviene, cuál está más cerca o donde el pasaje es más barato. Vamos a la que salió sorteada. Eso es al azar. Puede ser la más cercana o la más lejana”, sostuvo.

Todo ello se realiza asegurando variables clave como sexo, edad, nivel socioeconómico y zona urbana o rural, replicando la estructura real del país.

“No solamente se define la cantidad de encuestas de acuerdo a la población de cada región, sino también la estructura de la población representada en la muestra. Si hay 50% hombres y 50% mujeres, se hacen, por ejemplo, 1.500 hombres y 1.500 mujeres”, comentó Torrado.

“A veces, en campo, ocurre que se encuentran más personas de un grupo, por ejemplo mujeres. Pero, una vez completada esa cuota, ya no se realizan más encuestas en ese segmento. Se continúa el recorrido —incluso en otros horarios— hasta cubrir la estructura de la población, según sexo, edad, nivel socioeconómico y zonas urbana y rural”, agregó.

Trabajo de campo

Definidas las áreas de trabajo, entra en escena la labor del encuestador —que previamente pasó por un largo proceso de selección—. Ya en campo, el recorrido sigue reglas previamente establecidas. Cada encuestador recibe una zona específica y, a partir de allí, el avance responde a criterios aleatorios: en algunos casos se tocan puertas pares, en otros impares, siempre con el objetivo de asegurar la selección al azar de las viviendas encuestadas.

Al tocar la puerta, el encuestador designado se identifica como parte de Datum Internacional y presenta sus credenciales. Luego, consulta si en la vivienda hay una persona entre 18 y 70 años —rango de voto obligatorio— y si esta acudirá a sufragar.

La información recogida en campo es procesada y analizada por equipos especializados antes de convertirse en resultados.

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Solo entonces se le invita a participar en la encuesta. Si no cumple con esos criterios, el recorrido continúa. Es un trabajo minucioso, puerta por puerta. Incluso, una vez realizada la encuesta, el encuestador debe dejar —según la zona— entre tres y cinco viviendas antes de continuar su labor, a fin de evitar de que las respuestas estén concentradas.

En esa primera línea, los encuestadores también enfrentan diversas situaciones. No es inusual que algunos ciudadanos desconfíen y verifiquen la información llamando a la central de la empresa encuestadora. En otros casos, son intervenidos por autoridades locales como el serenazgo o, en zonas rurales, las rondas campesinas. En alguna ocasión, las condiciones geográficas fueron tan exigentes que el trabajo requirió medidas adicionales. “En la selva hemos tenido que ir incluso con vacuna antiofídica, por la distancia al hospital más cercano”, recordó Torrado.

Mientras el trabajo de campo está en marcha, el equipo de control de calidad monitorea todo el proceso. Su labor —que se efectúa en tiempo real— se centra en dos aspectos esencialmente.

Por un lado, mediante un software se registra en tiempo real la ubicación GPS del encuestador, lo que permite verificar desde dónde se levanta la información. Por otro, se graban de manera aleatoria algunos tramos en audio del proceso de la encuesta, a fin de asegurar que se realice correctamente y conforme a los estándares establecidos.

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