viernes, marzo 27

Hay varios aspectos en “Proyecto fin del mundo” que delatan sus grandes ambiciones: su renuncia a las pantallas verdes como forma de recrear escenarios enteramente digitales; la inclusión de marionetas robóticas en vez de figurines hechos a punta de píxeles; o incluso la incorporación en su elenco de una actriz como la alemana Sandra Hüller, proveniente más bien del círculo europeo y del cine de autor (este debe ser su primer trabajo para un gran estudio de Hollywood).

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Desde luego, no hay nada de malo en esas grandes aspiraciones. Pero comparadas la expectativa y el resultado, la cinta dirigida por Phil Lord y Christopher Miller termina sabiendo a poco; o por lo menos luciendo mucho menos profunda, compleja o audaz de lo que prometían su premisa y su aparato publicitario. Tal vez el principal defecto de la película es la forma en que se ha venido anunciando, y el sobredimensionamiento de una historia que es más bien ligera y sin pretensiones. Aparentar otra cosa termina haciéndole daño.

Protagonizada por Ryan Gosling, la cinta cuenta la historia de un científico que despierta de un coma inducido dentro de una nave espacial. Sus dos compañeros de tripulación ya están muertos, así que Ryland (ese es su nombre) va descubriendo de a poco, recordando por partes, que su misión es atajar una extraña sustancia que parece estar provocando la extinción del Sol y, con ello, de toda la vida en la Tierra.

Narrada prácticamente en su totalidad en tono de comedia, “Proyecto fin del mundo” ironiza con la soledad de su protagonista: perdido en el espacio, deambulando entre los fríos interiores de su nave, intentando encontrar detalles que reactiven su memoria. El carismático Gosling ejerce un correcto trabajo en ese sentido, y la gracia de la cinta aumenta cuando, de pronto, el personaje consigue entablar contacto con un alienígena tan aislado como él: la dinámica entre estos seres extraños, que se las ingenian para comunicarse, es de lo más divertido de la cinta

En paralelo, el guion va revelando lentamente las razones de la expedición. Lo hace a través de ‘flashbacks’ (aquí es donde aparece Hüller, como la implacable jefa de la misión), que si bien al principio guardan cierta intriga e interés, terminan alargándose (le sobran por lo menos 30 minutos, valgan verdades), diluyéndose en sus idas y vueltas, y perdiendo peso frente a la narración central.

Aquí es cuando entendemos que la película de Lord y Miller es, en esencia, un producto comercial correctamente confeccionado, pero no un relato que nos confronte con algo superior. No tiene, desde luego, ni las inquietudes filosóficas del “2001” de Kubrick ni la emotiva introspección del “Solaris” de Tarkovsky; pero tampoco llega a mostrar la inventiva de cintas más recientes como “Moon” (Duncan Jones, 2009) o “The Martian” (Ridley Scott, 2017), que confirman que el subgénero espacial tiene muchísimo por ofrecernos.

“Proyecto fin del mundo”

Reparto: Ryan Gosling, Sandra Hüller, James Ortiz.

Directores: Phil Lord y Christopher Miller. País y año: Estados Unidos, 2026.

Dónde verla: en salas de cine.

Puntaje: 3 de 5.

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